En Antofagasta, a pocas cuadras del Pacífico, se ve una torre blanca que le gana en altura a todo lo que tiene alrededor. Es el templo de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y está en medio de un barrio de casas de uno y dos pisos pintadas de amarillo, celeste y terracota.
Son 2.400 metros cuadrados construidos, revestidos en piedra caliza turca. Adentro hay pisos de mármol, alfombras de lana, vitrales en azules y naranjas, láminas de oro en los cielos y puertas de madera africana. Todo blanco impoluto y ordenado a rabiar.
Hace poco más de un año, el 15 de junio de 2025, el templo se “dedicó”, que es la ceremonia con que la Iglesia lo consagra y, en la práctica, lo cierra al público. Desde entonces sólo entran quienes tengan una recomendación vigente, que es un permiso que se obtiene luego de un estricto proceso de selección.
Este fue el tercer templo que esta organización religiosa levanta en Chile, luego del que tienen en Providencia, dedicado en 1983, y el de Concepción, de 2018.
Pero, adelantan distintas voces de la institución, vienen más, y están en un plan muy acelerado para llegar a lugares donde antes los miembros debían viajar cientos de kilómetros para celebrar las principales ceremonias de esta fe.
Por estos días hay uno en construcción en Maipú, otro en etapa de planificación en Puerto Montt y un tercero -uno de los más ambiciosos y que más motiva a este círculo religioso en Chile- en Viña del Mar.
En la capital, el templo en Maipú, que está en etapa final de obra gruesa, tendrá una inversión, según documentos revisados por DF MAS, de US$ 5,4 millones. Tendrá la misma línea de arcos y torre central que ya se ve en otros templos recientes. Ya terminaron la edificación del Centro de Llegada del templo, donde funcionará el centro de FamilySearch, la organización de genealogía más grande del mundo y que opera La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
En Viña del Mar, en cambio, se trata de un proyecto de US$ 60 millones. La semana pasada la Iglesia ingresó una consulta de pertinencia ante el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA), que es un trámite donde se solicita al organismo confirmar que su obra no está obligada a hacer un Estudio de Impacto Ambiental.
Con estos documentos se sabe la inversión y los detalles técnicos del plan: tendrá capacidad para 994 personas, oficinas, áreas verdes, espacios ceremoniales y 108 estacionamientos. Además, el predio colinda con el Palacio Rioja, monumento histórico nacional.
¿Pero de dónde salen esos fondos? La construcción de los templos, dicen distintos entendidos, es una decisión que se toma desde la sede mundial de esta institución, en Salt Lake City, Utah.
Es una de las organizaciones religiosas más ricas del mundo, que nació en 1830 en el estado de Nueva York, cuando Joseph Smith, un joven agricultor, fundó la Iglesia asegurando haber recibido visiones divinas y traducido un nuevo libro de escrituras (El Libro de Mormón).
The Widow’s Mite Report, un grupo independiente que sigue las finanzas de la Iglesia, calculó su patrimonio total en unos US$ 293 mil millones a fines de 2024, y su brazo inversor, Ensign Peak Advisors, administraría más de US$ 200 mil millones sólo en acciones y fondos mutuos.
Parte del patrimonio de esta organización viene directamente desde la tierra chilena, donde los mormones tienen un brazo agro que produce aceitunas, nueces y aceite de oliva. Y que compite palmo a palmo con otros grandes de la industria.

La segunda es la vencida
Los mormones pisaron Chile por primera vez en la década de los 50, cuando el predicador Parley Pratt desembarcó en Valparaíso junto a su señora, Phoebe Soper, y el misionero Rufus Allen. Llegaron en medio de una guerra civil y Pratt casi no hablaba español.
A fines de noviembre nació su hijo Omner, que murió cinco semanas después, y Pratt terminó yéndose del país a los cuatro meses.
Pasaron más de 100 años para que la Iglesia volviera a apostar por Chile.
En junio de 1956 los misioneros Verle Allred y Joseph Bentley llegaron a Santiago desde Argentina. Al mes siguiente se estrenó la primera rama de esta organización, y en noviembre se bautizó el primer chileno.
