Tres veces a la semana Tomás Platovsky está en pie a las 5:40 AM para entrenar. Una disciplina profundamente arraigada en su vida, tras un pasado en que por 10 años practicó rugby, deporte al que a punta de esfuerzo llegó al nivel competitivo. Ocurría que cuando salió del colegio sólo pesaba 65 kilos, bajo para los estándares requeridos. Pero con entrenamiento, en dos años y medio llegó a pesar 90 kilos, sacando músculo, lo que le permitió hacer una carrera jugando en el Old Boys Club, también como seleccionado en los equipos U19, U21 y, ya de adulto, de seven a side. Todo hasta 2006 a nivel competitivo.
Hoy en su vida laboral hay otra disciplina que sigue rigurosa. Al partir la jornada en Falabella, lo primero que hace es mirar cómo anduvo la venta del día anterior. Es que desde 2007 que Tomás Platovsky ha estado vinculado a este grupo, en particular en Falabella Retail. La misma área en que acaba de ser ascendido a gerente general corporativo, cargo que asumirá el 1 de octubre, en reemplazo de Francisco Irarrázaval. Con ello, Platovsky se instala en la primera línea de la alta gerencia de Falabella, como uno de los gerentes divisionales que reportan directamente al CEO corporativo.
Los porotos y el stock options que no fue
Al igual que su padre -el conocido empresario Daniel Platovksy, hoy retirado-, Tomás Platovsky estudió en The Grange School, de la generación de 1996 de egreso, con la que aún mantiene una relación muy cercana con muchos excompañeros, como el actual CEO de Colbún José Ignacio Escobar, un amigo desde que eran niños. Quienes lo recuerdan de esos años explican que no era “mateo”, pero sí un buen alumno, de aquellos que estudiaban para obtener resultados. Y como tenía una particular facilidad para la biología y la química, en algún momento pensó estudiar medicina. Un camino que finalmente Platovsky no siguió, al meditar que, para entrar a la PUC, que era su objetivo, tendría que sacar puntaje nacional en todas las pruebas de admisión y además proyectarse en un horizonte de al menos ocho años de estudios.
Así, tras un bachillerato en Ciencias al que entró en 1997 -mientras también se preparaba para un mundial de Rugby que se jugaba en Francia-, se decantó por dar la PAA de nuevo y entrar a ingeniería comercial en la PUC, estudios que más tarde complementaría con un AMP en Harvard. Quienes lo conocen explican que Platovsky tenía trazado para sí mismo un objetivo claro: ser empresario antes de los 40 años.
Su vida había estado desde niño ligada a Mellafe y Salas, la empresa familiar que habían forjado su abuelo y su padre, Milan y Daniel Platovsky, respectivamente, que en los años ‘70 y ‘80 era uno de los más importantes distribuidores de equipos de electrónica del país, con marcas como Panasonic, entre otras. Compañía a la que por tradición y formación familiar, él y sus hermanos, desde niños frecuentaban trabajando en los veranos en labores de bodega o limpieza, comiendo porotos con los demás trabajadores, o ya más grandes, repartiendo documentos, con la única salvedad de que los viernes, el abuelo los regaloneaba sacándolos a almorzar. Y en la época universitaria allí mismo hizo la práctica -con un jefe que no era su padre-, si bien Tomás Platovsky tuvo claro desde siempre que su futuro laboral no estaba en Mellafe y Salas, porque en el pacto de accionistas de esta compañía estaba estipulado que las nuevas generaciones no podían trabajar como empleados. No había espacio para la segunda generación y eso lo hizo saber desde muy joven que tenía que labrarse un camino propio.
Y con un cese de la mesada paterna desde el día en que egresó de los estudios, Tomás Platovsky envió currículum a todos lados y encontró un cupo en el Banco Security, en el área de banca electrónica, donde estuvo sólo ocho meses. Pronto se entusiasmó con Lounge, un proyecto de tiendas de especialidad -básicamente venta de accesorios femeninos- que habían puesto en marcha Cristóbal Lira y Guillermo Agüero, entre otros gestores, y con el que Tomás Platovsky se entusiasmó ante la posibilidad de que con el tiempo lo aceptaran también como socio, mediante un mecanismo de stock options, al cabo de dos años y medio.
Allí llegó entonces como gerente de Productos, transformándose esta firma en un aprendizaje a fondo para él en la industria del retail, pues al instante estaba embarcado en un avión rumbo a Europa para comprar muestras de productos, y luego a China para buscar proveedores.
Lounge creció, llegaron a abrir 24 locales, pero al cabo del tiempo conversado, su sueño de llegar a ser socio se esfumó porque la respuesta fue que no estaban las condiciones para una dilución de la propiedad. Y ante la expectativa de seguir siendo empleado, buscó dar el salto a una compañía más grande.
