Eduardo Ffrench-Davis, Mr. consumo
Si ese 26 de diciembre Eduardo Ffrench-Davis (44, casado, tres hijos) hubiese cumplido el plan del viaje, otra habría sido la historia. Corría 2004. Estaba de intercambio en Brisbane, Australia, había trabajado durante meses empaquetando tocinos en DON para juntar plata, y terminados los estudios partió al sudeste asiático de vacaciones con su compañero de Ingeniería Civil de la UC, Juan Pablo Benoit. El itinerario decía que el 25 de diciembre viajarían a la isla de Phi Phi, en el Océano Índico en Tailandia. Pero un día antes, decidieron cambiar el destino a Ko Phan Ngan, donde se celebraría la Fiesta de la Luna. La mañana del 26 ocurrió el terremoto 9,1 frente a la costa de Sumatra, y el posterior tsunami -el más grande de la historia- que arrasó con la vida de 230 mil personas, muchas de ellas en Phi Phi.
Por horas Ffrench-Davis estuvo en la lista oficial de los chilenos buscados. Según sus cercanos, la familia no pudo hablar con él hasta el día siguiente. El estudiante, de entonces 23 años, demoró algunos días en salir de la isla, por el caos y los montones de personas que buscaban a sus seres queridos desaparecidos.
Semanas más tarde regresó a Chile. Retomó sus estudios en el campus San Joaquín; la guitarra clásica y eléctrica que tocaba desde su época escolar -cuentan que el repertorio iba desde Nirvana hasta canciones de fogata-; el volleyball; su participación en el movimiento gremial; y también la actividad pastoral: al alero de Felipe Kast que por esos años armaba Misión País, fue jefe de operaciones en la IV y V regiones.

En 2006 Eduardo Ffrench-Davis -que según sus compañeros del Colegio Cordillera, pensaba estudiar Medicina- se tituló finalmente en Ingeniería Civil Industrial con especialización en tecnologías de la información, e ingresó a CCU a trabajar al área de ventas en cervezas. Veinte años después, el pasado 1 de julio, asumió como gerente general de CCU SA en reemplazo de Patricio Jottar -hoy director de la compañía-, quien dejó el cargo tras 28 años.
Calentando motores
Cuando entró a CCU, el área comercial de cervezas estaba a cargo de Heineken, socio de los Luksic en CCU desde 2003. Quienes trabajaron con él entonces recuerdan que le tocó participar en Proof of Talent, encuentros que reunían dos veces al año a 40 jóvenes de todas partes del mundo que trabajaban en la cervecera holandesa, donde les daban un caso a resolver. A él, recuerdan testigos, le tocó analizar la compra de Femsa (lo que sucedió años después, en 2010).
Del mundo Heineken, Ffrench-Davis pasó al financiero en la Compañía Pisquera de Chile, la empresa de licores de CCU, como subgerente de finanzas. Y luego se fue a Boston por un año a hacer un MBA en Babson College, financiado con beca y apoyo de la empresa. En las aulas, ha dicho, coincidió con Daisuke Toyoda, hijo del presidente de Toyota, Akio Toyoda. Y trabajó con el profesor Sam Harihanan que se especializaba en internacionalización de negocios proveyéndolo de data para una investigación sobre cómo las empresas latinoamericanas podían ser exitosas saliendo de sus países. Se graduó magna cum laude.
De vuelta en Chile entró al área M&A de CCU como gerente corporativo de nuevos negocios. Era 2013, había llegado Andrónico Luksic como presidente de la compañía tras la muerte de su hermano Guillermo, y había billetera abierta para hacer deals, cuentan testigos de esos años.
Desde esa área, le tocó trabajar en la expansión regional de la empresa -que hasta entonces sólo estaba en Chile y Argentina- y abrir operaciones en Uruguay, Paraguay, Bolivia y Colombia.
De ahí pasó a la Embotelladora CCU (Eccusa), el negocio de bebidas no alcohólicas. Ingresó como gerente de marketing donde estuvo por 10 años, y desde hace tres asumió el doble rol de gerente de Eccusa y de transportes CCU, la red logística multicategoría de la empresa en Chile.
Desde hacía algunos años que el mercado especulaba quién sería el sucesor de Patricio Jottar, y los dos nombres que se repetían eran: Eduardo Ffrench-Davis y Matías Bebin, entonces gerente general de cervezas. Según testigos, ellos mismos sabían que uno de los dos sería el próximo CEO y tenían una especie de acuerdo intrínseco de considerar al otro en su proyecto, de ser escogidos.
