A finales del año pasado, en la reunión que cada dos meses tiene el rector José Antonio Guzmán con la Asociación de Amigos de la Universidad de los Andes -un grupo de empresarios que apoya a la universidad en el levantamiento de fondos-, se tomó la decisión de lanzar una campaña para hacer crecer el endowment de becas con el objetivo de “tratar de hacer realidad este sueño de que nadie que pueda venir a la universidad se quede fuera por falta de plata”.
La campaña busca, entre otras cosas, recuperar un porcentaje de estudiantes que la universidad perdió. Desde que la Uandes decidió no adscribirse a la gratuidad, el sábado 26 de diciembre de 2015, la proporción de alumnos que venían de colegios municipales y particulares subvencionados cayó del 20% hasta sólo un 14% del total de matriculados.
“Fue una decisión difícil, pero dijimos que esto iba a provocar un desfinanciamiento crónico de las universidades, porque hay una diferencia entre el arancel real y el arancel regulado. Siempre hemos tenido la idea de que tenemos un proyecto que no es barato porque tenemos una ratio profesor-alumno relativamente baja”, dice el rector.
De ahí que Guzmán se pusiera el objetivo de poder recuperar esa proporción de estudiantes de colegios públicos que perdió hace 10 años. “En ese momento empezamos a acuñar el sueño de recuperarlos y tener incluso más de un 20%”, dice.
“En ese momento empezamos a acuñar el sueño de recuperarlos y tener incluso más de un 20%”
De hecho, en los últimos años la Universidad de los Andes ha destinado $ 8 mil millones sólo para becas cada año, cerca del 8% de su presupuesto anual. Lo que les ha permitido costear parcialmente los estudios a 1.700 estudiantes por año.
Pero Guzmán quería ir por más: “Eso requiere más fondos. Eso requiere ayudar a la gente que valora estudiar aquí y está dispuesta a hacer un esfuerzo económico, pero que necesita ayuda porque si no, no va a poder”, explica.
Con esa idea, logró que en octubre del año pasado la interna de la universidad le aprobara la campaña para aumentar el endowment. Y con eso listo, se juntó con la Asociación de Amigos.
“El rector nos comunicó esta iniciativa, y a nosotros nos pareció una cosa muy buena porque esto permite cambiar vidas y un endowment da una mayor tranquilidad de que la ayuda en el tiempo para los estudiantes va a estar disponible”, cuenta Marcelo Cox, parte de la agrupación.
La meta tenía que ser ambiciosa: “¿Y cuál es una meta ambiciosa? Un número redondo. Bueno, el número US$ 100 millones sonó súper bonito y es bien ambicioso”, dice la máxima autoridad de la universidad en la oficina de rectoría, en San Carlos de Apoquindo.
Con ese monto podrían llegar a generar cada año unos US$ 5 millones sólo para becas. Esto les permitiría financiar completamente los estudios de más de 500 estudiantes nuevos por año a través de sus programas.
Los primeros 35 alumnos
Era 1989, el actual rector tenía apenas 22 años y acababa de salir de Derecho de la Universidad Católica cuando le ofrecieron ser ayudante de Derecho Constitucional en una universidad que recién se estaba creando: la Universidad de los Andes.
La idea de crear la universidad nació en el Opus Dei. Según cuenta Guzmán, fueron Manuel José Vial, Alejandro González, entonces vicario regional del Opus Dei, y José Enrique Díez, quienes reunieron al grupo fundador: “Cumplió un papel importante como de aglutinar a todo este grupo, de decir: hagamos una universidad que sea un reflejo en el ámbito universitario de lo que era el espíritu del Opus Dei”.
Guzmán cuenta que las personas elegidas para fundar la universidad venían de dos mundos. Por un lado, académicos como Raúl Bertelsen, Fernando Figueroa, Francisco Ruiz-Tagle, Óscar Cristi, Jorge Peña y Patricia Moya; y por otro, empresarios, como Eduardo Fernández, Eduardo Guilisasti y Matías Izquierdo.
Todos ellos motivados por el Opus. Sin embargo, la prelatura no asumió su administración: “Ellos dijeron: ‘Ustedes lo inventaron, lo lanzaron, ustedes lo gobiernan, nosotros no nos vamos a meter en nada’”. La prelatura sólo orienta la formación cristiana de la universidad y presta asistencia espiritual.
“Ellos dijeron: ‘Ustedes lo inventaron, lo lanzaron, ustedes lo gobiernan, nosotros no nos vamos a meter en nada’”
El 8 de septiembre de 1989 se constituyó la universidad en una casona antigua en Bustamante 86, en Providencia. Quedó Bertelsen como primer rector, Cristi como secretario general, Guillermo Varas como administrador general y Jorge Peña como director de estudios.
