“Crecí rodeada de arte. Estudié ballet y piano en el conservatorio. Mi padre nos llevaba a la ópera, a los remates y nos hacía mirar la materialidad de las cosas, las maderas, las porcelanas y, por supuesto, los cuadros de distintos artistas. Creo que ahí empezó todo, aunque yo todavía no lo sabía. Lo supe mucho después, cuando volví a la universidad, ya casada y con cuatro hijos, a estudiar Historia del Arte. Era la ‘mamá mechona’. Un día, mi profesor, Gaspar Galaz, dijo en clase: ‘la que se conforma con el arbolito, el riachuelo y la vaquita, está fregada’. Llegué a mi casa y ahí estaban, colgados el riachuelo, la vaquita y el árbol. Entonces me enamoré del arte contemporáneo”.
Esa anécdota la suele contar Patricia Ready cuando habla de su aterrizaje en el mundo del arte contemporáneo hace 40 años. Fue también parte del discurso con el que agradeció el Premio SAFA BICE Agente Cultural 2026 que se le otorgó el pasado 8 de octubre en el marco de la primera edición de SAFA, Santiago Festival de las Artes.
Días después, sentada en su oficina, la restauradora, galerista y filántropa comparte lo que sintió en ese momento: “He trabajado 40 años sin esperar reconocimiento. Cuando me dijeron que me iban a dar este premio, me sentí nerviosa de estar delante de tanta gente. Muchos no entienden que colaborar con el arte es para mí un deber. Ha habido una brecha muy grande entre el arte contemporáneo y el público, y en eso he trabajado todos estos años”.
En el discurso también mencionó que no se identifica con el concepto “mecenas”. ¿Por qué no? “No soporto la palabra mecenas. Yo lo hago porque siento es una manera de aportar a mi país. Los artistas se tiran al vacío y trabajan años sin saber si van a vender. Acompañarlo no es un gesto aislado, es una responsabilidad”, responde. Es clara al afirmar que el compromiso con el arte es un compromiso país.
Bohemia y profesionalización
Patricia Ready de niña tomó clases de ballet, estudió teoría del piano con Gastón Soublette, también fue equitadora y estudió restauración. Se casó a los 19 años con Juan Carlos Yarur Rey y tuvo cuatro hijos; Andrea, Virginia, Carlos y Gonzalo. “Fueron bastante seguidos”, dice. Cuando empezaron la etapa escolar ella entró a estudiar Historia del Arte y Estética en la Universidad Católica.
Asegura que recuerda su época de mamá y estudiante con entusiasmo. Incluso cuenta que una vez tuvo un fuerte accidente de auto, la chocaron cuando iba camino a la Escuela de Arte, que entonces estaba en el campus Lo Contador. Su marido fue a buscarla y al constatar que estaba ilesa, le preguntó si quería que la llevara a la universidad. “Yo seguía tiritona, pero ese día había una clase importante que no me quería perder”, recuerda riendo. “Tuve un marido increíble de apoyador”, agrega sobre Yarur, quien murió en 2022.
Trabajó en el taller de restauración del maestro Ramón Campos Larenas del Río, ubicado en la histórica Plaza Mulato Gil de Castro. “Como mis papás tenían cuadros muy antiguos, muchas veces de niña los acompañé cuando los llevaban a restaurar y ahí me entusiasmé. En restauración yo gozaba. Don Ramón nos ponía música clásica mientras trabajábamos. A veces eran días de observar una obra antes de tocarla. Si tú limpias un cuadro y se te pasa la mano, lo pelas”, dice. Se explaya para explicar que existen dos escuelas distintas de restauración según la manera de intervenir la obra.
En 1981, cuando el taller de restauración se convirtió en centro cultural, Ready abrió ahí la galería Arte Actual junto a tres amigas. “Era una pequeña bohemia, todo el mundo quería estar ahí. Muchos pintores y restauradores vivían cerca. Me acuerdo de que había una cafetería de una señora que cocinaba muy rico y se llenaba. Estaba todo pasando”, rememora la galerista.
