Con mariachis, suspiro limeño y Dwayne Holloway, el delegado de Miami-Dade County, los cinco socios chilenos de Cunsa inauguraron su primera planta de vitaminas y suplementos alimenticios en Estados Unidos. El 14 de agosto, las parejas de hermanos Marco y César Esposito, y Pablo y Javier Plubins, junto a Francisco Cáceres, invitaron a los empleados que llevan más de 10 años trabajando en la empresa, a sus proveedores y clientes para cortar la cinta, recorrer la nueva fábrica, mostrar cómo hacen las tabletas, cápsulas y los suplementos en polvo que venden en más de 21 países, y recibir un reconocimiento de la alcaldía de Miami “por la inversión y la generación de empleo”.
Y es que la inversión de los chilenos en su nuevo laboratorio fue de US$ 5 millones y ya tienen más de 20 personas trabajando. Sus clientes son supermercados, farmacias y distribuidores que quieren tener líneas propias. Pero, aclaran, ellos no sólo fabrican los suplementos, sino también crean la marca, desarrollan las fórmulas, las adaptan a las normas de cada país, fabrican y diseñan los envases.
Y cuando ya están a la venta, también trabajan con las áreas comerciales de sus clientes: “Las grandes marcas internacionales desarrollan una fórmula para el mercado americano y no se adaptan a los países. Entonces, cuando alguien quiere llevar una marca importante a su país, se encuentra con que por temas regulatorios los productos no entran. Ahí ingresamos nosotros”, explica Javier Plubins.
En Chile trabajan con Jumbo, Cruz Verde y Farmacias Ahumada, además de 250 distribuidores minoristas; en México están Walmart, Farmacias Benavides, Farmacias San Pablo, Farmacias del Ahorro y Nutrisa; en Perú con Mifarma-Inkafarma, que tiene más de 2.200 puntos de venta, y para la empresa PriceSmart hacen productos para nueve países de Centroamérica y el Caribe. En los últimos años, además, se extendieron a Asia y África. Ya están en Singapur, Malasia, Hong Kong, Filipinas, Nigeria y Egipto.
Todo esto desde Estados Unidos, porque el sello “Made in USA” les sirve como respaldo de calidad y el puerto de Miami, además, les permite despachar a distintas partes del mundo. En total, Cunsa tiene más de 40 trabajadores entre EEUU, México, Perú y Chile. El año pasado facturaron US$ 60 millones.

De All Nutrition y Nutrimarket a Cunsa
A principios de los 2000, Francisco Cáceres estudiaba Ingeniería Civil en la PUC y compraba proteínas para después venderlas por internet: “Era más que nada para tener plata para salir de vacaciones. Ganaba como 30 lucas al mes”, recuerda.
Un día, su compañero de universidad Marco Esposito, que es hermano gemelo de César, fue a su casa para hacer un trabajo. Ahí vio los tarros de proteína y le dijo: “Oye, ¿nunca has pensado en traerte marcas?”.
Fue así que consiguieron la representación de Optimum Nutrition, una marca estadounidense de nutrición que en ese momento facturaba unos US$ 100 millones a nivel mundial, y crearon All Nutrition para empezar a vender esa y otras marcas de nutrición deportiva en Chile.
En paralelo, los hermanos Pablo y Javier Plubins estaban entrando al otro lado del mismo negocio. El primer trabajo de Javier después de la universidad fue evaluar el proyecto para traer la franquicia de General Nutrition Centers a Chile.
Ahí se interesó en el mundo de las vitaminas y el wellness, y con su hermano viajaron a Estados Unidos para buscar marcas e importarlas. Así crearon Nutrimarket.
Las dos empresas crecieron en paralelo hasta que un día en 2005, Javier Plubins llegó a la tienda que Cáceres y los Esposito tenían en Vitacura: “Llegó tocando la puerta y dijo: ‘Oye, yo vendo vitaminas y veo que ustedes no venden muchas. Me gustaría cachar si quieren comprar’. Y así nos conocimos”, recuerda Cáceres.
Se dieron cuenta rápido de que sus negocios se complementaban: Cáceres y los Esposito tenían la nutrición deportiva y los Plubins las vitaminas y el wellness. Por eso, para dar el salto internacional, decidieron asociarse.
En 2007 los cinco crearon Cunsa para el mercado internacional, mientras All Nutrition y Nutrimarket siguieron funcionando por separado en Chile. Hoy siguen siendo competidores en suelo nacional.
En 2009 abrieron en Perú, importando para la cadena Mifarma-Inkafarma. Después Cáceres y Plubins viajaron a México con el contacto de un encargado de Walmart.
No tenían mucha fe porque pensaban que una compañía de ese tamaño tendría resuelto el negocio de suplementos. Pero no era así: el ejecutivo mexicano tenía que hacer 25 productos, pero las fórmulas estadounidenses no le servían en su país.
Así, Walmart México se convirtió en su primer gran cliente. Después se sumaron Farmacias Benavides, Farmacias San Pablo, Farmacias del Ahorro y Nutrisa, que sumadas tienen más de 4.500 puntos de venta.
El sueño de la planta propia

Uno de sus principales proveedores era Avanti, una planta de Miami de 15 mil metros cuadrados y con 20 máquinas para fabricar tabletas, cápsulas y polvos, además de un laboratorio interno de control de calidad.
Llevaban años comprándoles cuando los dueños de dicha firma decidieron vender la fábrica a The Vitamin Shoppe, una cadena estadounidense especializada en suplementos.
Producto de esa transacción, Cunsa se quedó sin ese proveedor: “Dijimos: ‘Oye, tenemos que hacernos partícipes del laboratorio para tener control de la producción’”, recuerda Plubins.
Dos años después, los antiguos dueños de Avanti terminaron recomprando la fábrica y salieron a buscar inversionistas. Ahí los cinco chilenos entraron con US$ 4 millones. Actualmente, sólo el laboratorio de la compañía factura alrededor de US$ 150 millones.
Javier Plubins se fue a vivir a Miami en 2019 y Cáceres lo siguió en 2021. Desde que ambos llegaron, dice Cáceres, las ventas de la compañía se han triplicado.
Por ese crecimiento, en 2020 los chilenos comenzaron a pensar en armar una fábrica propia: “Avanti es una planta muy grande y nosotros necesitábamos una que nos permitiera hacer lotes más chicos, ser más rápidos y tener mayor flexibilidad con clientes que estaban probando productos”, explica Cáceres.
Buscaron por un año una fábrica para comprar, pero ninguna los convenció. Así que arrendaron un warehouse en Miami, compraron las máquinas y construyeron su propio laboratorio en 10 meses, con una inversión de US$ 5 millones.
Esa es la planta que inauguraron este 14 de agosto, con mariachis y suspiro limeño por sus ventas en México y Perú.