El 29 de mayo eso se concretó. Desde la final de la Champions League en Hungría, donde estaba la plana mayor de CCU, se anunció la salida de Jottar y el nombramiento de Ffrench-Davis. Si bien fue una sorpresa para el mercado, conocedores aseguran que el entonces gerente de Eccusa se había enterado de su nuevo cargo un par de semanas antes del anuncio oficial, y venía trabajando desde entonces -de manera silenciosa- en un plan que esbozó en el conference call ante los accionistas del pasado 5 de agosto. Cuentan también que viajó a reunirse con Andrónico Luksic, previo a asumir el cargo.
Menos lomo liso, y más vetado
Quienes han estado con Ffrench-Davis en las últimas semanas señalan que uno de los mensajes que ha dado internamente en CCU es la idea de volver a crecer e instaurar una cultura de liderazgo: que no sólo hay que satisfacer el consumo, sino liderar el mercado. Un cercano lo parafrasea: Somos grandes, creámonos el cuento, no nos conformemos.
El ejecutivo es bueno para las analogías, así -según testigos- ha ejemplificado que existen perfiles “lomo vetado” y “lomo liso”. El lomo liso puede estar muchas horas en la parrilla y no se va a quemar. Son los menos inquietos (los que se quedan con el argumento de que se crece menos por un problema de industria). A los vetados, en cambio, hay que darlos vuelta constantemente porque no tienen esa grasa que los protege y pueden quemarse. Pero son mucho más sabrosos. Ffrench-Davis quiere más lomos vetados en el liderazgo de la compañía.
Para eso está diseñando una estrategia para alimentar el plan estratégico 2027-2030 de crecimiento rentable que tiene cuatro pilares: foco en los negocios, sinergias operacionales, agilidad y transformación. Todo esto bajo la frase “Vamos por más”, que según cercanos, usaba mucho en Eccusa.
Para esto separó en dos grupos los países donde la empresa opera: los core -Chile, Argentina y Colombia-, y los de alto potencial -Bolivia, Paraguay, Uruguay-. Creó estructuras corporativas grandes al servicio de los países core y células o equipos de trabajo anexos que aprenden de los países core y llevan esas prácticas a los otros países. En cada país core puso un gerente general y bajo éste tres unidades: operaciones, negocios y servicios. Para Chile, nombró a Matías Bebin como gerente general (hasta entonces era gerente de cervezas, ahora además de Eccusa).
Antes, vinos y licores funcionaban separados. Ffrench-Davis unió esos negocios, pero por país: así, Vicente Mobarec quedó como gerente general de vinos y licores Chile (antes sólo licores); y Pedro Herane quedó a cargo de las mismas categorías, pero fuera de Chile. Nombró a Nicolás Novoa gerente general de negocios internacionales, y mantuvo a Domingo Jiménez en la gerencia de Argentina y a Felipe Mejías en la de Colombia. Esos seis gerentes de negocio le reportan directamente.
Además hay otros ocho gerentes corporativos que también le reportan directo: Asuntos legales; Asuntos Corporativos; Contraloría; CFO; Recursos Humanos; Desarrollo y nuevos negocios (ahí nombró a Antonio Cruz, antes gerente de negocios internacionales); Transformación Digital (donde trajo al exWalmart Sergio Nazar), y Procesos industriales.
Desde su llegada, el CEO ha repetido en varias ocasiones que quiere acelerar las tomas de decisiones, eliminar capas intermedias, imprimir agilidad y adaptabilidad en un mundo poco predecible. Cuando se le pregunta por la caída de consumo que ha experimentado la industria de alcoholes, principalmente de vinos, él ha dicho que ve la oportunidad de satisfacer al cliente en distintas ocasiones de consumo y armar productos en función de esas ocasiones, ya sea deporte, gaming, o comida. Un ejemplo concreto de esta mirada es el lanzamiento de Gato en lata. Ha dicho también que sueña transformar a CCU en la compañía de bebestibles más grande de Sudamérica en los países que opera.
El plan completo y el detalle de su estrategia deberá presentarlo a final de año al directorio que integran por el Grupo Luksic Pablo Granifo, Macario Valdés, Oscar Hasbún y Patricio Jottar; por Heineken Alexandre Carreteiro, Rory Cullinan, Marc Gross, Arthur Ribeiro y Agathe Porte, como directora independiente.
