El ensayo que Bill Gates publicó este miércoles en su blog se convirtió en el texto obligado de la semana para cualquiera que siga de cerca la inteligencia artificial (IA).
En casi 6 mil palabras, el cofundador de Microsoft advirtió que la transición a la era de la IA “será uno de los momentos más turbulentos de la historia humana” y que “no hay plan” para enfrentarla. DF consultó a tres expertos para contrastar sus argumentos con la realidad chilena.
El texto de Gates parte de una premisa: que la IA será el mayor igualador jamás inventado o la peor fuente de injusticia, y el resultado depende de las decisiones de política que se tomen ahora.
También identificó tres riesgos. El primero es la destrucción estructural del empleo; mencionó que los puestos de nivel inicial y medio son los más vulnerables y que los trabajadores jóvenes en roles expuestos a la IA ya han visto caer su empleo. El segundo es el uso malicioso de la tecnología, como fraude, ciberataques a infraestructura crítica y bioterrorismo. Y el tercero es el impacto en niños y jóvenes, con “compañeros” de IA que podrían debilitar el pensamiento crítico y reemplazar las relaciones humanas.
Para enfrentar estos riesgos, Gates propone crear una nueva institucionalidad nacional e internacional, reservar ciertos empleos exclusivamente para humanos y gravar los tokens de IA y los robots para financiar recapacitación y protección social.
Acuerdo en el fondo, dudas en la forma
El director ejecutivo de Pivotes, José Antonio Valenzuela, calificó el ensayo de Gates como “un esfuerzo muy lúcido” por ofrecer una visión matizada en un debate que ha sido “bien polar”. Coincidió en que existe el riesgo de minimizar el impacto de la IA en el trabajo como forma de organizar la sociedad.
“El hecho de que aumente la productividad, incluso a través de un ingreso garantizado, no quiere decir que ese escenario no va a tener efectos súper complejos, culturales y sociales”, dijo.
Sin embargo, se mostró escéptico frente a la propuesta de reservar empleos. “Si tú le dices a una empresa que tiene que mantener a un porcentaje de su fuerza laboral intacta, esa compañía va a tener que competir con una nueva que nunca ha tenido trabajadores humanos y no va a tener que someterse a esa regulación”, advirtió.
Agregó que medidas unilaterales podrían generar distorsiones. “Si la minería chilena está obligada a tener un cierto porcentaje no automatizado, ¿cómo va a afectar eso su competitividad con la minería australiana o la argentina?”, dijo.
Para Chile, Valenzuela citó al economista Ricardo Caballero: la creación de empleo solo igualará la destrucción provocada por la IA si el mercado laboral es lo suficientemente ágil para absorber la transición, y advirtió que las rigideces del mercado chileno podrían frenar la generación de nuevos empleos “justo cuando más se necesiten”.
En tanto, la directora de empresas María Francisca Yáñez destacó que el ensayo eleva la conversación hacia un cambio de era. Lo vinculó con la carta encíclica del Papa León XIV acerca de la IA y con una entrevista reciente de Elon Musk en The Economist. “No es un cambio de era tibio. O abrazamos prosperidad y muchos beneficios, o los riesgos y el sufrimiento pueden ser los más grandes de la historia”, dijo.
El punto que más le llamó la atención es la asimetría tributaria que ilustró Gates, ya que las empresas pagan impuestos al contratar personas, pero registran un robot como gasto.
“Si en el futuro cercano voy a estar trabajando codo a codo con un robot, ¿por qué ese robot va a tener condiciones económicas distintas al aporte de valor que hace una persona?”, planteó.
Respecto de la reserva de empleos, dijo que la respuesta debe tener un componente ético. “Hay que llegar a un acuerdo social sobre dónde queremos que los protagonistas sean humanos”, afirmó.
Yáñez también apoyó la idea de Gates de avanzar a una institucionalidad global y recordó que en la última reunión entre los presidentes Donald Trump y Xi Jinping los límites a la IA estuvieron sobre la mesa. “El llamado es que no esperamos un gran desastre para tener un acuerdo global. Es a anticiparse porque sabemos que es altamente probable que ocurra”, dijo.
Por otro lado, la directora ejecutiva de Futuro del Trabajo Sofofa Capital Humano y gerenta general de OTIC Sofofa, Natalia Lidijover, coincidió con el diagnóstico de Gates sobre los empleos iniciales, pero con un enfoque complementario.
“Las empresas tienen que aprender a hacer gestión de tareas en vez de gestión de ocupaciones enteras”, señaló.
Agregó que si las organizaciones logran rediseñar los cargos, separando las tareas que la IA puede absorber de aquellas donde el humano agrega más valor, el impacto neto puede amortiguarse.
Y respecto de reservar empleo para humanos fue directa: “El país que se arriesgue solo, pierde”. En esa línea, hizo un llamado a que Chile priorice la alfabetización en la IA a nivel nacional y que se articule a Latinoamérica para “tener voz” en la gobernanza global de la tecnología.