José Antonio Kast no aplaude cuando Javier Milei profiere su “el mejor antídoto contra estos zurdos mugrosos negadores de la realidad son los datos”. Sí lo hace en otros pasajes del discurso. Mientras sus vecinos de asiento en la tercera fila del ala derecha mirando al escenario baten palmas, él se queda quieto. También celebran en primera fila, donde se mezclan otros parlamentarios del Partido Republicano, del Nacional Libertario, y empresarios como Nicolás Ibáñez, quien más avanzada la jornada recibirá reconocimientos de otros panelistas. Aclaración: estamos hablando de José Antonio Kast Adriasola, el primogénito. El Presidente a esa hora no había llegado.
Milei lleva casi 26 minutos desgranando imprecaciones contra la izquierda: “ladrones”, “mienten, tergiversan, manipulan”. En el minuto tres fue lo de “tras el derrocamiento del comunista Allende, Chile entró en un período de estabilidad y crecimiento”. La población asistente lo ha recibido como si acabase de conquistar Constantinopla. “¡Grande, León!” “¡Sos lo máximo!” y otros vítores se oyen a las 10:06 cuando sube al podio, con una hora de retraso respecto al programa.
En el equivalente a la Cancha Vip de uno de los salones del Centro de Eventos CasaPiedra, en San Carlos de Apoquindo, la euforia se devora el inicio del Quinto Encuentro Regional del Foro Madrid. Nadie ahí prevé ni calibra que el trasandino será la primera visita en traerle problemas al dueño de casa.
Cuando llega a lo de “zurdos mugrosos” Kast Adriasola observa en silencio. No sonríe. Unas tres horas después, en uno de los intermedios, dirá que “a mí un concepto que me gustó mucho es más sucio que una papa, más encima es bien agrícola, creo que lo podría usar”. El mote saca risas en el público; Milei lo usa para repasar a “Pedrito”, es decir, el gobernante español Pedro Sánchez.
“Los argentinos, los españoles, los italianos, son bastante más sanguíneos que los chilenos. Nosotros somos bastante más parcos, más tímidos”, agrega.
El mandatario también habría presenciado en vivo el discurso de Milei si no fuera porque en la víspera decidió cambiar abruptamente su agenda. El programa original publicado y enviado por los organizadores -nada de “borradores”- tenía al chileno abriendo a las 08.45 y al argentino inmediatamente después de él, a las 09:20.
Cuando los dichos del visitante decantan, a uno que a otro de los asistentes le hace sentido que el jefe de Estado se reservara el discurso de cierre, pasadas las 17:00. Y además se ahorra comparaciones inmediatas porque el lado del porteño, el suyo es moderado, casi blando: “A mí no me eligieron para derrotar a la izquierda. No, me eligieron para enfrentar el crimen organizado, para enfrentar la pobreza, para enfrentar la corrupción, para enfrentar el desempleo”. Se encargó de aclarar que ya no venía como candidato, sino que como mandatario.
Está por verse cuán enredado será para la relación Gobierno-oposición el lío que los palabrones de Milei dejaron en Santiago. Más delicados se ven los coletazos en política exterior y la situación en que queda el Canciller Francisco Pérez Mackenna luego de tanto enredo por el Estrecho de Magallanes, dudas pendientes en lo de Malvinas y el flanco que se abrió esa misma tarde con el embajador norteamericano Brandon Judd, quien expuso en el penúltimo panel del encuentro.
Nada de eso es prioritario durante las casi ocho horas que duró la cumbre. En Las Condes los temas son la libertad, la batalla cultural, la contienda contra la izquierda y llamados a la unidad. Entre el millar y medio de asistentes reportados por la organización se mezclan voces españolas, estadounidenses, hondureñas, venezolanas y de otros rincones.
El reloj no llega a las 09:30. Todavía es muy temprano para preguntar por la gran ausente: la “derechita cobarde”.
¿Derechita co… cuánto?
El tema lo trae Kast Adriasola a raíz de la frase patentada por Santiago Abascal el 2019 y que después republicanos y libertarios la copiaron para injuriar a piñeristas y Chile Vamos: “A mí las etiquetas no me van ni me vienen. Me baso más en los hechos y en las acciones de las personas. Entonces, a mí me pueden decir de ultraderecha, pero veo lo que hago, lo que digo, y no soy de ultraderecha. Entonces, ¿para qué me voy a molestar? Al que le quepa el sombrero, que se lo ponga”.