Macario Valdés, el hombre de la billetera
Los rumores partieron en diciembre de 2025, tras el triunfo de José Antonio Kast en la Presidencia. Extraoficialmente surgió el nombre del entonces gerente general de Quiñenco, y uno de los hombres fuertes del Grupo Luksic para liderar la Cancillería. Que a Francisco Pérez Mackenna no le quedaban tantos años en el cargo ejecutivo se esperaba, dada la política del grupo de retiro a los 70 años. Pero no estaba en los planes que eso ocurriera ahora.
Frente a los rumores, al interior del grupo empezó a circular la pregunta: “¿Qué pasa si…”. La respuesta llegó el 21 de enero cuando Pérez Mackenna presentó su renuncia al holding para entrar al Gobierno. El mismo día Quiñenco comunicó el reemplazante: Macario Valdés Raczynski (44), hasta entonces gerente general de Saam.
La figura del cargo, eso sí, no fue exacta al rol que cumplía el hoy canciller. Pérez era presidente de Vapores, CCU, Enex, vicepresidente del Banco de Chile, director en Nexans, Hapag Lloyd y más. Esto paralelo a su rol ejecutivo. Entonces el puzzle se reordenó completo. Jean Paul Luksic lo reemplazó en el banco, Pablo Granifo en CCU y LQ Inversiones, Óscar Hasbún en CSAV, Juan Carlos Jobet en Enex. Y Macario Valdés quedó con el cargo ejecutivo en Quiñenco y los directorios de CCU, Saam y Hapag-Lloyd.
Venían nuevos tiempos para el holding de inversiones. Y -tal vez- se necesitaba a alguien con más tiempo para dedicarle en esta nueva etapa.
Primeros pasos
Macario Valdés Raczynski es el noveno de 10 hermanos. El mayor de ellos, el exdirector de TVN Mauro Valdés; la menor, la periodista Candelaria Valdés. Y entremedio están la subsecretaria de Educación Superior (Fernanda) y el exrector del colegio San Anselmo, el oblato Cristóbal Valdés. Cuando toda la familia se reúne -lo que ocurre principalmente en los veranos en Chiloé donde sus padres pasan la mayor parte de su tiempo-, fácilmente pueden juntarse 60 personas entre los hermanos y sus hijos. De ellos, Macario y su mujer, aportan con tres menores.

Fue en febrero que el nuevo gerente se instaló en su nuevo despacho en el edificio de Enrique Foster con Apoquindo -después de dos semanas de vacaciones-, el mismo que había ocupado Pérez durante casi tres décadas.
Al poco andar convocó a un desayuno en la terraza del edificio a las 70 personas que trabajan en Quiñenco para presentarse oficialmente. Uno de sus sellos, dicen quienes han compartido con él este semestre, ha sido su liderazgo horizontal y cercanía: la mayoría de los días que está en Chile almuerza en el comedor del piso 16 en cualquiera de las dos mesas grandes que se disponen a diario para los colaboradores de la empresa. Ha generado además comités e instancias de interacción en la oficina con el mismo fin.
Exalumno del Colegio San Benito, estudió Ingeniería Comercial en la UC. Allí fue ayudante de Salvador Valdés y Julio Gálvez.
Quienes lo conocen desde sus años de estudiante, relatan que siempre fue claro en sus metas y consistente. Y que el cargo que ocupa hoy, es algo que calza con el joven mateo, metódico, disciplinado, exigente, de buen carácter y decidido de esos años.
Tras hacer la práctica en Compass Group, entró al área de Finanzas Corporativas de IM Trust, donde estuvo cinco años. Partió como analista junior y llegó a ser gerente de Finanzas Corporativas. Desde ahí le tocó participar en la entrada de Walmart a Chile, tras la compra de D&S a los hermanos Ibáñez.
En 2009 partió a Berkeley a estudiar un MBA. Y en su segundo año se enteró de que Quiñenco buscaba a un subgerente de desarrollo. Voló a Nueva York a entrevistarse con Francisco Pérez y Felipe Joannon, y firmó la carta de oferta para integrarse al holding de inversiones seis meses después con el objetivo de buscar oportunidades de inversión.