Fueron más de 10 años en la Plaza Mulato Gil. Después de un paso dirigiendo la galería del Centro de Extensión de la UC -que además remodeló- Patricia fundó la galería con su nombre en una casa en La Dehesa que tenía la familia Yarur y que el arquitecto Mauricio Léniz rehabilitó.
“Entonces encontré este sitio en Vitacura donde había cuatro exportadores de fruta que decidieron vender porque el municipio no los dejaba usar el helipuerto. Habían firmado la venta tres de los cuatro propietarios y yo no dormía de noche, hasta que firmó el último”, dice.
Hace 18 años la esquina de Espoz con Narciso Goycolea se convirtió en uno de los centros del arte contemporáneo nacional. En 2008 se inauguró el nuevo espacio de la Galería Patricia Ready, un edificio de más de 2.000 metros cuadrados a cargo de las oficinas de arquitectos Izquierdo-Lehmann y Elton-Léniz.
Todo lo que no tuvo en las otras galerías quiso implementarlo aquí: una parrilla técnica de 1.500 focos, una bodega grande para guardar las obras cómodamente, un restaurant que se convirtió en un atractivo en sí mismo -el Cilantro Bistró-, y un auditorio donde hay cine, charlas y conciertos. “Ahora los sábados en la mañana estamos con un ciclo de clases de historia de la escultura con Luis Montes”, cuenta con el entusiasmo que la caracteriza.
“Me gusta tirarme a la piscina”
Como galerista representa a artistas consagrados y también a jóvenes emergentes. Es cuidadosa y prefiere no mencionar a uno por sobre otros para evitar herir sensibilidades, pero admite que le gusta apostar por artistas arriesgados. “Me gusta tirarme a la piscina”, dice. Comenta una entrevista que le realizaron hace un tiempo en un canal de noticias español que cuestionaba el trabajo de uno de sus artistas. “Yo respondí todo lo que pensaba y al final dije: ‘Mire señor, si no existiera el arte, la música, la ópera, estaríamos todos con depresión’. Y así terminó la entrevista”, recuerda.
Su obsesión es acercar el arte a las personas, reitera. “Dime tú qué niño no ha tenido lápices de colores y un cuaderno para colorear. ¿Por qué cuando uno es niño dibuja y pinta y llega un minuto en que eso se acaba? Qué curioso”.
En su caso el amor por el arte contemporáneo nació cuando empezó a estudiar. “Me encantó. Iba a las bienales de arte universitario y veía unas cajas de huevos, unas carnes, y pensaba: ‘sé que esto vale, pero tengo que estudiar cuál es el mensaje y el contenido’. Y después me fue gustando mezclar arte contemporáneo con el arte más clásico”.
Alguna vez ella misma incursionó como artista. “Y me di cuenta lo mala que era”, comenta riendo. Cuenta que participó de una exposición colectiva junto a otros compañeros de arte, pero ni siquiera firmó sus obras. Por ahí quedaron esos cuadros en casas de amigos y quién sabe si algún día se valorizan en el mercado, bromea. “Yo tenía buen gusto, que es diferente”, acota.
- ¿Usted cree que es necesario entender el arte para disfrutarlo?
- Yo le digo a todo el mundo que tienen derecho a que no les guste lo que ven en una galería o museo. Nadie te puede obligar a que te guste algo. Pero si algo te llama la atención y quieres llegar más allá, hay que indagar: ¿Quién es el artista? ¿Cuál es su motivación? A mí me pasó con La Gioconda. La primera vez que la vi pasé por delante sin entender por qué tanto éxito. Y después me di cuenta lo importante que era la posición, la escenografía que tiene atrás… una maravilla.
- ¿Tiene que ver con la curiosidad?
- Sí, es curiosidad. Hace muchos años que organizo visitas guiadas y siento que la gente ha ido aprendiendo. Se acercan al artista, le hacen preguntas. Se llenan las visitas porque hay un interés por saber más. Pero a veces lees una crítica de arte en un lenguaje tan hermético, sólo para entendidos, y no aportan mucho.
