La rentabilidad de los bonos soberanos franceses a 10 años alcanzó este miércoles el 5%, su nivel más alto desde julio de 2002, en una nueva señal de la creciente preocupación de los inversionistas por la capacidad del país para sanear sus deterioradas finanzas públicas.
El rendimiento del bono de referencia tocó el 5,002% durante la jornada, con un incremento de aproximadamente ocho puntos básicos, antes de retroceder ligeramente por debajo de ese umbral.
Al mismo tiempo, el diferencial entre los bonos franceses y alemanes a 10 años se situó en torno a los 157 puntos básicos, acercándose a niveles no vistos desde 2011. Esta brecha refleja la rentabilidad adicional que exigen los inversionistas para financiar al Estado francés frente a Alemania.
La presión sobre la deuda francesa se produce en un contexto de aumento generalizado de los rendimientos de los bonos soberanos a nivel mundial, impulsado por el encarecimiento de la energía y las consiguientes alzas de las tasas de interés de los bancos centrales.
Sin embargo, Francia ha experimentado un incremento de sus costos de financiamiento superior al de la mayoría de las economías comparables, en medio de las dificultades de un Gobierno debilitado para conseguir la aprobación del presupuesto en el Parlamento y reducir su elevado déficit fiscal.
A estas preocupaciones se suman la incertidumbre ante las elecciones presidenciales del próximo año y las protestas generalizadas que han sacudido al país, complicando aún más los esfuerzos del Ejecutivo por estabilizar las finanzas públicas.
Nuevas manifestaciones
Además, el gobierno francés enfrenta una nueva prueba política y de seguridad después de que el movimiento de los chalecos amarillos anunciara una gran marcha por el centro de París para este sábado, apenas una semana después de los violentos disturbios y saqueos que afectaron a varias ciudades del país.
Las manifestaciones del pasado 17 de octubre derivaron en episodios de violencia en París, Marsella, Lyon y Limoges, donde las fuerzas policiales tardaron horas en recuperar el control de la situación.
Los chalecos amarillos, un movimiento surgido en 2018 contra el aumento del costo de la vida y el deterioro de los servicios públicos, buscan reactivar sus movilizaciones. A ellos se sumarán organizaciones estudiantiles, que han convocado manifestaciones para exigir una mayor inversión en educación.
Ante este escenario, el primer ministro, Sébastien Lecornu, tenía previsto reunirse este miércoles con dirigentes sindicales para intentar contener una de las crisis más graves que ha enfrentado Francia en los últimos años y evitar nuevos episodios de violencia.
El Presidente Emmanuel Macron, por su parte, anunció una reunión con los servicios de inteligencia para este jueves, mientras el Gobierno prepara un importante refuerzo de las medidas de seguridad. Los ministros han reconocido deficiencias en la respuesta policial del pasado fin de semana y se espera que soldados sean desplegados junto con efectivos adicionales de la policía.
En una carta dirigida a los sindicatos, Lecornu planteó que las conversaciones debían centrarse en garantizar la "indispensable libertad de manifestación", que, según sostuvo, algunos intentaban restringir al asociarla con "actos inaceptables".
La secretaria general de la Confederación General del Trabajo (CGT), Sophie Binet, advirtió sobre el malestar social. "Hay una ira enorme y legítima, y la respuesta a esa situación no es la represión. Es una respuesta política. Eso es lo que le diré hoy al primer ministro", declaró a la emisora RTL.
Aunque una segunda noche consecutiva de toques de queda locales transcurrió sin incidentes graves en las zonas afectadas, la tensión política continúa aumentando.
La líder de extrema derecha Marine Le Pen aseguró que "el Gobierno ha perdido el control de todo", mientras que Francia Insumisa, formación de izquierda a la que el Ejecutivo acusa de alimentar los disturbios, criticó los planes de desplegar militares en las calles de París.
"Los manifestantes no son enemigos internos. El Gobierno francés no debe entrar en guerra contra su propio pueblo", sostuvo el grupo parlamentario en un comunicado.