Pero en esos seis meses previos a su llegada el Grupo Luksic hizo grandes desembolsos: entró a la propiedad de CSAV y compró los activos de Shell para armar Enex. Cuando Macario llegó a Chile había cambiado el escenario, los deals ya estaban hechos, ahora había que consolidar los negocios. El bichito de buscar negocios, dicen sus cercanos, siempre le quedó como un pendiente.
De todas formas se quedó dos años en Quiñenco y al alero de Pérez Mackenna y Óscar Hasbún le tocó apoyar el rescate y la reestructuración de Vapores y el spin off de Saam. A comienzos de 2013 le pidió Pérez Mackenna irse a Saam como gerente de Desarrollo, mientras Javier Bitar ejercía como gerente general.
Juntos ordenaron la empresa bajo tres áreas de negocio: terminales portuarios, remolcadores y logística y otros negocios (que incluían agenciamiento, maestranza de contenedores, estiba y desestiba, transporte terrestre y logística aérea).
En abril de 2016, con sólo 34 años y tras la renuncia de Bitar, Macario Valdés fue nombrado gerente general de Saam.
Reorden de Saam
Lo que partió como una filial de una empresa en crisis, desordenada, llena de sociedades y filiales que le colgaban, se fue convirtiendo en una compañía grande, presente en varios países de la región. Valdés, comentan quienes trabajaron con él, vio la necesidad de enfocar el negocio de la compañía, simplificar su malla y tomar mayor control e influencia sobre sus operaciones.
La ordenó en cuatro áreas: puertos, remolcadores, logística y logística aérea. Durante su gestión lideró más de 10 operaciones de M&A, amplió la presencia geográfica de la empresa a 13 países y transformó a Saam Towage (el brazo de remolques) en el mayor operador del continente y el tercero a nivel global.
En agosto de 2023 se concretó la venta de los terminales portuarios y de las operaciones logísticas a Hapag-Lloyd por cerca de US$ 995 millones. Y desde entonces el foco lo puso en los remolcadores.
En eso se produjo la renuncia de Pérez Mackenna.
Los US$ 2 mil
Macario Valdés vuelve al holding de inversiones a cumplir su viejo anhelo de buscar oportunidades de inversión, comentan personas que lo conocen. Quiñenco cuenta con una caja de US$ 2 mil millones a la espera de ser invertida. En su debut en la junta de accionistas de abril, señaló: “Podemos asegurar que estamos en condiciones de realizar nuevas inversiones en Chile o en el extranjero”.
Hasta entonces, tanto Pérez Mackenna como el propio Andrónico Luksic habían hablado de crecer orgánicamente en Chile e inorgánicamente fuera. Ese criterio al parecer cambió, y Valdés estaría analizando oportunidades de negocio también en el país, en empresas en las que Quiñenco pueda ser controlador, tal como ha sido el estilo del grupo.
En eso trabaja codo a codo con Andrónico Luksic Lederer, quien dejó la plana ejecutiva de Antofagasta Minerals para asumir como vicepresidente de Quiñenco, donde tomó como función adicional la inversión en nuevos negocios. Tanto juntos, como por separado, han viajado varias veces en el semestre a buscar oportunidades, reunirse con familias empresarias y generar redes para preparar confianzas a la espera de buenos deals.
En el día a día Valdés trabaja en esa búsqueda con los dos subgerentes de desarrollo: Juan José Silva y José Tomás Larraín.
Tras su llegada, armó dos comités: uno ejecutivo, integrado por Rodrigo Hinzpeter, gerente legal; Eduardo Garnham, gerente de finanzas; Mauricio Lob, gerente de Asuntos Corporativos; y él, que sesiona todas las semanas. Y un comité de inversiones integrado por Óscar Hasbún, Pablo Granifo y Andrónico Luksic Lederer, del directorio; más el comité ejecutivo, los dos subgerentes de desarrollo y Valdés, que se reúne una vez al mes, precisamente a descartar o dar visto bueno a las alternativas de inversión en estudio.
Si bien hay presión en el mercado para saber qué pasará con esos US$ 2 mil millones, Macario Valdés en su estilo calmo y bajo perfil, ha señalado varias veces que no hay apuro.
Habrá que tener paciencia.