Que a algunos les incomode lo de ultraderecha le causa algo de gracia a otros al sopesar todo lo que dice Milei. En este foro convocado por la Fundación Disenso, brazo del partido español Vox, se cruzan subconjuntos. Por un lado, casi toda la bancada de diputados del PNL y el líder del partido, Johannes Kaiser. En ese grupo también figura la exsubsecretaria de Prevención del Delito Ana Victoria Quintana -removida después de la caída de su amiga, la exministra Trinidad Steinert- y Carolina Cotapos, antes UDI químicamente pura por décadas, exconcejal por Las Condes. Ambas se retiran con el exaspirante a la tricolor y esposa, Ivette Avaria, pasadas las 13:00.
De Kaiser -quien al igual que Kast, firmó la “Carta de Madrid”, manifiesto fundacional del colectivo- circuló en los días previos el rumor que no lo habrían convidado a exponer. “Si el Presidente de la República expone, no vas a colocar a un miembro de algo que puede ser una oposición amigable, pero sigue siendo no necesariamente parte del Gobierno, o un competidor”, explica. “Entendemos las necesidades del protocolo y de la diplomacia también”.
Salvo el jefe del Partido Republicano, Arturo Squella, sus diputados también van en masa. Cuando Milei termina cruzan comentarios y al día siguiente algunos de ellos saldrán a retrucar por redes sociales las críticas opositoras a lo de Allende y de “zurdos mugrosos”.
Chile Vamos acá no existe. O sea, que hayan asistido tres -hasta donde se sabe- militantes de partidos asociados a esa coalición (que ya nadie sabe si sigue viva o no) no significa que los representen. El exjefe RN Carlos Larraín llega temprano y se instala en la cuarta fila para ver lo de Milei. Su vecino del asiento a su izquierda le muestra su celular y se queja por el titular en que Alfredo Moreno cuestiona el cometido de Pérez Mackenna: “Si yo fuera el canciller, preferiría que no fuera” (Kast al Foro).
Luego se le acerca un par de jóvenes con cara de haber sido lactantes para la época de Piñera I: “Don Carlos, yo le edité su Wikipedia”. Él les agradece.
Después él criticará a cuadros de su partido que -según él- atornillan al revés para que no le vaya bien al Gobierno. Ni un misterio: apoyó en campaña a Kast y se juntó a almorzar con él al menos una vez cuando era candidato.
Los otros dos son los diputados RN Francisco Orrego y el UDI Ricardo Neumann, que participaron en el panel “El punto de inflexión chileno - restaurando la libertad y la soberanía”. El primero después dirá en CNN Chile que le gusta el estilo de Milei. “Zurdo mugroso”, acota, “insulto tampoco es, tampoco es que le haya sacado la madre, es un calificativo que puede ser bastante despectivo, pero insulto…” Orrego es de los que hace unos tres años, cuando pretendía presidir su partido, subrayaba que “al militante común y corriente le molesta mucho esa derechita cobarde”.
La tecla de Neumann es otra: “Gran parte de mi vida laboral la he trabajado en la Fundación para el Progreso, que se creó para dar la batalla cultural” y desde la tarima saluda a Ibáñez. Argumenta que “no peleamos contra la Concertación en los ‘90; no nos tocó la política de los acuerdos. Peleamos con lo que se convirtió en el Frente Amplio en las asambleas universitarias”. Y que en la Convención 1 “éramos pocos, no teníamos ni siquiera un tercio. No podíamos darnos el lujo de andar diciendo “¡Uy, que Chile Vamos va o no va al Foro Madrid!”.
Por eso es que luego remata con “en estados de necesidad máxima, como fue la Convención Constitucional, no había una derechita cobarde y una derechita valiente. Estaba la derecha resistiendo los ideales y principios”. La veintiúnica mención a la frase en todo el encuentro, aunque dicha de otro modo, saca aplausos.
Nadie más la nombra. Llama la atención que tampoco lo haga en otro de los paneles el eurodiputado Vox Hermann Tertsch, que la ha usado varias veces para acusar a las derechas de otros países. Pero esta tarde en Las Condes lo más lejos que llega es a denunciar que en otros países los “partidos de centroderecha” le han tendido una alfombra roja al socialismo.
