En enero, cuando la legaltech Magnar sumó al estudio de abogados Carey como uno de sus inversionistas, su fundador y CEO, Andrés Arellano, decía a DF MAS que no estaban buscando levantar capital y que tampoco querían hacerlo después. La startup acababa de recibir US$ 500 mil del estudio de abogados más grande de Chile y la idea era seguir creciendo con un equipo pequeño.
Pero ahora, ocho meses después, Magnar acaba de cerrar una ronda Serie A por US$ 8 millones. “La misma tracción y el crecimiento y la buena recepción que hemos tenido por la industria”, dice Arellano, fue lo que los hizo cambiar de opinión en mayo y los convenció de salir a buscar capital para acelerar su expansión en Latinoamérica.
A principio de año estaban en Chile, Perú y Colombia y ahora sumaron Argentina, Uruguay, Ecuador, Costa Rica, Brasil y México.
Magnar como plataforma también cambió. Antes era sólo un asistente de inteligencia artificial capaz de investigar jurisprudencia, analizar expedientes y redactar documentos. Ahora tiene un “comportamiento agéntico”: además de responder preguntas, puede conectarse con las herramientas que utilizan diariamente los abogados, se integra con Outlook y Gmail, tiene firma electrónica, gestión documental y una aplicación para iOS y Windows.
Además, las cosas también cambiaron con la entrada de Carey: La inversión del estudio chileno hizo ruido entre los bufetes de la región y otros comenzaron a acercarse a Magnar para buscar hacer lo mismo.
“A nosotros nos sirve tener relación con clientes estratégicos y prestigiosos, podemos aprender de ellos y para ellos viceversa: pueden estar cerca de un actor que está en la vanguardia del desarrollo de tecnología en inteligencia artificial legal”, explica Arellano.
En abril, durante las primeras visitas de Magnar a Argentina, comenzó un piloto con Beccar Varela, el segundo estudio más grande de ese país. Primero probaron la plataforma y unos meses después los sumaron como inversionistas. En Perú lo mismo: socios de Estudio Muñiz, el más grande allá y también cliente de Magnar, invirtieron. Ahora la startup está en conversaciones con estudios de Colombia, Brasil, México y Ecuador para ampliar esa red regional de estudios inversionistas.
Al mes siguiente Arellano empezó a llamar a los inversionistas que antes se les habían acercado y él había rechazado. La primera semana de junio recibió los llamados de vuelta de los interesados y el 15 de ese mes viajó por una semana a San Francisco con el único objetivo de reunirse con fondos VC para cerrar la Serie A: “Fui una semana a hacer la ronda”, cuenta.
El primero que se acercó fue 6 Degrees Capital, un fondo británico especializado en IA, SaaS y fintech. Las conversaciones empezaron sólo días antes del viaje y avanzaron en el acuerdo mientras Arellano estaba en San Francisco para que el fondo terminara liderando la ronda. En paralelo, se sumaron y los chileno FEN Ventures y Platanus y los mexicanos Hi Ventures y Nascent VC. Todo pasó en tres semanas, a comienzos de julio Magnar tenía listos los US$ 8 millones.
Con la ronda, Magnar tuvo que reorganizar su estructura societaria y crear un holding en Delaware, Estados Unidos, del que dependen la empresa chilena y las sociedades que vaya creando en Latinoamérica. Al nuevo board se sumaron Thomas Olszewski, de 6 Degrees Capital, y Jimena Pardo, partner de Hi Ventures. El control, eso sí, se mantiene en manos de sus tres fundadores: Andrés Arellano, Nicolás López y Andrés Rodríguez.
En paralelo, Magnar siguió creciendo. Hoy, según Arellano, supera los US$ 4 millones de ARR, tiene unos 400 clientes entre estudios de abogados y empresas y cerca de 40 mil usuarios activos mensuales.
También creció el equipo: pasaron de tener cinco personas a principio de año, a más de 20, con trabajadores en Brasil, Colombia y Argentina. La idea es mantener en Santiago el equipo principal y construir áreas comerciales en cada mercado. Además, tienen 40 personas externalizadas entre abogados e ingenieros dedicados a recopilar y procesar información jurídica.
Los US$ 8 millones se usarán para tres cosas: acelerar comercialmente la entrada a nuevos mercados, construir equipos locales y aumentar la inversión en ingeniería y procesamiento de la información.