La interrupción del tránsito marítimo por el estrecho de Ormuz, como consecuencia de la guerra en Medio Oriente, y la llegada de uno de los fenómenos de El Niño más intenso de la historia podrían desencadenar una crisis alimentaria mundial. Así lo advierte un informe de S&P Global Institute, que alerta sobre los efectos combinados del encarecimiento de la energía, las restricciones al suministro de fertilizantes y las condiciones climáticas extremas sobre la producción agrícola.
Según precisan en el reporte publicado esta semana, cerca de un tercio del comercio mundial de urea, el fertilizante nitrogenado más utilizado, transita habitualmente por el estrecho de Ormuz. Lo mismo ocurre con casi la mitad del comercio global de azufre y aproximadamente una quinta parte del comercio marítimo de amoníaco.
Las restricciones al transporte marítimo han coincidido con un fuerte encarecimiento de estos insumos. El precio del azufre llegó a duplicarse entre enero y julio, hasta alcanzar los US$ 1.000 por tonelada métrica, antes de retroceder a US$ 810 a fines de septiembre.
A ello se suma el aumento del precio del diésel, utilizado por los agricultores en maquinaria y transporte. El informe advierte que estos mayores costos podrían llevar a los productores a reducir la aplicación de fertilizantes o disminuir las superficies sembradas, afectando los volúmenes de producción.
Cosechas de 2027 en riesgo
A las dificultades derivadas del conflicto se suma la perspectiva de un fenómeno de El Niño de intensidad excepcional. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, su sigla en inglés) proyecta que las temperaturas de la superficie del mar podrían superar en al menos 2° Celsius sus niveles normales, un umbral alcanzado solo en siete episodios desde la década de los '50.
Según el informe, estas condiciones podrían provocar sequías e inundaciones severas en importantes regiones agrícolas durante 2027, amplificando las presiones sobre la oferta mundial de alimentos.
Las proyecciones de S&P Global ya reflejan riesgos para algunos de los principales productores agrícolas.
Para Brasil la previsión de producción de maíz se redujo en 6 millones de toneladas, hasta 137 millones, con una posible caída adicional de 10 millones si El Niño se intensifica. La estimación para la soja también disminuyó en 6 millones de toneladas, hasta 177 millones
En el caso Australia, detallan que la superficie destinada al trigo cayó 13% interanual y la producción podría disminuir a 22 millones de toneladas, frente a una previsión actual de 28 millones. En tanto, en India, la cosecha de trigo enfrenta riesgos por la falta de precipitaciones, luego de que las lluvias de septiembre se situaran aproximadamente 14% por debajo del promedio.
En tanto, el reporte sostiene que en Indonesia y Malasia la producción de aceite de palma enfrenta riesgos de caídas de 5,8 millones y 2,5 millones de toneladas, respectivamente.
El riesgo de una crisis alimentaria mundial
S&P Global Institute advierte que, a diferencia de los precios del petróleo, los efectos de las interrupciones energéticas y de las condiciones climáticas sobre la producción alimentaria tardan más en manifestarse.
Los próximos ciclos de siembra serán determinantes para establecer si el actual encarecimiento de la energía y los fertilizantes se traduce en menores cosechas.
Las consecuencias serían distintas según el nivel de ingresos de cada país. Mientras las economías desarrolladas enfrentarían nuevas presiones inflacionarias y un deterioro del poder adquisitivo, los países de menores ingresos que dependen de las importaciones de alimentos estarían más expuestos a episodios de inestabilidad social.
"Una crisis alimentaria mundial no es inevitable. Pero tampoco es ya un riesgo lejano. Si la guerra continúa obstaculizando el transporte de energía y fertilizantes, y si las condiciones meteorológicas reducen las cosechas en varias de las principales regiones productoras, los elementos de una crisis de este tipo comenzarán a encajar", concluye el informe.