El 4 de octubre más de 150 millones de ciudadanos podrán votar para definir al próximo Presidente de Brasil. A casi un mes de los comicios, Luiz Inácio Lula da Silva mantiene una ventaja sobre Flávio Bolsonaro, en un escenario que -igualmente- apunta a que todo se definirá en la segunda vuelta, agendada para 25 del mismo mes.
Las dos encuestas nacionales más recientes coinciden en una diferencia de entre seis y siete puntos en primera vuelta, pero muestran una competencia mucho más estrecha en un eventual balotaje. Quaest, en un sondeo encargado por O Globo, sitúa al actual mandatario con 37% de las preferencias, frente al 30% de su rival; en segunda vuelta, la distancia se reduce a apenas un punto, con 42% para Lula y 41% para Bolsonaro. Un panorama similar ofrece el sondeo de BTG/Nexus, con 39% y 33%, respectivamente, en primera vuelta, mientras que en el balotaje la diferencia vuelve a ser mínima, con 46% y 45%.
En ese marco, los esfuerzos de las próximas semanas resultarán cruciales. El senior consultant de Control Risks, Thiago Amancio, explicó que ambos candidatos buscarán ampliar su alcance más allá de sus bases tradicionales y conquistar al electorado de centro, que podría resultar decisivo.
“El objetivo de los dos, en esta última etapa de campaña, es ampliar su llegada más allá de sus bases tradicionales y conquistar al elector más centrista, que probablemente será decisivo en una eventual segunda vuelta”, señaló a DF el experto brasileño.
Los desafíos, sin embargo, son distintos. Según Amancio, Bolsonaro tiene una debilidad especialmente marcada entre las mujeres, por lo que su campaña intenta proyectar una imagen más moderada y familiar para acercarse a ese segmento. Lula, en tanto, necesita ganar terreno entre los evangélicos y los sectores de ingresos medios y altos, donde su rival mantiene una ventaja importante.
Pero la disputa por esos electores también estará atravesada por un eje político que, según el académico del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, Gilberto Aranda, marcará las próximas semanas.
“La palabra clave de la recta final de la campaña brasileña es soberanía”, afirmó, precisando que en el caso de Lula se trata de una concepción de soberanía asociada a los recursos y el territorio, mientras que Bolsonaro apuesta por una mirada “interdependentista”, con un alineamiento mucho más marcado con Estados Unidos.
“El objetivo de los dos, en esta última etapa de campaña, es ampliar su llegada más allá de sus bases tradicionales y conquistar al elector más centrista, que será decisivo en una eventual segunda vuelta”, dijo el analista brasileño Thiago Amancio.
Un asunto regional
Más allá de la disputa interna, el resultado brasileño tendrá implicancias para el equilibrio político de Sudamérica, donde las últimas elecciones han marcado un avance de la derecha. Para Aranda, Brasil es la pieza decisiva de ese proceso por su peso territorial, demográfico y político.
“Es la joya de la corona que la tendencia que se ha ido afincando está esperando”, afirmó. Una victoria de Bolsonaro, sostuvo, significaría que esa corriente “está absolutamente afincada y tiene un espacio mayor de despliegue”; mientras que un triunfo de Lula actuaría como un contrapeso. “El peso de Brasil es demasiado importante y, por lo tanto, el futuro de esta tendencia política también reposa en ese resultado”, agregó.
El diagnóstico coincide con el reciente Balance Macroeconómico Regional del banco Bladex, que identificó un cambio en la orientación política de América Latina, con un creciente respaldo a candidatos y plataformas centradas en seguridad y orden público.
Tras las victorias de fuerzas de derecha en países como Chile, Perú y Colombia, el banco planteó que la elección brasileña de octubre será determinante para establecer si esta ola conservadora se convierte en el nuevo equilibrio político regional o comienza a encontrar contrapesos relevantes.
Sin embargo, Thiago Amancio introduce un matiz. A su juicio, la elección responde principalmente a dinámicas internas, aunque su resultado tendrá efectos sobre el equilibrio político sudamericano.
Además, relativiza el impacto que las diferencias ideológicas puedan tener en las relaciones regionales, considerando que bajo la administración de Lula, Brasil ha mantenido vínculos institucionales con gobiernos de distinto signo, incluido el de José Antonio Kast en Chile.
El peso económico, comercial y de las inversiones brasileñas actúa como factor de contención, agregó Amancio, porque para los países vecinos “no es prudente deteriorar innecesariamente las relaciones con un socio económico de ese tamaño”.