Una caída algo mayor a la prevista, pero que no alcanzó para sorprender, acusó el Producto Interno Bruto (PIB) durante el segundo trimestre del año. Mientras el mercado había anticipado una cifra del orden de 0,1%, el reporte de Cuentas Nacionales del Banco Central informó de un retroceso de 0,2% frente al mismo periodo de 2025.
Unido al retroceso de 0,3% observados en enero-marzo, este desempeño se tradujo en un primer semestre en rojo.
Para algunos analistas, esto fue la constatación de una recesión técnica, aunque otros -incluido el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz- lo desestimaron.
¿La diferencia? Si se considera dos trimestres de bajas anuales o si se considera el PIB desestacionalizado, que pasó de una disminución de 0,3% en el primero a cero en el segundo.
De hecho, Quiroz señaló que el descenso de 0,2% entre abril y junio es “un dato del pasado” y que “vienen números positivos de ahora en adelante”.

El economista senior de Bci Estudios, Daniel Navarrete, explicó que la fotografía del segundo trimestre es coherente con lo que se adelantó con el Indicador Mensual de Actividad Económica (Imacec), que repuntó 2,4% tras cinco meses de caídas: “Un sector primario deprimido por bases de comparación exigentes, menores leyes de mineral y los efectos disruptivos del fenómeno de El Niño, especialmente en pesca”.
A ello se sumó el impacto en el bolsillo de los hogares y en los márgenes empresariales del shock del precio del petróleo y sus derivados.
El consumo de los hogares, según las cifras del banco, se desaceleró de 2,5% a 1,2% entre abril y junio, mientras que la formación bruta de capital fijo (FBCF) volvió a frenarse y no registró variación en el período, debido a la compensación entre una caída en la construcción y otras obras, y un aumento en la maquinaria y equipo.
Navarrete explicó que el freno en el consumo responde a dos factores: bases de comparación muy exigentes y el estrechamiento del ingreso disponible de los hogares, provocado por un mercado laboral debilitado y el shock en los precios de los combustibles.
En el caso de la inversión, la principal traba estaría en la construcción, donde al estancamiento se suma la postergación de nuevos proyectos que están a la espera de las definiciones del proyecto de reconstrucción del gobierno.
En el piso antes de acelerar
El economista jefe de Itaú, Andrés Pérez, sostuvo que el arrastre estadístico para el año en curso se redujo a 0,0%, desde 0,2%, con lo cual probablemente se reanuden las revisiones a la baja para el crecimiento del PIB este año.
Con esto proyecta que 2026 crecerá 1,3%, aunque con un sesgo a la baja. “Ahora el foco estará en la velocidad de la recuperación, con ciertos indicadores líderes sugiriendo un crecimiento moderado en los trimestres venideros”, indicó, previendo que el crecimiento del PIB entre julio y septiembre sería de 2% y entre 2,5% y 3,0% en el último cuarto del año.
Misma previsión tiene la economista de BICE Inversiones, Marcela Calisto, quien también precisó que hacia diciembre se debería ver una recuperación de la inversión, de la mano de nuevos proyectos que avanzan en su aprobación.
Fynsa prevé que el PIB del actual ejercicio será de 1,1%, mientras que BTG Pactual lo ve entre 0,5% y 1,0% y Capital Economics en 0,8%.
¿Mejoran las perspectivas para 2027? El economista jefe de Fynsa, Nathan Pincheira, señaló que aún es “muy pronto para saber”, aunque debería ser un mejor que 2026, aunque siempre con un grado de cautela.
“La situación externa sigue jugando un rol preponderante, que queda en evidencia al ver el impacto del alza del precio del petróleo en el comportamiento de los agentes locales. Adicionalmente, estamos por ver el real alcance de las reformas recientemente aprobadas, una vez que se promulgue y empiece transitoriamente a aplicarse”, explicó.
El analista económico BTG Pactual Chile, Martín Gutiérrez, afirmó que “los fundamentos siguen siendo positivos para el próximo año”, con un precio del cobre y la aprobación del proyecto misceláneo a favor, a lo que se suma una baja base de comparación. “En este contexto, estimamos que la economía crecería entre 3,0% y 3,5% en 2027”, señaló.
Calisto también coincidió con que si se da la recuperación del segundo semestre, junto con las políticas pro-inversión aprobadas en la ley de reconstrucción, y un abultado catastro de proyectos, principalmente en minería y energía, el PIB se expandiría cerca de 3%.
De cara a la próxima reunión del Banco Central en septiembre, las cifras de actividad del segundo trimestre no movería la aguja respecto a su decisión de política monetaria. “Nuestro escenario contempla al BCCh en pausa en 4,5% para el resto de este año y el siguiente, balanceando los riesgos alcistas en inflación y la debilidad reciente de la actividad”, explicó Pérez.

Lo malo y lo bueno: fuerte caída de la minería y suben los servicios
Las bajas de actividad primaron entre los sectores productivos del país en abril-junio. El mayor descenso frente al mismo lapso de 2025 lo sufrió la minería (-6,4%) en línea con una menor extracción de cobre, sumando cuatro trimestres en rojo.
A continuación, tal como lo han reflejado las cifras de Imacec, se situó la pesca (-5,9%) afectada por la acuicultura.
Luego, también dentro de lo previsto, la construcción cayó 3,2%, con disminución de todos sus componentes y lastrado por su incidencia de las obras de ingeniería.
Otros rubros con disminuciones de 0,3% anual fueron el agropecuario y la industria manufacturera. Esta última incidida por la elaboración de alimentos, mientras subió la producción de químicos, petróleo, caucho y plástico y la elaboración de bebidas.
Transporte también se unió a los tropiezos al caer 0,6%, cifra que resume resultados heterogéneos dentro de la actividad. A la baja destacaron los servicios conexos y el transporte terrestre de carga, mientras que al alza lo hicieron el aéreo y el terrestre de pasajeros.
Entre los segmentos que salvaron el segundo trimestre sobresalieron los servicios personales, que crecieron 2,4%; de la mano de las actividades de salud y educación; y el comercio, restaurantes y hoteles, que aumentó 2,4%.
La actividad electricidad, gas, agua y gestión de desechos (EGA) mejoró 1,7%, explicado por un mayor valor agregado de la generación eléctrica, que se asoció a un menor costo de producción y que es coherente con un incremento de las energías solar y eólica.
Mientras, en el período la actividad comunicaciones y servicios de información avanzó 0,2%.