Fernando Bracco llegó a las oficinas del Diario Financiero con un robot humanoide de Unitree, la empresa china que salió a bolsa en agosto. Mientras se preparaba el estudio para contar la historia de SK Godelius, la firma de robótica que fundó hace 15 años, este ejemplar chino se paseó por las oficinas saludando y tirando besos.
Hace algunos años un operador minero salió a buscar por el mundo a alguien capaz de construirle un vehículo que navegara solo por el desierto de Arabia Saudita, sin GPS, que reaccionara frente a una roca que no estaba mapeada y que perforara y sacara muestras sin que se contaminaran entre ellas. Llegó a Godelius, la firma de Bracco, y el desarrollo tomó cerca de dos años y medio.
Ese proyecto los puso en la mira de la NASA y de otras agencias espaciales, que empezaron a convocar talleres para cruzar a las empresas de tecnología espacial con las de tecnología minera. Godelius fue invitada y es por eso que su nueva operación en Estados Unidos tiene hoy uno de sus ejes en minería espacial. Incluso, cuenta Bracco, la empresa explora instalar un cable eléctrico en la Luna.
“Está claro que hay una nueva carrera espacial”, dice. “Y una novedad principalísima de esta nueva carrera espacial es que se van a instalar bases permanentes en la Luna”. Como no es realista pensar que esas bases sean abastecidas desde la Tierra, dice, el hábitat, el oxígeno, el agua y el hidrógeno como combustible van a salir de la Luna misma. “Y eso tiene una traducción inmediata: va a haber minería en la Luna”.
- ¿Crees que en el futuro próximo la minería va a empezar a irse al espacio?
- Yo creo que la industria vinculada con la minería espacial no es ni siquiera en el futuro, es hoy. Los lanzamientos, la geología, o el equivalente a la geología en la Luna, el procesamiento, la perforación. Cada uno de esos asuntos está en este instante siendo trabajado con distintos actores de esta nueva tribu que se está gestando. La pregunta que no es obvia es quiénes son los candidatos a jugar ahí: aquellos que han participado en la minería terrestre con cierta impronta tecnológica y que a su vez tienen decisiones de ingeniería directas vinculadas con el espacio.
Minería de hielo
Hay más de una línea de trabajo sobre qué va a ser la minería lunar inicial, pero la que Bracco dice que será probablemente la primera es la minería de hielo. Por muchos años se pensó que la Luna no tenía agua -explica-, porque de haberla tenido se habría sublimado, convertido en gas. Pero en las últimas décadas se detectó hielo en cráteres cerca de los polos, sobre todo en el polo sur lunar, que por su geometría nunca reciben sol. Cráteres de sombra permanente, con hielo que lleva ahí 4 mil millones de años.
“Hay que imaginar llegar al cráter, tener energía suficiente, tener una suerte de vehículo que sea capaz de entrar en ese cráter, minar ese hielo”, explica. “Y adviértase que el oxígeno es el agua, es el hidrógeno, nada menos. Si uno piensa en una población de algunas miles de personas en los próximos 10 años, es el paso principal”.
La otra línea es el regolito, el polvillo que cubre la Luna, que se usaría para construcciones y caminos. Y ahí, en esa explicación, Bracco cuenta que Godelius está hoy involucrado en algo que tiene que ver con la instalación de un cable eléctrico en la Luna. “Todavía es un poco temprano para darlo como un proyecto en marcha, pero es una oportunidad que estamos explorando”, dice.
Lo que hizo viable todo esto, asegura, es el precio de poner masa en órbita. El primer gran logro de SpaceX y de los otros jugadores fueron los satélites de baja altura, con Starlink como el ejemplo más evidente, y la consecuencia más visible de eso está en los lanzamientos. Hace unas décadas había que pensar en el orden de US$ 1 millón por kilogramo. Hace pocos años se cruzó el umbral de los US$ 100 mil o menos, y la tendencia apunta a un décimo de eso. “Vuelve viables iniciativas completamente distintas a las que había hasta hace poco”, asegura.
De ahí saca su conclusión para Chile. “El hecho de que Chile sea un país eminentemente minero y que haya una minería espacial emergente vuelve obvio que Chile debiera estar participando en esta emergente industria”.
Hoy, asegura, el Instituto de Ingenieros de Minas tiene un capítulo de minería espacial “y hay mucha gente trabajando muy seriamente en el asunto. La propia Fuerza Aérea está trabajando con el Centro Espacial en temas vinculados con satélites. Se está creando de a poco un ecosistema, particularmente en el mundo minero. Y agrego lo de minería lunar porque la veo de razonablemente corto plazo, pero hoy en el mundo hay gente trabajando en minería de asteroides”.