Ahí, los seis profesores que había junto con sus ayudantes, salieron a convencer a alumnos para que pagaran por estudiar en su universidad que estaba recién fundada y que tenía 36 cupos en una sola carrera, Derecho: “Yo también participé en la búsqueda, uno por uno. Y fueron unos valientes que dijeron ‘vamos a ser locos y meternos a una universidad que tiene una casa en la calle Bustamante’”, recuerda el rector.
La primera clase se dictó el 19 de marzo de 1990 por Arturo Yrarrázaval, el primer decano de la Escuela de Derecho.
Un año después la universidad abrió simultáneamente la Facultad de Medicina y el Instituto de Filosofía. Así, la Universidad de los Andes fue la primera universidad privada en Chile en tener Medicina como carrera.
Para hacer las clases, la universidad arrendó el Palacio Piwonka, en calle Ejército, y el ex académico de la Universidad de Chile Fernando Orrego fue el primer decano.
“Era completamente contraintuitivo” dice Guzmán y recuerda, incluso, que cuando se anunció la nueva facultad una persona mandó una carta a El Mercurio diciendo: “Las facultades de Medicina son como las secuoyas, se demoran muchos años en crecer, muchos años en consolidarse” y que ellos respondieron en otra carta: “Ya que son como las secuoyas, hay que plantarlas luego, porque se demoran mucho en crecer”.
En esos primeros años, cuando la universidad entre alumnos y profesores aún no superaba las 100 personas, las carreras Derecho y Medicina eran examinadas por la Universidad Católica, es decir, los estudiantes rendían sus pruebas en la Uandes, pero sus exámenes en la UC.
Al poco andar Medicina se convirtió en el “buque insignia” de la universidad porque atrajo a alumnos con mejores puntajes.
Así siguieron creciendo, en 1992 arrendaron una casa cerca de donde hoy está el Mall Sport y abrieron Ciencias Económicas y Empresariales, Enfermería y Pedagogía Básica. Y un año después se crearon Periodismo y Administración de Servicios.
En 1994, todavía con menos de 500 estudiantes, la universidad compró un terreno de 25 hectáreas en San Carlos de Apoquindo, antes de que estuviera urbanizado. Guzmán recuerda: “Era un fundo y lo compramos a precio de fundo. El camino pavimentado más cercano llegaba como un kilómetro más abajo y entonces había que subir por camino de tierra”.
Hasta ese momento la universidad operaba con ingresos propios. Sin embargo, el terreno lo compraron con donaciones de privadas, entre ellos la de Eduardo Fernández León. Apenas lo compraron hicieron una maqueta con tres edificios rodeados de áreas verdes, copiando el estilo de los campus estadounidenses y la Universidad de Navarra.
El campus
El primer edificio que se construyó fue el de Humanidades, en marzo de 1995, y ahí se mudaron Derecho, Medicina y Filosofía. Después se hizo el de Ciencias, donde se fueron Medicina, Ingeniería e Ingeniería Comercial. En 1995, además, abrió Ingeniería Civil Industrial.
Luego el 2001, con la intención de “retener a los estudiantes en el campus” construyeron la Biblioteca José Enrique Díez. Un edificio de 12.400 m 2, diseñado por la empresa estadounidense SBRA con Fuenzalida, Rosende y Asociados.
En 2006, Guzmán asumió como vicerrector académico y fue parte del primer proceso de acreditación que la Universidad de los Andes logró en 2007.
Después asumió como rector el 21 de enero de 2014, mismo año que abrió la Clínica Universidad de los Andes en el Campus de San Carlos: “Todos los expertos de la época nos decían: ‘Este es el peor lugar para hacer una clínica porque quién va a ir a la punta del cerro, a la urgencia no llega nadie’. Pero nosotros nos arriesgamos porque era importante que esté en el campus”.
Siendo rector, en 2019, logró que la Uandes ingresara al Consejo de Rectores (CRUCh) y luego fue reelegido para un tercer período como rector, entre 2024 y 2029, siendo el primero en la historia de la universidad en hacerlo.
Para este año, además del endowment, el rector cuenta que la universidad está construyendo un nuevo edificio de Ingeniería, una ampliación de 15.000 m² a la Clínica y un nuevo edificio de Derecho y Ciencias Sociales, con oficinas para unos 150 profesores; todo con una inversión de US$ 60 millones.
Además están abriendo las carreras de Sociología, Ciencias Políticas y Arquitectura y un Nuevo Centro de Inteligencia Artificial con foco en las ciencias sociales.
Los primeros fondos
El fondo de donaciones que la universidad mantiene invertido y ocupa sólo una parte de los retornos que genera, se creó hace 25 años por el rector Raúl Bertelsen. Es gestionado por la Dirección de Avance Institucional del plantel y fue creciendo con donaciones conseguidas por la Asociación de Amigos, con aportes permanentes desde 1 UF mensual y con la reinversión de parte de sus ganancias hasta llegar a los US$ 30 millones que tienen actualmente.