Seis años después, cuando Chile todavía dependía de la misión trasandina, un tal Polibio González fue enviado a Santiago para levantar capillas. Su presidente de misión le explicó que hacía más falta en las obras, porque los supervisores estadounidenses no entendían bien las técnicas de construcción chilenas, sobre todo en materia sísmica, según contó años después a Church News, el medio oficial de esta organización religiosa.
Acabó supervisando más de 90 centros de reuniones en Valparaíso, Viña del Mar, Concepción y otras localidades, y es recordado como uno de los pilares del primer avance mormón en suelo nacional.
Con esa red ya instalada llegó el Templo de Santiago, en la comuna de Providencia, el primero de Sudamérica hispanohablante, dedicado en 1983. Hoy la Iglesia informa más de 600 mil miembros en Chile, pero el Censo de 2024 cifra a los fieles mormones en sólo 94.266.
Ariztía y Bethia
A una hora de Santiago, en la comuna de San Pedro, hay un fundo lleno de olivos. Se llama Longovillo y hasta 2011 fue de la familia Ariztía, que ahí tenía frutales, viñas y engorda de cerdos.
Ese año, informaron varios medios de comunicación, lo compró la sociedad AgroReservas de Chile SpA, que es filial de la estadounidense AgReserves Inc. Ésta, a su vez, es el brazo agrícola con fines de lucro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Post transacción, plantaron olivos y hoy la empresa es un importante productor de aceite de oliva de Chile.
Cuatro años más tarde AgroReservas se quedó con unas 1.600 hectáreas del fundo San Alfonso de Alhué, que era del grupo Bethia. Ahí plantó cientos de hectáreas de nogales, un negocio que se ha beneficiado de un boom exportador (Chile es hoy uno de los mayores productores y exportadores de nueces, detrás de Estados Unidos y China).
Desde entonces han invertido varios millones de dólares en maquinaria, más terrenos, derechos de agua e infraestructura. En 2023 la sociedad obtuvo una resolución ambiental favorable para una planta de despelonado y secado de nueces, con una inversión de US$ 7 millones. Antes de eso ya habían levantado una planta de aceite de oliva por US$ 10 millones.
Actualmente, según el bolsón de trabajos de la empresa en EEUU, están buscando a tres puestos en suelo nacional, más que cualquier país en la región.
Distintas voces dentro de la organización religiosa dicen que esta empresa no tiene ningún vínculo con la institución misma en Chile. Saben que son entidades “hermanas”, pero no comparten directorio, personal ni presupuesto.
El gerente general que ha liderado la expansión de este negocio en los últimos años es el ingeniero chileno Eladio Arias. Hizo un MBA y un magíster en business analytics y fue clave, dicen distintas voces de la Iglesia, en profesionalizar y ampliar el tamaño de la firma.
“Estamos alimentando al mundo, y entendemos eso como una tarea importante”, dijo Arias a un documental de la propia iglesia que fue estrenado en enero de este año. Hoy la firma tiene unos 90 empleados de planta y llega a 200 en cosecha, proceso que en la aceituna dura dos meses y en la nuez apenas dos semanas.
Arias acaba de asumir como vicepresidente de la División de Frutos de Árbol de AgReserves Inc., que además de olivos y nueces maneja almendras, pistachos, pecanas y cítricos en más de 30 estados de Estados Unidos y en seis países.
Es la misma matriz dueña de Deseret Ranches, una de las mayores operaciones ganaderas del país, y una de las compañías agrícolas más ambiciosas de Estados Unidos en los últimos años.
Y el dueño final, claro, es la propia Iglesia mormona.
Tierra, tierra tierra
Hagamos zoom en AgReserves. Esta entidad, fundada en 1950 y que hoy emplea a miles de trabajadores. Tienen participación en nueve países y en más de 30 estados de Estados Unidos.
Por ejemplo, en Florida, la Iglesia es la mayor propietaria privada de suelo. En Washington, por su parte, la filial AgriNorthwest administra más de 40 mil hectáreas y River Point Farms empaca toneladas de cebolla al día. En Brasil tienen otras 30.000 hectáreas de maíz, soya y algodón.
