Así, mientras el empleo formal retrocedió, las ocupaciones informales aumentaron, una combinación que golpeó especialmente a las mujeres mayores de 50 años.
Así lo reveló la última edición del Zoom de Género, elaborado por el Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales (OCEC UDP), Fundación ChileMujeres y la Cámara de Comercio de Santiago (CCS), con cifras del trimestre junio-agosto de 2026.
Según el informe, en 12 meses se destruyeron 12.851 empleos formales femeninos, mientras que los informales aumentaron en 22.137.
Con estos datos, la tasa de informalidad femenina llegó a 28,3%, un aumento de 0,5 puntos porcentuales respecto de igual período de 2025. Entre los hombres, el indicador avanzó apenas 0,1 punto, hasta 24,8%. Así, la brecha entre ambos grupos se amplió de 3,1 a 3,5 puntos porcentuales.
¿Qué hay detrás de esto? Un factor serían las dificultades para compatibilizar el trabajo remunerado con las responsabilidades de cuidado.
Según el informe, el 28,5% de las mujeres ocupadas trabaja en jornadas parciales, frente al 15,9% de los hombres. Se trata de una modalidad en la que la informalidad supera el 60%, independientemente del sexo.
Para la gerenta general de Fundación ChileMujeres, María José Díaz, esta diferencia responde a un problema estructural. “Más que una elección, es un encauzamiento estructural hacia trabajos más precarios: la necesidad de equilibrar trabajo y cuidados empuja a las mujeres hacia la jornada parcial, que es la que concentra una mayor tasa de informalidad”, dijo.
Díaz planteó la importancia de avanzar en el proyecto de sala cuna universal, que permita desvincular el costo de este beneficio de la contratación femenina. A su juicio, la iniciativa tendría un alto impacto potencial en la formalización del empleo de las mujeres, especialmente en aquellas que trabajan jornadas reducidas.
37,9% es la informalidad en las mujeres mayores de 50 años.
Las barreras después de los 50
Otro de los hallazgos preocupantes apareció al desagregar los resultados por edad. Entre las mujeres de 50 años o más, la informalidad alcanzó 37,9%, un incremento anual de 1,2 puntos porcentuales. En los hombres del mismo grupo, en cambio, disminuyó 0,5 puntos, hasta 31,1%. Con ello, la distancia entre ambos sexos llegó a 6,8 puntos porcentuales, la mayor brecha de género entre los tramos etarios examinados.
Para el director del OCEC UDP, Juan Bravo, el fenómeno respondió, en parte, a las menores oportunidades de contratación asalariada formal a medida que aumenta la edad.
“A muchas personas de 50 años o más se les cierran las puertas a este tipo de empleos, por lo que quienes quieren mantenerse ocupados muchas veces recurren al empleo por cuenta propia informal con tal de evitar el desempleo. En el caso de las mujeres estos efectos se potencian, porque además del edadismo, las leyes encarecen la contratación femenina y algunas de ellas afectan a todas las mujeres, no sólo a las que están en edad fértil”, dijo Bravo.
Según el economista, en las mujeres estas dificultades se potencian por el edadismo y por normas que, a su juicio, encarecen su contratación, como la diferencia entre las edades legales de jubilación: 60 años para las mujeres y 65 para los hombres.
“La fijación de la edad legal para tener derecho a cobrar la pensión autofinanciada en los 60 años en mujeres actúa como una barrera implícita de contratación empresarial, puesto que al aproximarse a dicha edad, muchas empresas consideran a las mujeres como trabajadoras próximas a retirarse o con un horizonte de permanencia reducida, desincentivando la contratación formal”, explicó Bravo.
12.851 empleos femeninos se destruyeron, en 12 meses, en el trimestre junio-agosto.
Educación
El informe mostró que las desventajas no se distribuyen de manera uniforme: la informalidad se concentra con mayor fuerza entre quienes tienen menos años de estudio.
De hecho, entre las mujeres que no completaron la enseñanza media, la informalidad llegó a 56,7%, frente al 45,2% de los hombres del mismo nivel educativo. Entre quienes completaron la educación superior, la informalidad femenina fue mucho menor, pero también aumentó: subió 1,1 puntos, hasta 16%.
A este cuadro se sumó la contracción del empleo asalariado formal en las micro, pequeñas y medianas empresas. Las MiPYME destruyeron 167.191 puestos de esta categoría en 12 meses, la mayor caída desde el trimestre noviembre de 2020-enero de 2021. De ellos, 76.019 correspondieron a mujeres, equivalentes a un retroceso anual de 7,5%, superior al 5,7% de los hombres.
La presidenta de la CCS, María Teresa Vial, atribuyó el retroceso principalmente al incremento de los costos laborales, entre ellos los asociados al salario mínimo, la reducción de jornada y la reforma de pensiones. A su juicio, la debilidad de la actividad económica agravó un problema de carácter estructural, en el que los segmentos más vulnerables, como las mujeres, quedaron especialmente expuestos.