¿Probó Milei los supuestos temores palaciegos de que este foro le desordenara aún más el naipe al Gobierno? ¿Se intentó “descafeinar” el Foro? Le preguntamos al círculo organizador del evento si se tomaron precauciones o si se le pidió expresamente al resto de los “ponentes” o expositores que no se entrometieran también en política interna y no le echaran más nafta a la pira. Nos conocemos hace años, hay confianza, ellos entienden, contestaron.
Canciller: ¿Interpelado antes de fin de mes?
Hacia el final de la tarde se configura el cuadro. No son -parece- las reyertas entre las derechas las que al final le provocan líos al Gobierno. Es el flanco de las relaciones internacionales: dos autoridades metiéndose en política interna.
Terminado y aplaudido de nuevo en Las Condes luego de soltar todos sus dichos que han traído cola, como ya sabemos, Milei vuela a La Moneda para esa breve cita con Kast. Menos de 40 minutos de trabajo efectivos y muchos menos los dos a solas y sin sus equipos. Unas fotos, ni una palabra adicional y a volar de vuelta a Buenos Aires para esa cadena nacional por las Malvinas.
El otro es el embajador Brandon Judd. Cuando lo dice en el quinto panel “El nuevo papel de Estados Unidos en Iberoamérica” no se notan mayores reacciones, la audiencia está como impávida. A esa hora (pasadas las 16:30) la sala está todavía medio despoblada. Recién un rato después volverá a ocuparse a la espera de la llegada de Kast.
Es después cuando levanta alertas su frase -hubo otras- “La ‘doctrina Donroe’ es diferente en cada país, y cada embajador está empoderado para implementarla según calce en cada nación. Lo genial de esto es que, cuando tenemos administraciones como la del Presidente Kast, se convierte en algo muy fácil“.
Lo dice, así como si nada y muy relajado, menos de una hora antes de que el mandatario pronuncie su discurso de cierre. Kast se quedará hasta bien pasadas las 19:00 sacándose fotos con una fila de asistentes que hacen turno, mientras a unos metros del salón custodian cuatro efectivos del Grupo de Operaciones Especial Policiales (GOPE) de Carabineros, armados con subfusiles.
Todos estos flecos, el rol de EEUU, los asuntos con Argentina -incluyendo las posibles derivadas da la recién anunciada ruta comercial Punta Arenas-Islas Malvinas- le rebotan a la mañana siguiente, viernes, al canciller Pérez Mackenna durante una entrevista en T13 Radio. Queda dando vueltas su respuesta a la cuestión que cae de cajón después de los dichos de Judd: “Es que yo no sé qué significa que Chile acepte la ‘política Donroe’. No tenemos ninguna declaración en el sentido de aceptar ese tipo de cosas. Lo que tenemos son conversaciones específicas respecto de proyectos que estamos analizando en forma conjunta”.
También queda dando botes el broche que se le está intentando dar al asunto austral con Buenos Aires. Como de la cita Kast-Milei sólo salió una declaración conjunta, llamó la atención que el tema de fondo del Estrecho de Magallanes se mencionase recién en el párrafo ocho de 11. Y que el noveno incluyese la frase “el Presidente Kast reiteró el respaldo del Gobierno de Chile a los legítimos derechos de soberanía de la República Argentina sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes”.
Pérez insistió el viernes en el fraseo habitual: que ese mismo texto lo han repetido desde 1992 y que desde entonces “no ha cambiado en nada”. Pero lo que le consultaron es precisamente la inquietud -y reparo- que se le hizo a poco de asumir, después de la primera visita con Kast a Argentina, y que esa vez se cerró con un comunicado conjunto con la misma frase: que por qué no se ha recalibrado eso después de tanto tumbo con los vecinos.
Entre algunos antecesores suyos en la Cancillería este cuadro es visto con preocupación. El ministro podría enfrentar luego una interpelación en la Cámara, para lo cual los diputados opositores necesitan reunir 52 firmas. Hay diagnósticos en el Legislativo que apuntan a que lo lograrán, y que -sumando, restando y calculando plazos, normas y otros factores- después de Fiestas Patrias y antes de que termine septiembre, Pérez Mackenna podría ser el primero de este gabinete en comparecer ante esta instancia.