En los últimos años el negocio agro de los mormones ha crecido rápido y sin pausa. En octubre de 2024 Farmland Reserve -brazo de real estate de la organización religiosa- le pagó US$ 289 millones a la gigante Farmland Partners por 46 predios en Arkansas, Florida, Luisiana, Misisipi, Nebraska, Oklahoma y las Carolinas.
Antes de eso, entre 2018 y 2023 fue la mayor compradora de tierra agrícola de Nebraska. En total, en Estados Unidos acumula cerca de 900 mil hectáreas, según cálculos del grupo independiente The Widow’s Mite Report.
El cité
El diezmo es la clave para entender cómo la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se financia a sí misma. Consiste en donar el 10% de los ingresos anuales, y es esa contribución la que ordena y sostiene los proyectos y las obras benéficas de la Iglesia en todo el mundo.
Cada miembro lo paga -puede ser en efectivo, transferencia electrónica o incluso un pago automático, explican entendidos- y una vez al año cada fiel se reúne con el obispo de su capilla en lo que la Iglesia llama la “declaración de diezmos”, una instancia donde se revisan los registros de sus aportes y cada persona confirma ante el obispo si pagó un diezmo íntegro.
Esos mismos diezmos han financiado el crecimiento de la Iglesia y, por consiguiente, la compra de distintos terrenos inmobiliarios. Por ejemplo, en 2017 vendieron un terreno en Alcántara, entre Renato Sánchez y Presidente Errázuriz, junto con la casona de cerca de 2.000 metros cuadrados que tenían construida ahí, por $ 2.237 millones, a una sociedad inmobiliaria ligada a los arquitectos Izquierdo Lehmann. Lo habían comprado en 1962.
En ese paño hoy funciona el Conjunto Alcántara, ocho casas de madera organizadas en torno a un patio y un pasaje común, un modelo residencial de alta gama que la misma oficina ha replicado desde entonces en el sector oriente. Algunos lo conocen como un “neo cité”, o un cité de lujo.
Quién firma qué
El Cuórum de los Doce Apóstoles es el segundo cuerpo de gobierno más alto de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, justo debajo de la Primera Presidencia, hoy encabezada por Dallin H. Oaks.
Uno de los integrantes de este grupo, el norteamericano David Bednar, estuvo en Chile en mayo y se reunió con el Presidente José Antonio Kast en La Moneda. Le llevó de regalo una escultura blanca que muestra a una familia sentada junto a un libro abierto.
En la cita hablaron de libertad religiosa, de fortalecimiento familiar y de un par de programas para jóvenes que la Iglesia quiere expandir en el país, entre ellos uno de becas universitarias llamado BYU-Pathway Worldwide.
Quien lidera toda la operación en la región es la Presidencia del Área Sudamérica Sur, que cubre Chile, Argentina, Uruguay y Paraguay y que cambió de responsables hace poco más de dos semanas.
Desde el 1 de agosto la encabeza el argentino Alan Walker, un economista ex Citibank, que trabajó seis años como contralor de la Iglesia en el Área Sudamérica Sur y 11 años más en el Área México, donde también presidió una misión. Antes de su nombramiento fue Director de Asuntos Temporales del Área Sudamérica Sur, el cargo que, entre otras cosas, administra las propiedades y las cuentas de la Iglesia en la región.
Ese puesto lo tenía hasta hace poco otro argentino, Ariel Chaparro, quien en 2022 otorgó un mandato a dos chilenos -Ricardo Chacón y Ricardo Nahuelpan- para que compraran y vendieran terrenos a nombre de la Iglesia, fijaran precios y deslindes, participaran en licitaciones y en remates, y firmaran las escrituras.
El mismo documento los faculta para arrendar propiedades, oponerse a expropiaciones, tramitar permisos de construcción en cualquier Dirección de Obras del país y presentar solicitudes ante el Servicio de Evaluación Ambiental, entre ellas las consultas de pertinencia como la que la Iglesia acaba de ingresar por el templo de Viña del Mar.
Ellos son, de hecho, piezas clave para el crecimiento -sin pausa- de los mormones en Chile.
