La creciente preocupación por los riesgos de la inteligencia artificial (IA) llegó esta semana a una de las principales instancias de coordinación económica mundial. Andrew Bailey, presidente del Banco de Inglaterra (BoE) y del Financial Stability Board (FSB), advirtió que el avance de los modelos más sofisticados de esta tecnología está abriendo nuevas vulnerabilidades para el sistema financiero, desde la posibilidad de ciberataques de mayor alcance hasta el riesgo de que el entusiasmo inversor amplifique una eventual corrección de los mercados.
Bailey planteó sus inquietudes en una carta dirigida a los ministros de Finanzas y presidentes de bancos centrales del G20, publicada en el marco de la reunión que estas autoridades celebran entre el lunes y este martes en Asheville, Carolina del Norte. El encuentro es el segundo de este nivel bajo la presidencia estadounidense del G20 y tiene entre sus principales temas las perspectivas de la economía mundial, las políticas para fortalecer el crecimiento y la resiliencia, los desequilibrios globales y la sostenibilidad de la deuda soberana.
La advertencia de Bailey suma así una nueva dimensión a las alarmas que ha despertado recientemente el rápido avance de la IA. La semana pasada, el cofundador de Microsoft, Bill Gates, manifestó una creciente preocupación por sus efectos sobre el mercado laboral y planteó que los gobiernos deberían evaluar medidas como reservar determinados trabajos para las personas y modificar los incentivos tributarios que favorecen la automatización. Gates dijo estar “extremadamente preocupado” por el impacto sobre los empleos de oficina durante los próximos dos años y, posteriormente, también sobre ocupaciones manuales.
En el caso de Bailey, la preocupación está puesta en la estabilidad del sistema financiero global. El británico preside además del BoE el FSB, organismo internacional que reúne a autoridades financieras y reguladores de las principales economías y coordina las reformas destinadas a fortalecer la estabilidad financiera mundial.
Líneas de riesgo
Una de las primeras señales de alerta identificadas por Bailey se encuentra en los propios mercados que se han beneficiado del auge de la IA. El presidente del FSB advirtió que las valoraciones de las inversiones relacionadas con esta tecnología se encuentran tensionadas, en un contexto en que también ha aumentado el uso de deuda para invertir y persiste una elevada concentración del mercado.
El problema, sostuvo, no es simplemente que los inversionistas estén tomando más deuda. El riesgo surge de la combinación entre apalancamiento, altas valoraciones y concentración, particularmente por el aumento de las inversiones cruzadas entre compañías de IA y los grandes proveedores de infraestructura tecnológica o hyperscalers.
Esta interacción, advirtió Bailey, podría “amplificar una futura corrección del mercado”. Por ello, señaló que continúa preocupado ante la posibilidad de que “un gran shock o una combinación de shocks pueda activar simultáneamente múltiples vulnerabilidades”.
El riesgo se inserta, además, en un escenario financiero ya exigente. Bailey sostuvo que los mercados siguen expuestos a “una corrección potencialmente desordenada que podría propagarse a través de las fronteras”, mencionando entre las fragilidades actuales los elevados niveles de emisión y apalancamiento en los mercados de deuda soberana y los problemas de liquidez, interconexión y opacidad existentes en el crédito privado.
La amenaza de los ciberataques
Pero es el desarrollo de la denominada “IA de frontera”, es decir, los modelos más avanzados, con capacidades crecientes de autonomía y resolución de problemas, el que Bailey identifica como una nueva fuente de riesgo.
“Para el sistema financiero, la preocupación más inmediata es el potencial impacto de la IA de frontera sobre el riesgo cibernético”, afirmó. Según explicó, estos modelos podrían alterar sustancialmente “la velocidad, escala y economía del riesgo cibernético”, hasta el punto de afectar la confianza en el conjunto del sistema financiero.
La amenaza adquiere especial relevancia debido a la alta interconexión de las finanzas globales. Un ataque o una disrupción tecnológica puede propagarse entre países mediante proveedores comunes, infraestructura compartida y operaciones financieras transfronterizas. A ello se suma que las diferencias entre países en regulación, capacidades de ciberseguridad y mecanismos de recuperación pueden convertir un incidente originado en una jurisdicción en un problema para otras.
Bailey llamó por ello a bancos, infraestructuras de mercado y compañías tecnológicas a prepararse para escenarios más severos en los que varias instituciones o proveedores compartidos sufran disrupciones simultáneamente. Entre otras medidas, planteó la necesidad de contar con capacidades para reconstruir sistemas y datos críticos desde “bare metal”, es decir, desde infraestructura limpia tras un incidente cibernético de gran magnitud.
Vacíos en la regulación
La velocidad de estos avances también está poniendo a prueba a los gobiernos. Bailey advirtió que muchos países todavía no cuentan con protocolos adecuados para gestionar el desarrollo, lanzamiento y despliegue de los modelos de IA de frontera, una situación que, a su juicio, aumenta los riesgos tanto para las finanzas como para otros sectores de la economía.
“Tomar las medidas apropiadas para apoyar el lanzamiento y despliegue seguro y responsable de modelos a nivel global debería, en mi opinión, ser una prioridad”, afirmó.
El FSB ya está analizando específicamente cómo las instituciones financieras pueden utilizar de manera segura estos modelos para su propia defensa cibernética, además de estudiar mecanismos que permitan mejorar su capacidad para responder y recuperarse frente a disrupciones operacionales significativas.
La advertencia refleja así una paradoja que el propio Bailey reconoce. La IA puede fortalecer las defensas frente a los ataques cibernéticos, pero al mismo tiempo elevar las capacidades de quienes los ejecutan. Para el responsable del organismo encargado de monitorear los riesgos para la estabilidad financiera mundial, el desafío es que la capacidad de respuesta avance al mismo ritmo que la tecnología.