En una mañana de 2023 Sebastián Jiménez desarmó su propia cama, la sacó por el pasillo y la llevó al departamento vecino. Vivía en el barrio de Salamanca, en Madrid, y ese mismo día un corredor de propiedades llevaría a varios interesados a ver aquel piso. Un piso que él y sus dos socios habían comprado y remodelado durante meses. Algunos de los muebles encargados no llegaban y cada euro que gastaran ahí era un euro menos de ganancia, así que ese día movió lo que había en su pieza para dejar todo listo antes de que llegaran los potenciales compradores. La cama, el velador, una lámpara.
Ese departamento fue el primero de los 22 que tres amigos de Rancagua llevan comprados y remodelados en la capital española. El negocio se llama flipping. Consiste en comprar barato -mientras más destruido el departamento, mejor, dicen-, reformarlo y venderlo rápido. Se trata de una estrategia de inversión muy usada en la capital española, que está viviendo un boom inmobiliario. “Es lo que Miami fue hace 10 años”, explican Sebastián Jiménez y Jaime Anich una mañana de agosto, de visita en Santiago. Tomás Schneider, el tercer socio, se quedó en Madrid durante el verano europeo. “Siempre tratamos de que quede uno allá a cuidar el rancho”, bromea Jiménez.
Se conocen de toda la vida. Coincidieron en el Instituto Inglés de Rancagua, jugaron rugby juntos y después se fueron a estudiar a Santiago. Sebastián eligió agronomía en la Universidad Católica, Jaime ingeniería comercial en la misma casa de estudios y Tomás derecho en la Universidad Finis Terrae. Volvieron a coincidir en Madrid, ya adultos, entre 2021 y 2022.
De una cerveza en un bar madrileño salió la idea. “Está pasando algo en Madrid y yo no quiero volver a Chile todavía”, recuerda haber dicho Jiménez esos meses. Los tres notaron que a los latinos recién llegados les costaba arrendar y se les prendió la ampolleta. Primero probaron con el rent to rent, arrendar un departamento grande para subarrendarlo por piezas, pero el dueño se arrepintió a última hora y el negocio se cayó.
Fue ahí cuando decidieron comprar. Levantaron 500 mil euros con un inversionista cercano a la familia, a una tasa de 12% anual, dejando en garantía los pocos activos que los tres tenían en Chile. De ahí se pusieron a buscar y, dicen, la oportunidad llegó por suerte. Jiménez arrendaba un departamento en el límite del barrio Salamanca y conversando con el conserje supo que una vecina había muerto y sus hijos estaban vendiendo la propiedad. Revisaron los números y compraron en 400 mil euros.
La remodelación tomó varios meses. Primero no amoblaron el departamento para ahorrar costos, pero después de un mes sin ofertas decidieron gastar 7.000 euros en muebles. Y ahí, recién, apareció el comprador. Lo vendieron en 580 mil euros y, luego de pagar la deuda y sus intereses, se quedaron con 40 mil.
Así, con el modelo probado, salieron a buscar plata. Y bautizaron el negocio como Andes Real Estate Investments.
El modelo
Vino el segundo departamento, después el tercero, el cuarto. Para seguir levantando plata recurrieron al boca a boca entre family offices, primero en Chile y después en México. Entre las familias que han invertido están los Saavedra Walker, un clan ligado a SAWA y Catemito. Del lado mexicano entró la familia Kalach, dueña de Fynotej, una empresa textil y automotriz que fabrica tapicería de autos. Este último contacto llegó por la red que Anich hizo en su MBA en Madrid. “Esto es un negocio de confianza 100%”, describe.
Para sumar capital institucional, armaron un fondo de inversión privado junto a Vizcaya Capital, un multifamily office chileno con oficinas también en Ciudad de México y Miami. La firma tiene inversiones inmobiliarias en Estados Unidos y también participa en proyectos de venture capital y agro. El compromiso inicial fue de US$ 10 millones.
En total, dicen, llevan invertidos más de US$ 25 millones, con 22 departamentos comprados y remodelados, y una oficina de seis personas en Madrid.
En medio de ese crecimiento, explican, encontraron un método para blindar cada inversión. Los aportantes compran su propia sociedad en España -cada una está bautizada con un lago chileno, dicen-, que, eventualmente, será dueña de un solo departamento. Si algo falla en el camino, el inversionista no pierde el capital, porque el título de propiedad queda a su nombre, aseguran.
A Chile los pasajes
El mercado de real estate de la capital española lleva años al alza. “Madrid siempre fue una ciudad de paso”, opina Jiménez. “Los latinos entrábamos a Europa por Madrid y nos íbamos a otro lado. Ahora es una parada sí o sí”. El precio medio de la vivienda en la Comunidad de Madrid llegó a 3.333 euros por metro cuadrado en el segundo trimestre de este año, con un alza interanual de 10,7%, muy por encima de la media española de 2.041 euros.
A eso se suma el atractivo del negocio para los inversionistas. Según cuentan, a los aportantes les gusta viajar dos veces al año a ver sus departamentos, darle el primer martillazo a una muralla y volver seis meses después a verlo terminado. Y, además, cada vez hay más chilenos aterrizando en Madrid, como el family office de Guillermo Harding (H4H) o WildSur, de los Lería Luksic. El Chile Day, que durante años tuvo a Londres y Nueva York como plazas fijas, debutó en Madrid en septiembre de 2025 y convocó a más de 700 personas, la mayor asistencia en la historia del encuentro. Este año se repite el 14 de septiembre. “Hoy Madrid es más llamativo, más entretenido”, asegura Jiménez.
El siguiente paso en el negocio es comprar edificios enteros. “Lo que nos gusta hacer es agregar valor a algo que está completamente destruido”, explica Sebastián Jiménez. Para entrar a este mercado, ya tienen dos ofertas puestas en Madrid, que suman 20 millones de euros extra. La idea es levantar pisos sobre lo ya construido. En uno de ellos, que hoy tiene tres departamentos, planean generar tres más arriba.
Y, en paralelo, van a abrir operaciones en Santiago. “Nuestros inversionistas generan su riqueza en Chile”, dice Anich. “Tenemos la capacidad y el interés de ser un aporte acá, que es como devolver un poco la mano”. Ya tienen dos edificios en la mira en el sector oriente, siguiendo la línea de lo que hacen Lucas Galán y Cassá Estudio, de los hermanos Duch.
Eso sí, el flipping puro, aclaran, no les interesa por un tema tributario. Apostarán, en cambio, a la reconversión de edificios antiguos y a traer el flex living, un formato de arriendo por semanas o por meses que en Madrid ya está instalado. Sobre los plazos, dicen que hay que analizarlo bien, porque la actividad de la construcción está en su punto más bajo. “Estamos en un punto de inflexión”, dice Anich. “Ojalá empiece a crecer realmente el 2027”.