“Mientras lo pueda hacer, es mi deber”
Patricia celebra la construcción del Museo Numu en el Parque Bicentenario, a pocas cuadras de su galería, porque enriquece el ecosistema del arte contemporáneo, señala. Dice que el mal momento económico se siente también en el mundo del coleccionismo, pero comenta que son muchos los extranjeros que se acercan a ella para adquirir obras de algunos de sus artistas. “Está difícil el mercado, se nota. Pero de repente aparece alguien que compra. Hay algo de arbitrario, que no se puede predecir”, admite.
Le fascina llevar a sus artistas a ferias internacionales, aunque esto no se traduzca en ganancias para la galería. “Siento que mientras lo pueda hacer, es mi deber. Acá no hay un modelo de negocio, es filantropía. Quiero dar a conocer a mis artistas y muchos han tenido éxito afuera gracias a eso”, agrega.
- ¿Es difícil trabajar con artistas?
- Son mucho más sensibles y además varios tienen familias que deben mantener. Los artistas de la galería son todos muy profesionales, pero a algunos hay que saberlos tratar. Yo en los montajes ni me meto, incluso los precios dejo que los definan ellos. Les pregunto si quieren vender o que la exposición sea para mirarla. Siempre les aconsejo que traten de tener precios asequibles al público.
- ¿Qué le recomendaría usted a una persona que se quiere dedicar al arte?
- No los desanimaría, todo lo contrario. Es difícil, tienen que estudiar y trabajar mucho, pero el que tiene vocación no va a ser feliz si no se dedica a lo que lo mueve, a lo que lo hace vibrar. Yo podría tener un yate ridículo, o qué sé yo, pero soy feliz entregando todo lo que pueda. Soy apasionada. El que tiene pasión resolverá su camino.
Da el ejemplo del artista visual Cristián Sabja, que durante diciembre expondrá sus obras en la galería. “Él venía a la galería y un día se me acercó y me preguntó si me podía mostrar sus obras. Eran unas tablas que me encantaron y le empiezo a preguntar más de su vida. Me cuenta que de joven vivía con sus padres que se dedicaban a trabajar la tierra, pero a él no le gustaba esa vida y para tener plata propia empezó a trabajar como cartonero. Recogiendo diarios se encontraba con el cuerpo Artes y Letras de El Mercurio. Leyendo aprendió de arte, luego estudió y hoy se dedica a crear obras con material de desecho y reciclado. Así le cambió la vida”.
Misión filantrópica
Además del quehacer de la galería y de los frecuentes viajes a ferias de arte en distintas partes del mundo, la agenda de Patricia rebalsa de actividades. Por estos días es parte del jurado de la Ruta del Encuentro a cargo de elegir parte de los murales que se harán presentes en las estaciones de la futura línea 7 del Metro.
Además, está la labor filantrópica, porque la Galería Patricia Ready es parte de Fundación Arte+, entidad privada y sin fines de lucro que promueve el desarrollo de talentos emergentes en las artes visuales por medio de becas y participación en bienales, ferias y encuentros, y que además edita y publica la revista especializada de arte La Panera.
La gestora es además directora de la Fundación Vivir + Feliz, entidad a cargo de los Centros TROI (Centro de Trasplante y Oncología Infantil), dedicados a niños con cáncer; uno de ellos funciona en el Hospital Calvo Mackenna y el segundo de ellos lo inauguraron en abril en el Hospital de Temuco.
También ayuda a músicos. Cuenta la historia de cuatro talentosos músicos venezolanos que le tocó conocer y que han realizado conciertos en la galería. Y como si fuera poco, en 2021 fundó la Asociación Gremial de Agentes Culturales Arte & Punto que organiza Anillo de Galerías, plataforma colaborativa destinada a fomentar el intercambio cultural y comercial de las artes visuales en Latinoamérica. “Me interesó que esta galería se uniera con galerías más periféricas”, afirma. Después de dos versiones de Anillo de Galerías realizadas en su galería, cuenta que la próxima se emplazará en el Centro Cultural La Moneda.