Hernán Gómez, el capitán
Cuando el ingeniero civil industrial con diploma en Transportes egresó de la UC en 2007, entró a trabajar con Diego Fleischmann, Matías Peró e Ignacio Álamos a Incured, una red de inversionistas ángeles. Con 23 años, Hernán Gómez partió como analista de inversiones, con el rol de hacer modelaciones financieras y unir puntas en los negocios. Un año y medio después se fue como gerente de finanzas a la empresa de servicios de higiene ambiental y manejo integral de plagas Bestway que en 2014 se vendió a la inglesa Rentokil. Cuando esa operación ya estaba encaminada, Gómez partió a Chicago a hacer un MBA. Ya casado, allá fue padre de su primer hijo. Actualmente tiene dos.
Viviendo en EEUU, lo citaron un sábado a una reunión en Nueva York con Francisco Pérez Mackenna. Gómez, cuentan testigos, llegó a tomar desayuno con el gerente del holding y en la puerta se topó con Juan Ignacio Eyzaguirre (ex jefe de gabinete de Sebastián Piñera), quien estaba terminando su MBA/MPA en Harvard y a quien conocía porque eran de la misma edad y tenían amigos en común. Primero entró uno, luego el otro. A la salida, Pérez les dijo “No se preocupen, si este puesto es para dos personas”.
Así, en julio de 2015 regresó a Chile como subgerente de proyectos y desarrollo de Quiñenco, al igual que Eyzaguirre, quien luego se fue a Nexans como gerente de Estrategia y M&A. Quienes han ocupado ese cargo en el holding de inversiones del grupo Luksic dicen que es el punto de partida para quienes hacen una carrera destacada en el grupo. Su función es buscar nuevas oportunidades de negocios. Y a la empresa, a su vez, le permite conocer a ejecutivos jóvenes que vienen llegando de MBA. Si bien eso no es un requisito, es un punto que se repite en varios de quienes han ocupado ese puesto. Previo a ellos estuvieron Antonio Cruz (gerente corporativo de desarrollo de CCU) con Cristóbal Merino (quien se trasladó de ahí a Empaques Flexa, la filial de Techpack del grupo Luksic en Colombia), y antes, Macario Valdés con Diego Bacigalupo (ex gerente de desarrollo de Quiñenco). Otros ejecutivos que han pasado por ahí son Jorge Ortega, CFO de Road Ranger; Vicente Mobarec, CEO de Licores y Vinos CCU; Eduardo Garnham, gerente de finanzas de Quiñenco; Ignacio Bulnes, director ejecutivo del family office de los Luksic; Nicolás Correa, gerente general de Enex, entre otros.

Volviendo a Gómez, cuando llevaba cerca de nueve meses en Quiñenco, Macario Valdés tomó la gerencia general de Saam y Gómez se fue con él como gerente de desarrollo de esa compañía. Quienes han trabajado con él cuentan que siempre quiso incorporarse rápidamente a las empresas del grupo porque le gustaba más el trabajo operacional que financiero y de estudios.
Según testigos, hasta entonces ambos ejecutivos prácticamente no se conocían, habían estado juntos un par de veces en reuniones que orquestaba Francisco Pérez Mackenna para que los gerentes de las distintas empresas del grupo se conocieran.
Los 10 años que siguieron Valdés y Gómez trabajaron codo a codo.
La separación de las hermanas
La Sudamericana Agencias Aéreas y Marítimas S.A. (Saam) había nacido en 1961 como una filial de la Compañía Sudamericana de Vapores (CSAV) dedicada a agencias marítimas y aéreas. En 2012 escindió de la matriz y pasó a cotizar como empresa separada, pasando a ser empresas “hermanas” bajo el mismo controlador: Quiñenco.
Cuando Gómez entró a Saam, ésta ya se había ordenado, y estaba buscando crecimiento en tres divisiones de negocios: puertos, remolcadores y logística. Gran parte de la operación trabajaba en Valparaíso -donde la compañía tenía un edificio de cinco pisos-, mientras que los ejecutivos estaban en Santiago. Cerca del 45% del negocio entonces provenía de los puertos: Saam era dueño del 100% del puerto de Iquique (había partido con 85%), 35% de Antofagasta, y la mitad del de San Antonio y San Vicente. Fuera de Chile, tenían puertos en Ecuador, Perú, México y Estados Unidos.
Paralelo al nombramiento de Óscar Hasbún como presidente de la empresa, en reemplazo de Felipe Joannon, Gómez pasó en 2017 a liderar la gerencia de Administración y Finanzas. En ese puesto, comentan conocedores, le tocó participar en primera línea en el proyecto de transformación de la compañía que tenía tres objetivos principales: cambiar el modelo operativo de la firma, bajar costos y recuperar la capacidad de crecer.
