La decisión de tener hijos en Chile parece estar cada vez más cruzada por las condiciones económicas y laborales. Y aunque una parte de la población derechamente no contempla la maternidad o paternidad dentro de su proyecto de vida -un fenómeno que toma fuerza en Chile y el mundo-, un estudio mostró que entre quienes todavía dudan o actualmente no lo planean hay un factor que podría hacerlos reconsiderar: contar con mayor estabilidad económica.
El análisis, elaborado por CORPA Estudios de Mercado en alianza con Netquest, llegó a esa conclusión luego de indagar entre cerca de 500 personas las razones detrás de las decisiones sobre natalidad y las condiciones que podrían incidir en ellas.
Entre quienes no contemplan tener hijos o no están seguros de hacerlo, un 49% señaló que contar con una mayor estabilidad económica haría más probable cambiar de opinión. El factor supera ampliamente a otras alternativas, como tener una pareja estable (31%), mejorar el acceso a tratamientos de salud (25%) o contar con un mejor acceso a la vivienda (24%).
Los elementos vinculados directamente con el ámbito laboral también tienen un peso en la decisión, aunque más bajo. De hecho, un 18% mencionó políticas de trabajo más flexibles y un 16% una mejor legislación parental. Otro 12% apuntó a licencias parentales más largas y un 8% a contar con apoyo para el cuidado infantil.
Pero el estudio también entrega un contrapunto: para un 29% de quienes actualmente no planean tener hijos o están indecisos, ninguna de las condiciones consultadas modificaría su opción.
Del deseo a la decisión
Los resultados revelan una marcada diferencia según edad.
Entre las personas de hasta 50 años consideradas en el estudio, un 30% manifestó que le gustaría tener hijos en el futuro, mientras un 29% dijo que no prevé hacerlo y un 15% todavía no sabe. Otro 26% ya tiene hijos y no considera más.
Entre los jóvenes de 18 a 25 años, un 64% afirmó que le gustaría tener hijos en el futuro. La proporción cae a 32% en el rango etario de 26 a 30 años; a 28% en el tramo de 31 a 40 años; y llega a solo 13% entre las personas de 41 a 50 años.
Además, entre aquellos sin hijos actualmente, un 42% manifestó que le gustaría tenerlos, mientras un 35% señaló que no lo contempla y un 23% se mantiene indeciso. Quienes sí proyectan convertirse en padres o madres en algún momento, piensan principalmente en familias pequeñas: un 35% tendría un hijo y un 53%, dos.
Al preguntar por las razones que explicarían, a nivel de sociedad, que las personas ya no quieran tener hijos, los factores económicos lideraron ampliamente.
Un 69% apuntó a motivos económicos o el costo de la vida. En segundo lugar se ubicó la prioridad otorgada al desarrollo profesional, con 50%; y, posteriormente, apareció la falta de tiempo o las dificultades para conciliar trabajo y vida personal, con 37%.
El listado evidenció más atrás el hecho de no contar con una pareja adecuada (29%), la incertidumbre sobre el futuro (27%) y no querer perder la libertad personal (26%).
La importancia de la situación económica vuelve a surgir cuando la pregunta deja de referirse a la sociedad y se concentra en las razones personales. Entre quienes hoy no tiene hijos y no planean tenerlos o todavía no están seguros, un 41% aludió a los motivos económicos o el costo de la vida. Un 32% apuntó a priorizar su desarrollo profesional y un 30% a no querer perder su libertad personal.
También aparecen la incertidumbre respecto del futuro y no tener una pareja adecuada, ambas con 22%, además de dificultades para compatibilizar el tiempo, el trabajo y la vida personal, también con 22%.
El economista conductual y gerente de Intelligence de CORPA, Pavel Castillo, sostuvo que entre los más jóvenes la principal razón para postergar la decisión de tener hijos es priorizar el desarrollo profesional, mientras que entre los adultos predominan los motivos económicos o el deseo de mantener la libertad personal.
A su juicio, pese al aumento de los ingresos reales y al mayor acceso a bienes respecto de generaciones anteriores, existen otros obstáculos. “La vivienda se ha encarecido considerablemente y el acceso al crédito se ha vuelto más complejo. Esa falta de certezas económicas y un hogar propio pueden estar influyendo en la decisión de tener hijos”, señaló.
Para Castillo, los resultados evidencian que el desafío no pasa únicamente por incentivos específicos. “La mitad de las personas afirma que tendría hijos si contara con una mayor estabilidad económica. Esto demuestra que el desafío no pasa solo por entregar incentivos, sino por entender qué factores generan esa sensación de incertidumbre”, afirmó.