Este martes 15 de septiembre Richard von Appen estará de cumpleaños y cambiará de folio, pues cumple 60 años. Pero lejos del retiro, este hombre de negocios, presidente del grupo Ultramar, saltó nuevamente a la palestra pública hace unos días, al oficializar su intención de competir para encabezar la Corporación de la Producción y del Comercio (CPC), de cara al término del período de Susana Jiménez. Con la mira en estos comicios de diciembre, Von Appen -quien ya fue presidente de la Sofofa- es hasta ahora el único candidato completamente en carrera. La SNA nominó a Antonio Walker, pero éste definió que después del 18 zanjaría su decisión. Y otras ramas del empresariado, como la banca, están analizando levantar un candidato -suena Félix de Vicente- pero hasta ahora esto no se ha oficializado.
Von Appen aún no define quién será su dupla en la vicepresidencia en esta candidatura, pero sí tiene claro -explican en su entorno- que debe ser alguien complementario, y que es deseable que tenga buen conocimiento de las regiones. Y, tal como ocurrió cuando fue el líder de los industriales, no tiene pensado dejar la presidencia de Ultramar si sale escogido en la CPC, convencido de que es una fortaleza que quien lidere la multigremial esté en contacto con el mercado y el mundo de la empresa directamente.
Ahora bien, mientras la carrera gremial del gran empresariado recién empieza, puertas adentro, el grupo Ultramar está viviendo momentos de cambio, expansión e inversiones y la llegada de la cuarta generación.
Se suma la cuarta generación
Un poquito de historia. El grupo nació hace más de 70 años, cuando Albert Von Appen le dio vida en 1952 como agencia marítima. Había trabajado en la Hamburg-Amerika Linie, y le ofrecieron ser representante en Chile. Así, en aquel año surgió Ultramar como proveedor de servicios relacionados con el comercio exterior, y con los años fue sumando más y más negocios complementarios. Un ejemplo: en 1956 fue designado como representante de Lufthansa, inaugurándose los vuelos directos a Chile.
Sin embargo, en 1971 Albert Von Appen murió intempestivamente, lo que hizo que sus dos hijos todavía bastante jóvenes, Sven y Wolf Von Appen Behrmann, tuvieran que hacerse cargo de estas representaciones, teniendo a su favor que ambos ya se habían perfeccionado en la industria naviera, en Inglaterra y Alemania.
Fue en la tercera generación, conformada por los siete hijos que entre ambos sumaron -cuatro de Sven y tres de Wolf-, los que sellaron una división de negocios. Por ello, hoy Ultramar depende de la sociedad Servicios Marítimos Inversiones Panguipulli, que es su controladora, compañía que sólo agrupa los intereses de la familia Von Appen Lahres, es decir, la rama descendiente de Wolf Von Appen: Richard y sus hermanas Beatriz y Marion. Y agrupa los negocios “en la orilla”, o sea, inserto en negocios en tierra, pero vinculados al mundo marítimo, con tres áreas de negocios: agencias, logística industrial y puertos.
La rama de los hijos del ya fallecido Sven Von Appen, los primos Dag, Sylvia, Birgit y Per Von Appen Burose, manejan de forma autónoma otra compañía, Ultranav, que son los negocios navieros: buques tanque, gas, graneleros secos, transporte marítimo costero, remolques y operaciones en alta mar.
Aunque se trata de una firma cerrada, Ultramar hace ya tiempo que profesionalizó su gobierno corporativo, conformado por cuatro directores: Richard en la presidencia, acompañado del abogado Felipe Vial Claro y la ingeniera Alejandra Mehech. Desde hace tres meses, dejó el cargo un cuarto integrante de esta mesa, Guillermo Tagle, quien aún no ha sido reemplazado.
Y hace un mes se sumó, a nivel ejecutivo, a la primera integrante de la cuarta generación de esta familia, la hija mayor de Richard Von Appen. Casado con Ximena Terre Fontbona -sobrina de Iris Fontbona, la madre de los hermanos Luksic-, en la actualidad esta familia Von Appen Terre la integran Amelia, Victoria, Margarita, Elena, Gracia, y los mellizos Richard y Wolf. Sólo las mayores están ya con carreras profesionales desplegadas, pues los demás aún son estudiantes universitarios y escolares (los mellizos). La mayor de esta familia se acaba de integrar a Ultramar en agosto pasado, a un cargo definido como line manager, es decir, quien se encarga de una ruta o línea específica.
