Chile tiene un problema de empleo, pero para José Garay, gerente general del Organismo Técnico Intermedio de Capacitación (OTIC) de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC), el diagnóstico no termina en la debilidad de las contrataciones.
Mientras el desempleo permanece en niveles elevados y la creación de puestos de trabajo sigue contenida, las empresas enfrentan una dificultad que, advierte, puede hacerse todavía más evidente cuando comiencen a materializarse nuevos proyectos de inversión: encontrar a las personas con las competencias que necesitan.
Es lo que Garay describe como un creciente “desacople” entre la oferta y la demanda laboral. Una brecha que atribuye, entre otros factores, a la velocidad del cambio tecnológico y a un sistema educacional y de capacitación que no ha logrado avanzar al mismo ritmo. El resultado, sostiene, es que las propias empresas están asumiendo un costo cada vez mayor para formar trabajadores o, derechamente, optando por cubrir sus necesidades con las dotaciones que ya tienen.
Un escenario que, a su juicio, refuerza la necesidad de conversar profundamente sobre el sistema de capacitación. Más aún tras los cambios a la franquicia tributaria del Servicio Nacional de Capacitación y Empleo (Sence) en el marco de la ley de reconstrucción, los que, a su juicio, no solucionan el problema.
La conversación se da, además, en el marco de la convocatoria para la segunda edición de reconocimiento 50 Líderes, iniciativa que busca poner en valor experiencias concretas de formación y capacitación y cuyas postulaciones estarán abiertas hasta el 15 de septiembre. Garay explica que el objetivo es mostrar que “se pueden hacer las cosas de forma diferente” y relevar a quienes, a través de estos procesos, han generado cambios en personas y organizaciones.
- El mercado laboral está mostrando una débil creación de empleo. ¿Cuál es el principal problema que está impidiendo generar más puestos de trabajo?
- Creo que hay dos lecturas. Una es económica y tiene que ver con el ciclo. Estamos probablemente a la espera de que todos estos cambios normativos que se acaban de aprobar entren en vigencia y empiecen a activar proyectos de inversión. Eso debiera traer consigo mayor demanda por puestos de trabajo. Sin embargo, lo que nosotros pensamos que va a pasar es que, una vez que esos proyectos vean la luz, las empresas van a salir a buscar personas y no van a encontrar.
He ido acuñando un poquito este término: tenemos personas sin empleo y empleos sin personas. Hoy día más del 60% de las empresas dicen que no encuentran el talento que necesitan. Evidentemente hay un desacople entre lo que el mercado laboral chileno puede ofrecer en términos de competencias y lo que las empresas están necesitando. Y ese desacople es bien crónico.
- ¿Se ha ido profundizando?
- Tiene mucho que ver con cómo la disrupción tecnológica ha ido cambiando completamente las competencias que se necesitan de parte de los trabajadores. Antiguamente había plazos más o menos largos donde llegaba una tecnología y se instalaba. Pero eso hoy día cambió radicalmente. La inteligencia artificial llegó hace tres años y, de manera exponencial, cambió completamente las competencias que el trabajador necesita. Entonces todo el sistema de educación no ha tenido el tiempo de ponerse al día.
Las empresas hoy día, cuando salen a reclutar, buscan personas que tengan capacidad de resolver problemas, habilidades adaptativas, que sean abiertas, flexibles, con capacidad de aprender. Esas cosas están ausentes de los currículums. Esa brecha se ha ido incrementando de manera mucho más acelerada en los últimos años.
- ¿Qué tanto está frenando las decisiones de contratación?
- Hoy las empresas dicen: “Ya no voy a pagar el costo de traer a alguien de afuera. Voy a tratar de recoger a alguien que tenga dentro de la empresa y lo reciclo”. Además, las nuevas tecnologías han irrumpido en el segmento del primer empleo. Todo lo que hacían los jóvenes recién egresados, como análisis de bases de datos, Excel o cruzar datos para que alguien más tomara decisiones, fue reemplazado rápidamente por herramientas de inteligencia artificial.
Entonces las empresas dicen: “Ya no contrato este cargo de entrada y empiezo a trabajar con el stock de trabajadores que tengo, les voy incorporando herramientas de IA para hacerlos más productivos”.
- ¿Y esa preparación también se está convirtiendo en un costo laboral para las empresas?
- Totalmente. El otro día hablaba con un gerente de recursos humanos y me decía: “Yo me demoro tres meses en preparar a una persona para que empiece a ser productiva en su puesto de trabajo”. Estos tres meses de etapa inicial son puro costo para la empresa. Entonces, obviamente, la empresa se lo piensa dos veces antes de contratar un joven sin experiencia.
Hay que tener una discusión mucho más en serio respecto de cómo vamos a resolver el problema de la capacitación en Chile. Hay que poner el elefante sobre la mesa y decir: hay un problema de gap de competencias entre la masa laboral y lo que las empresas están necesitando.
“Una pésima noticia”
- En ese escenario, ¿cómo evalúa los cambios que se hicieron a la franquicia tributaria?
- Nosotros tenemos la sensación de que lo que salió después de toda la discusión fue una pésima noticia para todos, en el sentido de que no resolvió ninguno de los problemas que levantamos. Dijimos: “Este sistema tiene problemas de pertinencia, de calidad, de trazabilidad”. Y nada de eso se resolvió.
Solo se achicó el espacio para que las empresas invirtieran en capacitación, en un contexto en que Chile ya invierte menos de la mitad de lo que invierten los países de la OCDE en capacitación. Tenemos un problema por este gap de competencias y ese gap se está teniendo que resolver en el puesto de trabajo. Una de las principales herramientas que tienen las empresas para resolverlo es la franquicia y se acota su alcance. Tenemos una bomba de tiempo en las manos y no lo estamos resolviendo.
- Hubo una discusión muy crítica respecto de la franquicia, muchas opiniones extremas, de que era un esquema que no servía y otros que lo defendían. ¿Pagaron justos por pecadores?
- Yo creo que pasa mucho eso. No se ha tenido la discusión con la altura de miras que se requiere. El sistema no funciona como debiera, y eso es una realidad. Pero necesariamente tenemos que sentarnos a discutirlo con elementos técnicos arriba de la mesa: qué podemos hacer en términos de pertinencia, de calidad y de trazabilidad.
El ministro Quiroz hizo lo que tenía que hacer, que fue buscar oportunidades de eficiencia dentro del aparato estatal. Uno mira y todos los informes que ha habido sobre la franquicia dicen que funciona mal. Entonces, si yo fuera ministro de Hacienda, hubiera hecho lo mismo: decir “Ok, esto no funciona, para afuera”.
Y ahí viene lo de justos por pecadores, porque hay cosas positivas que pasan dentro del sistema, pero son poco visibles. Lo que uno esperaría ahora es que el ministro del Trabajo, Tomás Rau, dijera: “Este es un problema latente, tenemos que abordarlo”, y sentarnos seriamente a discutir un proyecto de ley que modernice el sistema de capacitación en Chile para enfrentar este tremendo desafío que se nos viene y que va a ser un problema para el país en el corto plazo.
- ¿Es una discusión que va más allá de la franquicia tributaria?
- Absolutamente. Esto es un problema de competitividad país que tenemos que resolver. Hay que reformular el sistema de capacitación en Chile y generar puentes entre la academia y los sectores productivos. La política pública tiene un rol central en facilitar esos espacios.
Invertir en que Chile tenga una masa laboral competitiva es un elemento central de nuestra competitividad como país. Que Chile entienda que su recurso humano es una herramienta de competitividad global es central.