Viña Concha y Toro volvió a poner fichas en el negocio inmobiliario. La compañía, ligada a las familias Guilisasti y Larraín, evalúa oportunidades de desarrollo sobre aproximadamente 120 hectáreas ubicadas en distintas comunas de la Región Metropolitana, en medio de un escenario que la propia firma identifica como de mayor actividad en el sector tras varios años de estancamiento, así como la menor oferta de terrenos aptos para proyectos de gran escala.
El movimiento abre una segunda etapa en la estrategia inmobiliaria que la viña creó en 2017 para capturar valor de activos con potencial de desarrollo, sin comprometer los terrenos necesarios para su actividad vitivinícola.
“La escasez de terrenos aptos para proyectos de gran escala en sectores en crecimiento, junto con un escenario de mayor dinamismo en el mercado inmobiliario, ha impulsado un renovado interés por este tipo de activos, dando pie a esta segunda etapa de la estrategia”, explicó el CFO de Viña Concha y Toro, Osvaldo Solar.
La compañía no detalló dónde están ubicadas las 120 hectáreas, su valorización ni el tipo de proyectos que podrían albergar. Tampoco significa que Concha y Toro vaya necesariamente a desarrollarlas directamente.
Entre las alternativas que está barajando la bodega está la venta de terrenos no esenciales, pero emplazados en ubicaciones con factibilidad para proyectos estratégicos de otras industrias en varias comunas de la Region Metropolitana (RM).
“La escasez de terrenos aptos para proyectos de gran escala (...) ha impulsado un renovado interés por este tipo de activos”, dijo el CFO de la viña, Osvaldo Solar.
Venta de terrenos y proyecto con Besalco
La estrategia de Concha y Toro contempla distintas fórmulas. La compañía señaló que las oportunidades serán analizadas bajo criterios de rentabilidad y creación de valor para los accionistas, incluyendo la posibilidad de desprenderse de terrenos que no sean esenciales para su operación.
La viña precisó que el portafolio bajo evaluación no considera viñedos destinados a la elaboración de vinos premium ni activos estratégicos para su negocio vitivinícola.
La icónica bodega, además, ya tiene experiencia en desarrollos inmobiliarios. La compañía mantiene una participación minoritaria en una asociación con Besalco para un proyecto residencial de cuatro edificios en La Cisterna.
El primero ya está operativo y registra una ocupación superior al 93% en departamentos para arriendo. El segundo fue recepcionado recientemente y cuenta con compromisos de venta por más del 90%, mientras que el tercero todavía no inicia su construcción, pero ya acumula promesas cercanas al 40% de las unidades proyectadas.
La monetización de activos inmobiliarios correrá en paralelo al crecimiento del negocio principal de la compañía, explicó la firma.
Cabe señalar que en los últimos años, Concha y Toro ha aumentado su capacidad productiva mediante la compra de fundos en Chile y recientemente incorporó un nuevo origen a su operación internacional con la adquisición de la viña francesa Maison Mirabeau.
200 hectáreas es el stock que Gps registra en Santiago para grandes proyectos industriales.
La presión por el suelo en Santiago
La decisión de la compañía se produce en un momento en que la disponibilidad de grandes paños se ha convertido en uno de los temas más relevantes para el mercado inmobiliario de la capital.
Según cifras de GPS Property, la RM cuenta con unas 10 mil hectáreas de suelo de uso industrial exclusivo. Sin embargo, dentro de ese universo existen aproximadamente 587 hectáreas de terrenos eriazos desarrollables de más de 5 hectáreas y, al acotar la búsqueda a grandes paños de al menos 20 hectáreas, la disponibilidad cae a unas 200 hectáreas.
Estas últimas corresponden a macrolotes con normativa industrial exclusiva que no se encuentran actualmente en manos de desarrolladores y que potencialmente podrían salir a la venta. Por sus características, pueden albergar centros de bodegaje, loteos industriales o data centers, entre otros proyectos.
La presión se concentra especialmente en el denominado suelo industrial “molesto”, categoría que ha recibido una creciente demanda para destinarlo a actividades logísticas y tecnológicas. De acuerdo con GPS Property, los data centers han absorbido más de 100 hectáreas durante los últimos cinco años, contribuyendo a presionar al alza los precios y aumentando la competencia por terrenos con condiciones adecuadas.
La consultora estima una demanda total por suelo industrial del orden de 80 hectáreas anuales, considerando centros de bodegaje multiarrendatarios, proyectos hechos a la medida, loteos industriales, usuarios finales y data centers. Bajo el supuesto de que no existan cambios regulatorios que amplíen la disponibilidad y que esa demanda se concentre en superficies superiores a 20 hectáreas, el stock de suelo industrial molesto disponible podría agotarse en alrededor de tres años.
Ese escenario no significa que las 120 hectáreas que analiza Concha y Toro correspondan a este mercado, pero parte de los activos están sujetos a entrar en esa categoría.
La viña no ha informado la normativa que rige esos terrenos ni sus potenciales usos. Pero la menor disponibilidad de grandes extensiones de suelo en la capital entrega un telón de fondo para la decisión de la compañía de volver a evaluar activamente su patrimonio inmobiliario.