“Después de dos años increíbles, me gradué con un MBA de The Wharton School, y un MA de The Lauder Institute University of Pennsylvania. Estoy infinitamente agradecida por todo lo que aprendí y las experiencias que tuve (…) Ahora empieza una nueva etapa en Ultramar, un lugar que tiene un profundo significado para mí, muy emocionada de aprender y contribuir”, escribió hace una semana Amelia Von Appen en su LinkedIn, una ingeniera comercial de la PUC -al igual que su padre-, que en el pasado trabajó en Cencosud. Victoria, quien optó por la UAI para su BBA (Bachelor of Business Administration), trabaja en CCU, mientras Margarita se decidió por un campo totalmente distinto a los negocios, como psicóloga clínica de la PUC, y ha desarrollado su carrera en el área infanto juvenil. En el entorno del grupo dicen que un requisito de ingreso es haber trabajado fuera de la empresa.

El peso de Ultramar
Ultramar es un verdadero coloso en el mundo portuario logístico. Su presencia alcanza a 27 países -15 en América, incluidos Estados Unidos, Canadá y México-, Europa del Norte -Alemania, Países Bajos, Irlanda y Reino Unido- y Asia, en India, China, Taiwán, Vietnam, Tailandia, Singapur y Japón. Son en total más de 150 unidades de negocios.
Aunque como sociedad cerrada no hay datos financieros públicos, su Reporte de Sostenibilidad permite ver que en 2025 este grupo registró ventas totales por US$ 1.066 millones, mayores a los US$ 998 millones de 2024.
Sus negocios están agrupados en tres grandes áreas. Una se llama DAIS, dedicada al agenciamiento: lo mismo que hace una agencia de viajes con las personas, pero con la carga, siendo un puente entre el barco y su tripulación y proveedores y autoridades portuarias, con todos los servicios que esto implique. Una segunda, de nombre Kaptan, está en el rubro logística industrial, con depósitos y bodegas para el acopio y almacenamiento de la carga y contenedores. Y la tercera es la operación portuaria, llamada Neltume Ports, que en sociedad con la canadiense Atco -que tiene el 40%- maneja como filiales o coligadas más de una veintena de terminales, como Terminal Pacífico Sur Valparaíso (TPS), Terminal Puerto Coquimbo (TPC), entre muchos.
En particular esta última unidad está por estos días impulsando una millonaria inversión. Se sitúa en Uruguay y trata de un proyecto portuario por US$ 900 millones en Montevideo. La firma anunció esta semana su intención de desarrollar una iniciativa denominada Montevideo Container Terminal (MCT), una nueva terminal especializada de contenedores en el Puerto de Montevideo, que generaría una capacidad superior a un millón de TEUs anuales. La iniciativa la presentaron al gobierno de Uruguay para iniciar su proceso de evaluación por parte de las autoridades y, según recogió prensa especializada de ese país, la propuesta constituye la mayor inversión portuaria privada planteada allá.
En el detalle, el proyecto contempla la construcción de una terminal especializada que considera unos 940 metros de línea de atraque para dos buques post panamax de última generación. Incluye también un muelle especializado para cargas de trasbordo en barcazas, 38 hectáreas de superficie operativa, accesos independientes, tecnología, con capacidad para movilizar hasta 1.150.000 TEU al año. Este desarrollo permitiría ampliar significativamente la capacidad operativa del Puerto de Montevideo y generaría unos 1.800 puestos de trabajo, impulsando la llegada de nuevas líneas navieras internacionales.
La veta emprendedora
En el ámbito de los negocios y al margen de Ultramar, Richard von Appen también ha tenido su propia veta de proyectos. En el pasado fue inversor de Elsuper.cl, un supermercado digital que desarrolló en 2016 el exCencosud Pablo Castillo, lo que hoy sería como una dark store. Pero este emprendimiento, al que Von Appen ingresó en una segunda ronda de capital, terminó cerrando tras la competencia que impuso Cornershop. Con todo, esa veta Von Appen la mantuvo y a través de la sociedad Inversiones Palo Alto se ha dedicado a apoyar emprendimientos, en compañía de Daniel Contesse, el vicerrector de Innovación y Desarrollo de la UDD.
