El balance de PISA 2025 volvió a ser adverso para Chile. Los estudiantes retrocedieron en lectura y matemáticas, mientras la nueva prueba de resolución de problemas computacionales mostró que el rezago frente al promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) también alcanza una competencia clave para el mundo digital.
En lectura, los estudiantes chilenos alcanzaron 436 puntos, 12 menos que en la medición del reporte de 2022, mientras en matemáticas consiguieron 403 unidades, con una caída de nueve puntos. En ciencias, Chile se mantuvo prácticamente estable con 442.
Estas puntuaciones mantienen al país distante de la OCDE, con resultados 25 puntos inferiores en lectura y 60 puntos menores en matemáticas. Pese al retroceso nacional, ambas diferencias prácticamente no variaron desde 2022, ya que el promedio del bloque también cayó 14 y nueve puntos, respectivamente.
Chile no logró escapar a las brechas en la nueva evaluación de resolución de problemas computacionales, que examinó la capacidad de los estudiantes para enfrentar problemas mediante herramientas de programación y modelación, realizar experimentos, analizar datos y construir o depurar soluciones digitales. En este caso, Chile obtuvo 466 puntos, 34 menos que el promedio OCDE de 500.
El origen socioeconómico también marcó una amplia diferencia en los resultados. En Chile, los estudiantes pertenecientes al 25% de mayor nivel socioeconómico superaron por 76 puntos en ciencias -la disciplina evaluada con mayor profundidad en esta edición de PISA- a aquellos del 25% de menor nivel. Aunque considerable, esta brecha fue inferior a los 85 puntos registrados en promedio en la OCDE.
Retroceso mundial
Con todo, la caída en los aprendizajes superó ampliamente las fronteras chilenas. Entre los 74 países o economías que cuentan con datos comparables, 42 retrocedieron en lectura y 38 en matemáticas. Ciencias mostró mayor estabilidad, con resultados sin cambios significativos en 48 países y economías.En algunos casos, el deterioro fue superior a 20 puntos, una magnitud que se considera equivalente a un año de aprendizaje para estudiantes de esa edad.
Si bien la OCDE reconoció que la crisis sanitaria afectó la trayectoria educativa de la generación evaluada, advirtió que “el impacto de la pandemia sigue siendo parte importante del contexto, pero su papel no puede captarse solo por la duración de los cierres escolares”.

El organismo precisó que no existe una relación simple entre la extensión de los confinamientos y la evolución posterior de la lectura, y planteó que la experiencia de la pandemia pudo actuar como catalizador de cambios más profundos en los hábitos y valores. A ello se sumó la posible incidencia de un ausentismo persistente y de condiciones escolares más complejas.
Una de las señales más claras apareció en la evaluación de lectura. La proporción de respuestas rápidas e incorrectas aumentó, mientras el desempeño empeoró con mayor intensidad hacia el final del examen. Para la OCDE, estos patrones sugieren dificultades para mantener la atención, perseverar y enfrentar tareas exigentes durante períodos prolongados.
El informe consignó que los alumnos se mostraron “más inclinados a responder rápidamente” que a dejar sin contestar las preguntas difíciles. Al mismo tiempo, los estudiantes de numerosos países declararon menores niveles de esfuerzo durante la evaluación, motivación, curiosidad y perseverancia. Los sistemas donde más se debilitó el compromiso con el aprendizaje tendieron también a registrar caídas más pronunciadas en lectura, aunque la OCDE recalcó que esta relación no demuestra causalidad.
Las condiciones de aprendizaje también se volvieron más complejas. Los directores consultados por PISA reportaron un clima escolar más negativo, con episodios más frecuentes de vandalismo, robos, insultos e intimidación. Para ampliar este diagnóstico, el informe cita los resultados de TALIS 2024 -la encuesta internacional de la OCDE a docentes y directores sobre las condiciones de enseñanza-, según los cuales los profesores destinaban más tiempo a mantener el orden que en 2018, reduciendo el disponible para enseñar. En varios sistemas también disminuyó el apoyo familiar percibido y fueron menos frecuentes las conversaciones con los padres sobre la jornada escolar.
A ello se agrega una transformación de los hábitos digitales. Entre 2022 y 2025 aumentó el porcentaje de alumnos que declaró dedicar más de una hora diaria a las redes sociales o los videojuegos, mientras disminuyó el uso de dispositivos para buscar información práctica o crear contenidos. La OCDE plantea que este cambio podría ser relevante para comprender las dificultades en tareas que requieren una lectura sostenida y la integración de información compleja, pero insiste en que los datos no permiten establecer una relación causal directa.
Esa transformación del entorno de aprendizaje tiene una expresión concreta en las aulas chilenas, donde la distracción asociada con los dispositivos digitales supera ampliamente el promedio de las economías desarrolladas.
Chile y distracción digital
Más del 40% de los estudiantes chilenos declaró que sus compañeros se distraen utilizando dispositivos digitales durante la mayoría o todas las clases de ciencias, frente al 28% promedio de la OCDE. Chile integra, junto con Bulgaria y Polonia, el grupo donde esta proporción supera el 40%. En América Latina, el problema es todavía mayor en Argentina y Uruguay, con tasas de 55% y 57%, respectivamente.
El informe relaciona estas interrupciones con un menor desempeño en ciencias, incluso después de considerar las diferencias socioeconómicas entre estudiantes y establecimientos.
No obstante, la OCDE presentó estos resultados como una asociación y no como una demostración de que los teléfonos u otros dispositivos causen directamente la caída de los puntajes. De hecho, estableció que “el uso limitado o moderado de dispositivos para aprender suele asociarse con mejores resultados”, mientras su utilización recreativa en la escuela presenta la relación contraria.
El informe añadió que “con políticas claras sobre los teléfonos móviles, menos estudiantes se distraen”, ya sea mediante prohibiciones o pautas bien definidas.