“No dan ni ganas de inaugurarla”. Las recientes declaraciones del alcalde de Concepción, Héctor Muñoz, sobre las retrasadas obras de la Plaza Perú, provocaron desconcierto en locatarios y vecinos del histórico barrio penquista, que desde febrero esperan el fin de una remodelación que no pidieron y sobre la que dicen que no fueron considerados. El 12 de septiembre vence la cuarta y última prórroga para que la constructora Tromen finalice los trabajos por $ 1.241 millones que mantienen bloqueada la circulación de residentes y consumidores del tradicional sector comercial.
Financiada por la Subsecretaría de Desarrollo Regional (Subdere), forma parte del Programa de Recuperación de Espacios Públicos de Alto Valor Social que impulsó el expresidente Gabriel Boric para reconstruir 10 lugares icónicos afectados por el estallido social. “Cualquier persona que vivió el estallido aquí en Concepción sabe que no fue en la Plaza Perú. En Paicaví con Carrera es donde fue la gran destrucción”, comentó el dueño del restaurante La Cocina y presidente del gremio gastronómico Plaza Perú, Carlos Olivares.
Arriendos y despidos
Según la municipalidad, responsable de la ejecución, el avance físico es de 86%, pero a días de que venza del último plazo, vecinos y locatarios no creen que las faenas vayan a terminar a tiempo. “Llevamos dos meses y trabajan tres o cuatro personas en la obra”, se quejó el presidente de la Junta de Vecinos, Fernando Delgado. El dueño del Bar Callejón y vicepresidente del gremio gastronómico, Tomás Acuña, coincidió. “Quienes estamos aquí 24/7 lo dijimos desde el principio, que esto iba lento, que no estaban trabajando, que faltaba control y fiscalización”.
Y los seis meses de retraso en la fecha fijada originalmente para el fin de los trabajos ya han generado pérdidas millonarias para los locatarios, que deben seguir pagando arriendos y salarios. La situación ha obligado a varios negocios a cerrar o a reducir jornadas y ha provocado la destrucción de unos 300 empleos. “Los locales que están directamente en la Plaza Perú han tenido bajas de 80% o 90%”, comentó Olivares respecto de una fuerza laboral que superaba los 1.000 trabajadores antes del inicio de las obras, en junio de 2025.
Según detallaron los empresarios, un arriendo en el sector oscila entre $ 2,5 millones y $ 4 millones mensuales. “La cuenta de esto la hemos pagado entre todos, los negocios, con nuestro patrimonio personal, la gente con su plata del día a día”, se quejó Acuña. “Nosotros estimamos que las pérdidas han sido muy superiores al costo de inversión en la misma plaza”.
“Nosotros estimamos que las pérdidas han sido muy superiores al costo de inversión en la misma plaza”, calculó el dueño del Bar Callejón y vicepresidente del gremio gastronómico Plaza Perú, Tomás Acuña.
Planificación y ejecución
Consultado por los reiterados aplazamientos, el municipio dijo que la constructora “argumentó que tuvieron déficit de personal y de insumos disponibles en el mercado”, y que se “han aplicado multas de acuerdo con lo establecido en las bases tras los incumplimientos. Como se indica en la normativa, además, las boletas de garantía se cobran al final del proceso de ser necesario”. Consultada por DF Regiones, Constructora Tromen explicó que no harían declaraciones.
Para la municipalidad, “toda ejecución de obras en un espacio público tiene un impacto y desde el inicio se planificó la ejecución en zonas de intervención para afectar lo menos posible”.
Aplicando ese criterio, “se dejó para el final la construcción de aceras en áreas donde había mesas, se definió abrir a uso peatonal en forma parcial y paulatina los distintos sectores en ejecución, además de otras medidas acordadas en reuniones con residentes y locatarios”. Junto con eso, para contener la situación financiera, se dispusieron “algunos beneficios a la treintena de locales ubicados en todo el entorno afectado”.
Los pequeños restaurantes y cafés recibieron exenciones del pago por Bien Nacional de Uso Público y permisos publicitarios, pero estimaron que “el monto total de apoyo eran como $ 15 millones o $ 18 millones” y que no fue igualitario porque “hay locales que tienen terraza y que pagan más, pero hay otros que no tienen terraza y no recibieron la exención”, relató Olivares.
Capricho político
La Plaza Perú es un ícono de la ciudad. Su construcción data de 1942 como parte de las obras de reconstrucción del terremoto de 1939. Los antiguos edificios formando un círculo en torno a su pileta constituyen “un punto neurálgico, probablemente el más concurrido de Concepción, sobre todo en la semana, con mucha circulación de gente”, comentó Delgado. “Por acá pasaban unas 100 mil personas todos los fines de semana”, agregó Acuña.
La junta de vecinos representa a unos 4.500 residentes, muchos de ellos adultos mayores, que han visto afectada su calidad de vida. “Si me hubieran preguntado a mí (sobre la remodelación), habría dicho que no”, dijo el dirigente vecinal, que criticó el criterio que se utilizó. “Esto fue una decisión de Santiago. En estas decisiones que son grandes y nosotros somos los afectados, deberíamos tener la palabra antes de tomarlas”.
Los empresarios gastronómicos concordaron, e incluso fueron más allá. “Claramente las decisiones fueron más inspiradas por la ideología que por la funcionalidad. Nace como un capricho político que termina impactando a todos los negocios y a las familias que vivimos de este espacio”, sentenció Olivares.