El “Cucho” y la pacificación de los puertos
Aunque su nombre completo es Richard Hans Albert von Appen Lahres, su apodo es más simple: “Cucho”. Así lo conocen su cercanos, incluidos excompañeros de colegio. Y obviamente, por su impronta alemana, sus estudios escolares los cursó en el Colegio Alemán, del que salió en 1984. Allí coincidió con varios conocidos de los negocios, como los Paulmann. Eberhard Paulmann Mast fue compañero del mismo nivel; Manfred Paulmann Koepfer iba un curso más abajo.
Bueno para la matemática y entusiasta del fútbol, un excompañero de Richard von Appen recuerda una anécdota. Para un paseo de curso de tercero medio, fueron a Antofagasta y se había organizado una salida, un paseo por el mar, en un remolcador de Ultramar. Pero ocurrió que “Cucho” y otro compañero no se embarcaron. Algunos dicen que la razón fue porque prefirieron quedarse dormidos tras los clásicos trasnoches de una gira de estudios. Otros dicen que fue porque otro compañero había soñado que la embarcación se hundiría. Como sea, el caso es que la ausencia de Richard del paseo, por supuesto que no fue bien recibida por su progenitor, recuerda un testigo entre risas.
La carrera académica y laboral de Von Appen ha sido bastante cosmopolita, pues, ya sea por estudios o trabajo, en varias ocasiones ha vivido fuera de Chile. Después de terminar de estudiar ingeniería comercial en la PUC trabajó en distintas empresas en el área de transporte marítimo y aéreo, brokers e industria financiera en New Orleans, Nueva York, Frankfurt y Londres. Y después se integró a Ultramar Agencia Marítima, quedando a cargo de la oficina en Antofagasta por dos años y luego, en Buenos Aires, a cargo de las dos agencias que tiene Ultramar en Argentina, por otros tres años.
En 2010 se fue junto a su familia a cursar un máster en la Universidad de Stanford por un año.
“Con el Cucho fuimos compañeros de colegio, pero algunos de nuestros mejores recuerdos los construimos bastante lejos de la sala de clases. En 1983 partimos de intercambio a Alemania. Cada uno vivía con una familia distinta, pero siempre encontrábamos la manera de juntarnos. Recorrimos Hamburgo y otros lugares, conocimos gente y disfrutamos esa libertad que, cuando uno es adolescente y está lejos de casa, convierte cualquier salida en una aventura. Lo pasamos extraordinariamente bien”, cuenta Claudio Easton, quien recuerda que en el colegio lo habitual era hacer un solo intercambio: Alemania o Estados Unidos. “Y yo logré convencer a mi papá de que al año siguiente me dejara ir también a Estados Unidos. Apenas se enteró, me dijo: ‘Ah, espérate, yo también quiero ir’. Así terminamos nuevamente juntos, esta vez recorriendo Estados Unidos. Washington, Miami y tantos recuerdos de un viaje que fue espectacular, sobre todo por haberlo compartido”, agrega Easton.
¿Por qué ahora Von Appen quiso lanzarse en la CPC? En su entorno explican que está convencido de que Chile cerró un ciclo que duró los últimos cinco años y que ahora debe iniciar otro diferente, y que él cuenta con la experiencia empresarial en múltiples industrias -logística, infraestructura, logística, agrícola, comercio, banca, etc- que lo habilita para ese desafío, en el que se va a requerir capacidad de diálogo.
Alguien que lo recuerda en esa línea es Arturo Martínez, el expresidente de la CUT, quien rememora que cuando ejerció este cargo sindical, quien llevaba los temas portuarios era Wolf von Appen, pero que lo asesoraba Richard. “Richard arreglaba los temas. Logramos instalar paz social. Se pacificaron los puertos y entregaron beneficios a los trabajadores”, recuerda Martínez sobre Richard von Appen, a quien califica como una “persona dialogante” y accesible, que entendía que los temas se construyen con los trabajadores.