Un testigo de ese proceso lo explica: hasta entonces los ejecutivos de Saam actuaban más como directores, con discusiones sobre la relación con los inversionistas, bancos, impuestos, y poco involucramiento en el día a día de la operación. Asesorados por Mackenzie -y con Gómez como gerente del proyecto- la empresa implementó un proyecto para hacer una mejor transmisión de corriente entre Santiago y la operación y recuperar la rentabilidad. “Ese fue el inicio de la nueva etapa de la empresa”, explica un conocedor.
Ese proceso terminó en 2019. Ese año, Saam -que tenía un joint venture con la holandesa Royal Boskalis Westminster (dueña de SMIT, uno de los mayores operadores de remolcaje del mundo)- compró el porcentaje restante que la holandesa tenía en las operaciones de remolcadores en Brasil, Panamá, México y Canadá. La transacción se valorizó en US$ 200 millones. Esa operación, la más grande que había hecho la empresa hasta entonces, fue una declaración de Saam de entrar fuerte al negocio de remolcadores.
Felipe Rioja, quien había liderado esa unidad de negocio y llevaba 30 años en la empresa, quiso salir. Gómez tomó esa posta.
Los seis años que siguieron, con Gómez como gerente del negocio remolcadores, se dedicó a hacer crecer y potenciar el negocio con inversiones en Colombia, Perú y Brasil. Ya con operaciones en toda América, excepto EEUU -que por temas regulatorios no acepta a operadores extranjeros- lo que vino fue unificar los procesos, las formas de abordar el negocio y los servicios.
De América al mundo
Hernán Gómez (44) es el mayor de cuatro hermanos, y nieto mayor por padre y madre. Fanático de Colo Colo, estudió en The Grange School, donde fue compañero de Matías Bebin, gerente general de CCU Chile. Vivió dos años en Casablanca. En ese periodo se cambió al colegio Mackay de Viña del Mar, y le tocó enfrentar en la cancha de fútbol y rugby a sus ex compañeros del Grange como rivales. Fanático de las novelas históricas -sobre todo del Imperio Romano-, sus cercanos lo definen como “muy metódico”, “aguja”, con “humor de cara seria” y muy bajo perfil.
Cuando Macario Valdés fue nombrado gerente general de Quiñenco en enero pasado, tras la renuncia de Pérez Mackenna, el sucesor natural en la gerencia de Saam era Gómez, dado que comandaba el negocio fuerte de la empresa, que ya se había desprendido en 2023 todos los puertos a Hapag-Lloyd. De hecho, el ebitda de Saam hoy -con el negocio de remolques y Aerosan- es mayor al que tenía la empresa previa a la venta de los puertos.
Si bien Valdés y Gómez trabajaron juntos durante una década y quienes los conocen aseguran que en el 95% de los casos están de acuerdo en las decisiones, el nuevo gerente en estos siete meses ya ha hecho cambios en la estructura organizativa para dejarla preparada para una nueva etapa.
Trajo de vuelta el área de asuntos corporativos -que se había ido con la venta de los puertos-, hoy a cargo de Mayra Kohler, exgerenta de asuntos corporativos de Sky Airline. Creó un área de transformación digital, enfocada en eficientar la operación, a cargo de Javier Ocaranza, ex Accenture.
Hasta este año los países donde Saam opera funcionaban con country managers que reportaban al gerente general. Eso cambió. Se agruparon en clusters: Brasil es un cluster por sí solo; Chile (que representa sólo un 10% del negocio) se agrupó con Perú y Uruguay; Panamá, Ecuador, Colombia, Guatemala, Salvador y Costa Rica constituyen otro. Con eso, la estructura de cada país queda más liviana, y un cluster manager reporta a la gerencia en Santiago. El objetivo, explica una persona al tanto, es generar mayor eficiencia.
Los country manager senior, en tanto, pasaron a una nueva área de crecimiento. Por estos días, esas personas están viajando por Europa, Asia y Medio Oriente, en busca de oportunidades. Porque si Saam es la mayor firma de remolcadores de América y está en el top tres a nivel global, la apuesta para el nuevo ciclo que lidera Gómez es expandir su presencia en el resto del mundo y ser una compañía relevante con buena cobertura mundial.