Fue Bonvallet. Debe haber sido hacia 1995-96; este mito es cierto. Entre todos los futbolistas, dirigentes y otras figuras a las que repasó al aire durante su carrera inventándoles apodos, un día el locutor y entonces director deportivo de Radio Nacional las agarró con un peso pesado cuyo look e influencias le ofrecían pretexto. Le dio y le dio tanto, que el mote quedó. El Conde Negro.
Quizá el comentarista no lo haya dicho con nombre y apellido; sus contemporáneos recuerdan diversos detalles. Uno de sus biógrafos, Cristián Arcos (Descubriendo la Historia del Gurú, 2016) dice que como le contabilizó a lo largo de su vida 51 querellas en contra -la mayoría por injurias-, en algún momento Eduardo Bonvallet se cuidaba y largaba los sobrenombres no más. Pero todos sabían que se refería al abogado Darío Guillermo Calderón González (79). En rigor, la ocurrencia fue a medias: le decían “El Negro” cuando era estudiante.
En los ‘90 ya era famoso por su telaraña de contactos e influencias que iban mucho más allá de la ANFP que había vicepresidido y que con el tiempo alcanzó a abogados, jueces desde ministros de la Corte Suprema para abajo, empresarios chilenos y españoles, grupos económicos, masones, la colonia palestina, políticos de todos los colores y un saturado crisol que en su mejor minuto de gloria llegaba desde el Presidente Ricardo Lagos hasta Julio César Ponce Lerou, su amigo de décadas.
La leyenda dice que cuando Bonvallet entró a La Red le insinuaron que no podía seguir mosqueando al Conde y que les fue mal. La cosa es que a Darío Calderón, formado en el Instituto Nacional y Derecho de la Universidad de Chile, lobista, miembro de la Logia N°9 Cóndor de la Masonería y en algún momento radical, el mote lo persigue hasta hoy. Y volvió a salir a flote cuando se supo que el jueves 20 de agosto le incautaron el celular y le abrieron sus cuentas corrientes. El Ministerio Público investiga delitos de fraude al Fisco, cohecho, lavado de activos y otros como parte de una eventual trama de corrupción en licitaciones de programas de alimentación escolar.
El caso partió de una denuncia presentada en mayo por el entonces nuevo director de la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (Junaeb), Fernando Peña (Republicano). Explicó que fue a raíz de sospechas por licitaciones del Programa de Alimentación Escolar (PAE) concretadas durante el Gobierno anterior.
El trabajo de la fiscal de Alta Complejidad Oriente, Constanza Encina, y su equipo se centró en uno de los proveedores, la firma Soser S.A. Entre los antecedentes que han trascendido y que se investigan como presuntas irregularidades se han mencionado raciones infladas, certificados falsificados para justificar pagos, registros adulterados en los sistemas de Junaeb, y distribución de comida contaminada.
Todo esto como parte de un sistema eventualmente orientado a favorecer a la empresa en licitaciones. Para eso, sospecharía el Ministerio Público, se habría buscado influir en procesos administrativos, acceder a información reservada y sobornar a funcionarios públicos.
La presunta trama de corrupción que se pesquisa involucra a varios funcionarios de Junaeb de la administración pasada, comenzado por la antecesora de Peña, Camila Rubio. Luego, el ex jefe del Departamento de Alimentación, Claudio Alcatruz; el ex jefe jurídico, Alejandro Layseca; el ex jefe del Departamento de Alimentación Estudiantil, Francisco Pizarro, y otros exfiscalizadores. Eso, además de los senadores Sergio Gahona (UDI), Miguel Ángel Calisto (IND), el exdiputado PC Hugo Gutiérrez y otros involucrados.
El jueves 20 se ejecutaron numerosas diligencias intrusivas al unísono y en varias ciudades. Dados los delitos investigados se procedió a incautar teléfonos, computadores, discos duros, antecedentes bancarios, además de las cuentas.
La causa está bajo reserva por al menos seis meses y por tanto se desconoce por qué delito se investiga a Darío Calderón y al resto, y si es que están imputados o no. Ninguno de ellos puede acceder a la carpeta investigativa. Sí se sabe que él presidió hasta julio de 2024 NutreChile, gremio de las empresas proveedoras de Junaeb. Renunció alegando en una carta que la cohesión interna ”no se ha logrado”.