La administración de las inversiones se licita cada dos años y hoy está repartida entre dos administradores. Sin embargo, es la universidad la que define cómo invertir los recursos, que se reparten entre renta fija y variable, la gran mayoría en Chile y una pequeña parte en el extranjero.
Guzmán dice que la estrategia ha sido “bastante conservadora” y que tiene una rentabilidad promedio del 5% anual. Además, no es que la universidad retire automáticamente ese porcentaje, usa una fórmula para estabilizar los recursos disponibles cada año y hacerlos más predecibles.
En promedio, son cerca de $ 1.500 millones que se retiran al año; de ellos, la mitad va para becas y la otra mitad a investigación.
Con los recursos para investigación, la Universidad de los Andes financia el Fondo de Ayuda a la Investigación, un concurso interno para sus académicos que entrega recursos para proyectos, contrataciones temporales, atracción de investigadores jóvenes y trabajos interdisciplinarios.
Por su parte, la mitad para becas va en el Fondo de Becas, para alumnos de excelencia que no tengan los recursos suficientes para financiar sus estudios, y el de Profesores para Chile, para estudiantes de colegios municipales o particulares subvencionados que entren a carreras de Educación.
La meta: 5 años
En el comité de endowment de la Asociación de Amigos, presidido por Raimundo Silva e integrado por Cox, Patricio Parodi, presidente de Consorcio, y el presidente del directorio de Hites Enrique Bone, se pusieron, entonces, una meta de cinco años para lograr conseguir los fondos.
Al mismo tiempo, la universidad contrató a la oficina de abogados de Luis Fernando Silva para revisar cómo otras universidades controlaban sus endowment y crear un nuevo reglamento que establezca la política de administración del patrimonio, los niveles de riesgo y la forma de licitar las inversiones.
Además, en ese mismo reglamento, se decidió crear un grupo directivo encargado de tomar las decisiones sobre el fondo: “Estamos pensando en un grupo relativamente pequeño, de cinco personas. Y que va a ser mixto, con dos o tres personas de afuera de la universidad”, explica Guzmán.
Con eso, el comité ya salió a buscar aportes: “Hay gente generosa que está de alguna manera ayudándonos y otros que están conociendo a través de reuniones, conversaciones, acercamientos”, cuenta Cox.
A pocos meses de empezar la campaña, ya han conseguido, incluyendo compromisos de donación, un 40% de la meta.
La Asociación de Amigos
La Asociación de Amigos de la Universidad de los Andes es un grupo de empresarios que apoya a la universidad a levantar fondos para sus proyectos y becas. Se fundó casi al mismo tiempo que la universidad, con Juan Ruiz-Tagle como presidente del directorio. Bajo su cargo, que duró 30 años, la Asociación lograría el financiamiento que le permitió a la universidad comprar el campus, construir los edificios y levantar el primer endowment.
El 2020, con el retiro de Juan Ruiz-Tagle, el directorio pasó a estar en manos del ingeniero civil de la Universidad Católica, Enrique Bone. Ese mismo año entraron al directorio de la asociación Beatriz Von Appen Lahres, hija del empresario Wolf von Appen, fundador del grupo naviero Ultramar; Rosario Ureta, profesora de Derecho Económico en la Uandes; Patricio Parodi, presidente de Consorcio Financiero; Felipe Izquierdo, uno de los fundadores del grupo inmobiliario Gespania, e Isabel Larraín, periodista miembro de la familia dueña de Watt’s.
El 2024, se sumaron María Ignacia Errázuriz, Raimundo Silva, Macarena Cubillos y Sebastián Fernández. De hecho, Cubillos y Fernández fueron los primeros alumni Uandes que ingresaban al directorio.
Por último, a mitad del año pasado invitaron a ser parte al ingeniero civil y director de la inmobiliaria Proyecta Gestión y Desarrollo, Marcelo Cox.
Actualmente el grupo funciona con comités para cada proyecto: “Hay uno de endowment, hay otro de becas, hay distintos comités que lo que hacen es básicamente apoyar en esa iniciativa específica”, explica Marcelo Cox.
En la reunión de todo el directorio, que hacen cada dos meses, la rectoría propone proyectos que necesitan fondos y la Asociación busca a los potenciales donantes y a los miembros del directorio que tienen vínculos con ellos para acercarse y levantar los recursos.
Fue en una de esas reuniones, a finales del año pasado, que el rector Guzmán les propuso iniciar la campaña para el endowment de los US$ 100 millones para becas.
“Era una iniciativa del rector para darle más estabilidad a las becas académicas, porque hasta ahora muchas ayudas económicas han sido más bien anuales”.