El mercado laboral chileno se mueve más que antes de la pandemia, pero ese mayor movimiento no está dejando como resultado una mayor creación de puestos de trabajo.
Esa es una de las principales conclusiones de un estudio de los investigadores del Centro de Estudios Públicos (CEP) Roberto Cases y Rodrigo Vergara, que analizó los flujos de entrada y salida de la ocupación entre 2010 y 2026 a partir de datos de la Encuesta Nacional de Empleo (ENE).
Las cifras muestran la magnitud del fenómeno. Entre 2010 y 2019, unas 967 mil personas ingresaban a la ocupación cada trimestre, mientras otras 918 mil salían. El resultado era una creación neta cercana a 50 mil empleos.
Después de la pandemia, ambos movimientos crecieron. Entre 2022 y 2026 las entradas promediaron 1,06 millones de personas por trimestre, un 9,4% más que durante la década anterior, mientras las salidas llegaron a 1,02 millones, un incremento de 10,9%. Así, la rotación bruta -la suma de ambos movimientos- se ubicó cerca de 10% por encima de su nivel prepandemia. Sin embargo, la creación neta cayó a unos 40 mil puestos por trimestre.
“Si bien hay más movimientos en el mercado laboral, es decir, más entradas y salidas al empleo, la rotación se tiende a inclinar menos hacia la entrada”, explica Cases.
Este escenario, el investigador lo grafica como una carrera de autos. “Históricamente ha ganado el auto de las entradas al empleo. El resultado de esa carrera es la creación neta de empleo, la cual fue de cerca de 50 mil puestos de trabajo por trimestre durante 2010-2019. Sin embargo, entre 2022-2026 las salidas han incrementado su velocidad más que las entradas (10,9% versus 9,4% en promedio), lo que ralentiza la creación neta del empleo, afectando la recuperación del empleo”.
El giro de la rotación
El estudio advierte, sin embargo, que comparar solamente el número de personas que entran y salen puede inducir a conclusiones equivocadas, porque actualmente existe una población en edad de trabajar mayor.
Al ajustar por ese efecto, aparece una señal más clara: la probabilidad de que una persona ocupada salga del empleo se mantiene prácticamente estable en torno a 11%, mientras que la posibilidad de que alguien desocupado o inactivo consiga una ocupación cayó desde 16,1% antes de la pandemia a 14,8% entre 2022 y 2026.
Y la rotación también cambió de composición.
La participación del trabajo por cuenta propia dentro de las entradas al empleo aumentó desde 32,3% a 37,7%, mientras la de los asalariados privados disminuyó desde 53,2% a 50,9%. Al mismo tiempo, las empresas de menos de cinco trabajadores pasaron de representar 48,7% de las entradas a 54,9%, mientras las firmas de 200 trabajadores o más redujeron su peso desde 20,6% a 17,6%.
Para Cases, el hecho de que el aumento de la rotación se concentre especialmente en el trabajo por cuenta propia y en empresas pequeñas, están relacionados.
Así, explica que la mayor rotación se puede explicar, en parte, por el giro hacia empleo que es menos estable. “En particular, nosotros observamos un cambio de composición: aumenta la proporción de personas que ingresan a trabajos por cuenta propia y en empresas pequeñas, el cual suele presentar menor estabilidad que el trabajo asalariado y/o en empresas de mayor tamaño. De hecho, cuando se analizan las salidas, estos empleos menos estables también incrementan su participación”, dice.
Además, son precisamente estas categorías las que muestran una mayor inestabilidad: la probabilidad de salir de un trabajo por cuenta propia aumentó desde 17,8% a 19,7%, mientras en las empresas con menos de cinco trabajadores subió desde 16,6% a 18,4%. En los empleos asalariados y las empresas de mayor tamaño, en cambio, disminuyó.
“Cuando se analizan las salidas, estos empleos menos estables también incrementan su participación”, recalca Cases.
El desafío está en la entrada
El diagnóstico lleva a los autores a poner el énfasis de las políticas públicas en la capacidad del mercado laboral para incorporar personas a la ocupación, más que en un deterioro generalizado de la estabilidad de quienes ya tienen empleo.
Cases plantea que, dado el cambio en el tamaño del mercado laboral, la comparación más adecuada entre ambos períodos está en las probabilidades de transición.
“Nuestros resultados nos indican que la probabilidad de perder o renunciar a un empleo se ha mantenido constante antes y después de la pandemia, por lo que las políticas de ‘protección del empleo’ parecieran no ser el camino”, sostiene.
La señal más preocupante, añade, está al otro lado de la puerta: “Se observa una caída en la probabilidad de entrar al empleo, por lo que dicho margen, mediante la facilitación de la contratación, es un buen candidato para abordar en la política pública”.