Primer revés
“No tengo nada que ocultar. Pueden registrar mis cuentas corrientes, absolutamente todo lo que quieran. Y así se lo hice saber, y estoy ofreciéndoselo la fiscalía a cargo de la investigación”, dijo a Canal 13 -no mandó el video hecho, habló con ellos- cuando uno de sus equipos fue a buscarle a sus oficinas del tercer piso del edificio Alonso, en Vitacura. Un piso más arriba estuvo antes la de Luis Hermosilla, donde hace poco más de tres años Leonarda Villalobos grabó esa atómica hora y tanto junto a él y Daniel Sauer; en los últimos minutos lo descueraron en ausencia.
Como también se sabe, el edificio fue obra del Grupo Patio, que Calderón presidió entre 2014 y abril de 2023 y de cuyo patriarca, Sergio Jalaff Escándar, fue muy amigo, asesor y -como con tantos otros hombres de negocios- una suerte de consigliere.
El “nada que ocultar” es lo único que ha dicho hasta ahora. Contactado para este texto, declinó participar. En el caso Junaeb lo representa el penalista Samuel Donoso, conocido por defender -entre otros- al exPresidente Sebastián Piñera, a su exministro Andrés Chadwick y al ex gerente general de SQM Patricio Contesse.
Calderón perdió el primer punto este miércoles. La fiscalía logró que el tribunal rechazara la cautela de garantías pedida por su defensa de limitar el acceso a su celular sólo a lo relacionado al caso. O sea, dejar fuera registros familiares y de sus clientes. Esto significa que el Ministerio Público puede acceder sin ninguna restricción al celular de Calderón.
Habrá entonces alguna razón para el comentario que dicen corre desde el allanamiento: algunos no han podido evitar comparar esta situación con la que vivió Hermosilla, cuyo móvil dejó la grande. ¿Qué habrá en el de Calderón, dada su amplia red de clientes y amistades?
Una cascada de “amigos”
Si el Conde Negro tuviese corona, la joya sería Florentino Pérez Rodríguez, el empresario presidente del Real Madrid. Además de amigo, “soy su asesor legal en Chile hace 25 años. Trato de ir con frecuencia a España y siempre nos reunimos a almorzar”, contaba el año pasado.
Pérez ha venido varias veces al país. En su visita de 1989 se formó la Fundación Real Madrid local. Calderón lo invitó junto a dos grandes amistades que tenían en común: Antonio Martínez Ruiz (fundador de Enjoy) y Juan Cueto Sierra (“es mi segundo padre”, dijo en 2012). El primero falleció el 2016; el segundo, en 2024. Con ambos clanes el institutano llegó lejos. Los primeros lo tuvieron en el directorio de Enjoy, y los segundos en el de Lan Airlines, entre 1994 y 2012.
En ese grupo que convidó a venir al madrileño también estaba Enrique Krauss, a quien en sus últimos años el abogado acogió en su oficina. Dos de sus íntimos confiesan que él sufrió un duro golpe cuando confluyeron la muerte de su esposa, Ana Musalem (5 de mayo), y el de su amigo exministro (10 de julio pasado).
El otrora Número Dos del exPresidente Aylwin fue una de las redes que Calderón tejió con la Concertación. De esa administración tuvo amigos como los exministros René Abeliuk -masón también- y Santiago González. Laguista hasta el tuétano -de los que acusó traición cuando Ricardo Lagos se bajó de la presidencial 2017-, entre sus ya sea amistades, cercanos o conocidos se cuentan excolaboradores como Fernando Bustamante, Jorge Burgos, Felipe Harboe y varios más.
Carlos Ominami, amigo suyo hace unos 60 años e institutano como él, lo propuso para el directorio de la Fundación Chile 21, donde estuvo entre 2018 y 2021.
Entre veteranos de esos tiempos hay quien aventura que su época de oro fue en los ‘90. Otro la extiende hasta comienzos de los 2000: los tres primeros gobiernos concertacionistas y una fracción de Michelle Bachelet I. Al Conde se le reconocía entre los que destrababan contingencias entre el Ejecutivo y el Poder Judicial, razonaban con supremos cuando ese tribunal estaba dominado por los nombrados por Pinochet. “Él resolvía problemas”, acota una voz.
Otro: “El mito urbano es que barría los pasillos de la Suprema”. Y un tercero ahonda ahí: que en parte el poder o influencia del Conde es que otros lo crean así, sin saber qué es real y no.
Un abogado amigo suyo describe su ejercicio profesional como el de “un componedor que te acerca a buscar acuerdos, y claro, eso no es gratis”. Otro abogado apunta que su talento es “su buen trato, excelente memoria, su extraordinaria capacidad de tejer y sacarle partido a situaciones que muchos otros no veíamos”.
