Después de casi 19 años al frente del Gobierno israelí, repartidos en distintos períodos, Benjamin Netanyahu enfrenta una de las elecciones más inciertas de su extensa carrera política. El primer ministro llega a los comicios del 27 de octubre con su continuidad en la cuerda floja, tras tres años marcados por las guerras en Gaza, Líbano e Irán.
Según Polymarket, Gadi Eisenkot -del partido centrista Yashar- tiene cerca de un 50% de probabilidades de convertirse en el próximo primer ministro, frente al 29% de Netanyahu. Las encuestas también muestran un escenario complejo. Kan proyecta 52 escaños para el bloque opositor y 51 para el oficialismo de la tienda política Likud, ambos lejos de los 61 necesarios para alcanzar la mayoría en el Parlamento de 120 miembros. En la disputa también destaca el ex primer ministro Naftali Bennett, de la alianza de centroderecha Beyachad.
Según un informe de la consultora de análisis económico y político GlobalSource Partners, Eisenkot podría necesitar el respaldo de partidos árabes para formar gobierno, una alternativa resistida por sectores de la oposición. “El estancamiento político sigue siendo una posibilidad significativa”, advierte el documento.

Matizada recuperación
La incertidumbre electoral contrasta con una economía que está mostrando señales de recuperación más sólidas de lo previsto. El Fondo Monetario Internacional (FMI) elevó recientemente su pronóstico de crecimiento para Israel en 2026 de 3,5% a 4,5%.
Más optimista es el Banco de Israel, que este miércoles proyectó una expansión del Producto Interno Bruto (PIB) de 5,6% este año y 7,5% en 2027. Sin embargo, al excluir la producción de empresas israelíes en el extranjero, las cifras se reducen a 3,4% y 5,1%, respectivamente.
El banco central, que mantuvo la tasa de interés en 3,25%, advirtió que el crecimiento del PIB oficial no necesariamente refleja una mejora equivalente en los ingresos y el bienestar de los hogares.
Pese a las perspectivas favorables, la recuperación sigue condicionada por las consecuencias económicas de las guerras. “El legado de los sucesivos conflictos es considerable, con una producción significativamente por debajo de su tendencia anterior a la guerra”, advierte el FMI en su informe sobre la economía israelí elaborado en el marco de la Consulta del Artículo IV de 2026, donde identifica entre los principales obstáculos la persistencia del gasto militar elevado y las restricciones de mano de obra.
El peso del gasto militar
El principal desafío para el próximo gobierno será compatibilizar la recuperación con unas finanzas públicas presionadas por el costo de la política bélica.
El Banco de Israel proyecta un déficit fiscal de 4,4% del PIB en 2026 y 4,6% en 2027, este último revisado al alza por mayores gastos de defensa. La deuda pública, en tanto, alcanzaría el 68% del PIB este año y el 66,5% el próximo.
Las presiones ya están teniendo consecuencias sobre otros compromisos estatales. GlobalSource Partners documentó que el Gobierno aprobó recientemente reasignaciones por 3.600 millones de shekels (cerca de US$ 1.165 millones) para financiar compras militares. De ese monto, 1.000 millones se destinaron a helicópteros Apache, principalmente a costa de un programa de desarrollo para la población árabe, mientras otros 2.600 millones provinieron de recortes a ministerios civiles.
El FMI también advirtió sobre las dificultades de equilibrar las cuentas públicas. “La consolidación fiscal debería priorizar medidas de ingresos, dado que el gasto civil ya es bajo en comparación con otros países de la OCDE”, indicó en el señalado informe. En ese contexto, recomendó revisar el sistema tributario y avanzar en reformas que permitan reducir el déficit sin profundizar los recortes a los servicios públicos.
La incertidumbre podría extenderse más allá de las elecciones. El Banco de Israel advierte que sus proyecciones están sujetas a importantes riesgos fiscales, tanto por los ingresos como por los gastos, considerando que el presupuesto de defensa de 2027 todavía no está definido.
El desafío lo comparten los principales contendores, considerando que los tres respaldan el despliegue militar en curso, aunque difieren sobre la conducción de las operaciones y la estrategia diplomática.
Más allá del resultado electoral, las perspectivas económicas seguirán condicionadas por la evolución de los conflictos. En su informe de este miércoles, el Banco de Israel advierte que una nueva intensificación de la guerra podría aumentar la movilización de reservistas, restringir la actividad económica y elevar tanto el gasto militar como las presiones inflacionarias. A ello se suma la incertidumbre electoral. “Tras las elecciones podrían materializarse riesgos políticos, entre ellos la falta de un resultado concluyente, la profundización de las divisiones sociales y el deterioro de la independencia de las instituciones”, señala el organismo.