-¿Corre peligro, por ejemplo, el cobre chileno con un auge de la minería espacial?
-No. No creo que en el futuro pronosticable eso sea así. Más bien diría que todos estos procesos parecen acentuar la demanda de cobre en particular.
El robot de la sala
En la Tierra, mientras tanto, Godelius entrena robots humanoides y opera perros robóticos y otras plataformas móviles en faenas mineras. Lo nuevo, dice Bracco, no es el robot sino el ambiente. Hace décadas que hay robots en las líneas de ensamblaje, encerrados en una jaula y con movimientos preprogramados. “La novedad es que empiezo a decirle al robot algo que se parece más a darle objetivos, y dependiendo del ambiente hay una cierta delegación de inteligencia”.
- ¿En cuántos años crees que vamos a tener robots en las casas?
- Si un robot humanoide como el que tenemos en esta sala hoy va a formar parte de lo cotidiano en dos años o en cinco, no lo sabemos. ¿Va a ser una transición gradual o va a ser repentino? No lo sabemos. ¿Va a haber primero una gran cantidad de estos robots en el mundo industrial y recién después en las casas, o en las clínicas y los hospitales? Tampoco lo sabemos.
Donde sí ve replicabilidad a gran escala hoy es en inspección. Un robot que recorre una correa transportadora en una mina y detecta anomalías de temperatura, ruido o vibración. “Eso es viable ahora. Y no era viable hasta hace poco tiempo”.
Un homenaje a Gödel
Bracco es uruguayo. Antes de Godelius presidió Antel, el principal operador de telecomunicaciones de su país, y llegó a Chile invitado por el grupo Coasin, donde fue gerente general de Sidus Mining. Fundó Godelius en 2011, a los 50 años y con cuatro hijos, junto a colegas de ingeniería, varios chilenos y un amigo uruguayo.
El nombre es un homenaje. “Yo tengo un pasado de profesor de matemáticas en la universidad y hay un lógico matemático, Gödel, que básicamente demostró una serie de teoremas que me fascinaban en mi adolescencia”, cuenta. Los teoremas de incompletitud de 1931 cerraron la búsqueda de un sistema donde toda proposición verdadera fuera demostrable. “Me parece completamente fascinante que alguien pueda demostrar que hay cosas verdaderas que no son demostrables”.
No tenían recursos personales, así que buscaron un socio estratégico. La conversación con Sigdo Koppers empezó a los pocos meses y en mayo de 2012 el acuerdo estaba formalizado.
- En menos de un año que llevaban de vida firman este deal con Sigdo Koppers, con un porcentaje muy mayoritario. ¿No sentiste que ibas a perder un poquito de libertad?
- O sea, en absoluto. La afinidad estratégica ha sido completa.
- Y tampoco pensaste que esto quizás valía más.
- Tampoco. En absoluto. Es de esas relaciones que es inmejorable.
El primer proyecto emblemático fue en 2012, en Chuquicamata. Según cuenta Bracco, la gente de Codelco dice que esa fue la primera pala del mundo intervenida de ese modo. Después vinieron la manipulación de explosivos junto a Enaex, otra empresa del grupo, puentes de puertos en SQM, buzones en la minería subterránea de El Teniente y proyectos en el Observatorio Paranal. La empresa tardó cerca de cinco años en vivir de su propia caja y el equipo permanente pasó de 20 a 40 personas en los últimos 12 meses.
“Existe la percepción de que es difícil de imaginar un mejor momento para la posición actual de Godelius. AI, robótica y minería, cualesquiera de los tres aparecen en un momento excepcionalmente luminoso”, dice.
Quitarse el provincianismo
A 10 años, Bracco se imagina a Godelius con participación directa en minería espacial. “Puede sonar un poquito exagerada la ambición, como que se les va un poco la mano en esta creencia de que podemos jugar en algunas ligas que suelen estar asociadas con el mundo desarrollado solo. Bueno, la creencia es que hay que jugar en esas ligas”.
“Si hay algo que hay que quitarse de la cabeza es el provincianismo”, dice. “No hay que decir ‘bueno, vamos a tener un papel completamente marginal’ y capaz que logramos que una tuerca nuestra esté en la Luna”.
- ¿Te gustaría ir al espacio?
- Me gustaría, sin dudas.
- ¿Crees que vas a hacerlo?
- Poco probable, desde el punto de vista de la trayectoria vital. Pero diría que sí, claramente me gustaría.