Ponce y Piñera
Con Ponce Lerou arrastraban lazos desde la generación anterior, y a comienzos del gobierno de Aylwin lo estaba asesorando. Esta relación quizá nunca ha sido mejor descrita que en Ponce Lerou: Pinochet. El litio. Las cascadas. Las platas políticas (Víctor Cofré, 2019). Entre otros imperdibles, narra que “en los últimos de esos 25 años de relación comercial, sociedades de Darío Calderón facturaron para SQM exactos $900 millones” y que la asesoría terminó cuando estalló el caso SQM.
También estuvo firme con él durante el Caso Cascadas. Uno de los mejores pasajes del libro abre el primer capítulo, con el matrimonio (14 de octubre de 2014) del menor de los hijos del Conde con una de las hijas de Enrique Cueto en la Viña Tarapacá: invitados llegando en sus helicópteros, empresarios, jueces, parlamentarios, autoridades, lo que quieran. Como Ponce asistió, el exPresidente Sebastián Piñera prefirió no ir, aunque también era cercano a los padres de los novios, con quienes había compartido directorio en LAN.
El institutano, dos años antes (2012), contaba que además había sido abogado del mandatario en varias negociaciones, que se llevaba bien, que ambos tenían “pasión por la historia y muchos viajes en yate, en helicóptero. Es muy agradable viajar con él porque hay que estar siempre listo. Es muy inquieto y lleno de historias, algunas reales, otras inventadas”.
Piñera no fue porque él y Ponce estaban en guerra por el Caso Cascadas.
Su móvil: ¿El último mito, o no?
Entremedio, la política. El 6 de noviembre del 2019, cuando la crisis del estallido aún no encontraba salida, Calderón sirvió de anfitrión para un cónclave organizado por el Gran Maestro de la Masonería Sebastián Jans. Éste había convocado a los entonces senadores Jaime Quintana (PPD), Francisco Huenchumilla (DC), José Miguel Insulza (PS), Ximena Órdenes (PPD), Víctor Pérez (UDI) y Felipe Harboe (PPD) en busca de vías de acuerdo.
El abogado puso su oficina -en ese momento en otro sector- y los atendió con una comida que algunos recuerdan “de alto nivel, bien atendida” y que se cocinaba en el mismo piso. También rememoran que ese fue su rol y no de líder ni conductor del encuentro. Quintana -entonces presidente del Senado- cuenta en su libro Sírvase conectar (Catalonia, 2020) que esa noche también trataron el entonces lío de una nueva Constitución.
Deberíamos tener un excel inserto acá con el resto de las relaciones, directorios, contactos y clientes de Calderón: Álvaro Saieh, Ricardo Abuhomor, Mellafe & Salas de los Platovsky, y un largo etcétera. Pero volvamos ahora al capítulo de la familia Jalaff y el Grupo Patio, y asuntos de celulares incautados.
Dos meses después de que él dejara esa presidencia, en junio de 2023, ocurrió esa conversación entre Luis Hermosilla, Daniel Sauer y Leonarda Villalobos. En los últimos 13 minutos del audio, los tres barren con críticas a Calderón. Ahí Sauer cuenta que ha sabido de oídas que el ausente aludido supuestamente habría estado hablando mal de Álvaro Jalaff y del Grupo. Aunque parte advirtiendo que puede ser una versión poco fidedigna, después narra otra escena con más detalle.
Todo lo que ahí se dice -que en su minuto fue un duro golpe para Calderón- para algunos cercanos al institutano confirmaría que los herederos de Sergio Jalaff lo habrían hecho a un lado. Y al menos a un par de ellos les sigue indignando el audio: niegan que su amigo sea así, que su rol era el de un consigliere, de recomendar cómo armar el equipo jurídico, a qué especialistas fichar según si se necesitaban penalistas, civilistas o árbitros, pero no de ser indiscreto como lo pintaron en la grabación. Que tal vez Hermosilla pudo haberle disputado clientes, o que efectivamente la generación más joven de los Jalaff hayan preferido confiar en alguien más contemporáneo, que eso último es normal.
Pero lo otro no, dicen. “Darío es bien decente, bien intencionado, jugado por sus clientes”, recalcan.
Y sobre las dudas en torno a lo que contenga su teléfono, los suyos sacan otro maletín de argumentos. Conversando con un par de ellos, dicen que aunque la envergadura y calibre de su cartera de clientes y contactos pueda sugerir tamaña inquietud, “él no es así”. ¿Es más cuidadoso que Hermosilla? “Es de la vieja escuela, a la antigua, no usa mucho WhatsApp. Cuando negocia te llama, te pide que se junten”, dice uno.
Ya veremos.