La evaluación 360
La oportunidad llegó en Falabella. Supo que había opciones a través de otro ejecutivo, Cristián Fuenzalida, que trabaja como gerente corporativo de hombres, y logró entrar al área de Falabella Retail, donde ha hecho su carrera en las últimas dos décadas. En un resumen: primero ingresó como brand manager de Diadora. Al cabo de siete meses pasó a estar a cargo de toda el área de deportes. Su siguiente paso fue hacerse cargo de las tiendas stand alone, es decir, de todos los locales de marcas representadas por Falabella, como Americanino, La Martina, Mango, Aldo, entre otras, pero que al ser marcas internacionales y exclusivas tienen un modelo de operación distinto.
Y aunque tuvo el interés de que lo trasladaran a la oficina en China, finalmente se quedó en Chile. Pasó a gerente de la zona oriente, a cargo de los locales de Costanera Center, Alto Las Condes, Parque Arauco y Lyon. Luego, gerente comercial de Chile, a cargo de todas las tiendas de Arica a Punta Arenas. Luego asumió la gerencia comercial regional, a cargo de las tiendas en Chile, Perú, Colombia y Argentina. Luego lo nombraron gerente general de Chile, y ahora asumirá la gerencia general corporativa de Falabella Retail, tras la partida de Francisco Irarrázaval.
Quienes conocen este proceso, explican que, fiel al estilo de Falabella, hubo otros candidatos también internos para el cupo abierto, pero que en la elección de Platovsky pesaron factores muy específicos, como las buenas evaluaciones 360 que venía cosechando de pares y jefes, su mirada muy de “equipo”, y la aprobación de dos directorios, el de la unidad de Falabella Retail -que integran Juan Pablo Montero (presidente), Iñigo De Llano, Alex Szapiro, Sebastián Arispe, Giorgianna Cúneo, Alejandro González y Fernando de Peña-, y el directorio de la matriz.
El “clientecentrismo”
de Juan Cúneo
Desde su nuevo rol, Platovsky tendrá la responsabilidad de las tiendas Falabella en los tres países, pero también del e-commerce, lo que involucra también ventas de otras áreas, como los sellers y de Sodimac. En suma, potenciar Falabella Retail dentro del “ecosistema” de la compañía. El gran foco estará puesto en el canal online, pues -dicen en su entorno-, Platovsky cree que puede llegar a representar el 50% de la venta. Sin perjuicio de que en el plan están abiertos a opciones de crecimiento inorgánico en la región y a aperturas de tiendas, viendo que Perú es la tierra más fértil en ese sentido.
En este paso por Falabella, Platovsky alcanzó a trabajar al alero de Juan Cúneo, cuando éste era presidente ejecutivo del grupo. Ambos, dicen en el entorno de Platovsky, visitaron tiendas, experiencia de la que aprendió a fuego e hizo suyo un concepto: el “clientecentrismo”.
Una persona que los conoció a ambos lo grafica con una anécdota que presenció. En una visita, Cúneo se dio cuenta de que faltaba mercadería en un stand, y preguntó al encargado del local por qué no estaban las poleras en cuestión. La respuesta que Cúneo recibió fue que no se preocupara, que ya estaban hechas las órdenes de compra. A lo que Cúneo respondió con sarcasmo: que colgaran las órdenes de compra, a ver si los clientes podían comprar esos papeles y quedar satisfechos.
Con esa escuela, en el entorno de Platovsky dicen que más allá del anhelo de juventud de ser empresario, siente que Falabella “es su lugar” y que ahí ha podido desplegar su espíritu emprendedor y de dueño. Por ejemplo, ha tenido a su alero un área que, aunque menor en el contexto de volumen de negocios que maneja todo el grupo Falabella, para Platovsky tiene un significado especial, emocional y que nunca ha soltado: el departamento de novios, pues su abuela materna, Rosa Marinetti -la “Yeya”-, fue por años “madrina” de novios en la época de Juan Cúneo. Ahora, cuentan entendidos, dadas las tendencias demográficas, este departamento está en pleno proceso de reformulación, de manera que ya no sólo sea de novios, sino que evolucione bajo el mismo mecanismo a otro tipo de celebraciones, como cumpleaños, inauguraciones, etc.
En su vida más personal, una de las aficiones de Tomás Platovsky es la cocina, especialmente la italiana -preparar risottos, pastas-, habilidad que viene de la familia, pues su madre, Anita Mingo, es chef. También es socio junto a sus hermanos de la firma de equipamiento médico Plusmedical, pero es totalmente pasivo, pues esta firma está a cargo de su hermano Daniel.