Elvira Montero era chica cuando su papá -un emprendedor serial- la llevó a recorrer las playas del norte. Buscaba dónde levantar un resort como los que había visto en Europa, algo que en Chile no existía. Encontró una playa en el norte, cerca de Coquimbo y un día de sol, se agachó a su lado y le dijo que ahí iban a hacer el mejor resort de Chile. Así nació Las Tacas, dice ella. Ella veía una playa chica, pero él tenía en la cabeza una marina y un rompeolas que no dejara escapar la arena. Faltaban palmeras, y con su hermana Gloria armaron un vivero para cultivarlas.
Cuenta también que su padre tuvo una salmonera, proyectos en el norte y desarrollos inmobiliarios en La Puntilla de Villarrica, y a sus tres hijos los llevaba a todas partes. “Mi hermano mayor, Gustavo, siempre se ríe y dice ‘yo nunca tuve unas vacaciones que no tuvieran un trasfondo de ideas de negocio de mi papá’”, dice Elvira.
Ahí, seguramente, Elvira empezó a soñar en el día que tuviera su propia empresa.
Nacimiento
Estudió ingeniería comercial en la Universidad Católica y su proyecto de título, en 1999, fue un supermercado por internet. Después estudió programación para hacer páginas web. Cuando su hermano Gustavo terminó un posgrado en optimización en la UC, empezaron a trabajar juntos: se pusieron a desarrollar software a medida, ella en lo comercial y él en la tecnología. Su padre fue el inversionista y el aval del primer préstamo bancario.
Así le hicieron, por ejemplo, un software simulador de biomasa de peces a la salmonera Trusal. Pero cada proyecto exigía contratar gente nueva, se comían el margen y el modelo no escalaba.
En 2012 decidieron tomar los problemas comunes que habían visto en sus clientes, convertirlos en software simple y arrendarlo en la nube en vez de vender licencias. El padre, que estaba en el directorio, no lo entendió.
“Ustedes hoy día tienen grandes clientes con grandes facturas y grandes proyectos. Y Elvira, ¿me estás diciendo que van a empezar a arrendar software?”, cuenta ella que les dijo. “En vez de facturar millones de pesos vas a arrendarlo por cientos. Esto no va a funcionar”.
Gustavo le contestó con una fórmula. “Mira papá, no te preocupes, porque la ecuación tiene P por Q. Nosotros vamos a alcanzar el volumen”. Después le pegó un codazo a su hermana. “Ya po’, te toca salir a vender”.
Elvira se había especializado en finanzas y se define como tímida, las ventas no eran lo suyo. Tomó un curso de Google Ads, incipiente en ese tiempo, y salió a recorrer la plaza de Puerto Varas tienda por tienda. “Portazo antes de que te abrieran la puerta”, dice. El argumento era que no había que comprar una caja registradora, bastaba el computador de la casa y una impresora.
Crearon tres proyectos en paralelo, uno de ventas, otro de gastos y compras y otro de nómina. En este último trabajaron cerca de 10 meses sin mirar a la competencia y cuando salieron a ver qué precio ponerle, encontraron muchas plataformas de payroll a precios muy competitivos. “Nos dimos un guatazo del piso mil”, dice.
Se quedaron con ventas, y de ahí salió Bsale.
No había referente local de precios, y decidieron no cobrar por usuario, al revés del estándar del software como servicio. “En Latinoamérica es tan común que se comparta un mismo usuario para no pagar más”, dice. Indexaron el precio al tamaño de la empresa.
El jamón por partes
Entraron a Endeavor cuando vendían menos de US$ 1 millón al año. Cuando pensaban en internacionalizarse, un mentor le dio un consejo. “Elvira, el jamón hay que comérselo por partes. No te vayas a otro país hasta que no tengas 2.000 clientes”. Los errores en Chile cuestan x y afuera cuestan 100x, le explicó.
Salieron a Perú en 2018 con la idea de exportar todo: la forma de vender y la publicidad. Quisieron vender desde Chile y no funcionó. “El peruano decía que el chileno hablaba muy rápido, no le entendía”, dice. Ella y Gustavo empezaron a viajar seguido para armar el proyecto peruano con las reglas de allá.
- ¿Y por qué no salían a buscar socio?
- Porque nosotros, muy encumbrados, creíamos que podíamos solos. Y uno tiene que tener socios cuando los necesita, porque las relaciones no son fáciles, son como matrimonios. Entonces nosotros creíamos que podíamos y dijimos “intentémoslo”. Y nos fue bien.
30 computadores
Llegaron a ser 30 personas en una casa arrendada en Puerto Varas. Una mañana Elvira llegó primera, puso la llave y la puerta se abrió sola. Adentro estaban todos los papeles en el suelo y no quedaba un computador.
Mandó a todos a trabajar desde la casa y salió con una maleta a comprar 30 computadores en Puerto Montt, cinco en PC Factory, ocho en Falabella. “Las tarjetas de crédito las usamos todas y las hicimos reventar”, dice.
Otro golpe vino de Google. En un momento cambió la forma de tributar los servicios digitales extranjeros, Bsale pagaba el impuesto por separado y Google interpretó que no pagaban las facturas completas. Les bajaron la cuenta de Google Ads, su única fuente de clientes potenciales, con 10 vendedores que vivían de esas llamadas. “De un minuto a otro te bajan el switch y no tienes ningún lead”, dice. Después de eso abrieron otros canales.
El consejero
La ingeniera comercial es madre de tres hijos. La mayor es ingeniera civil y está haciendo un posgrado en bioingeniería en Milán, el del medio estudia ingeniería mecánica en Estados Unidos y el menor está en el colegio. Su marido, Carlos, fue clave, dice. La acompañó desde el principio. Como su papá, que los hacía cortar la cinta en cada inauguración, Elvira metió a los niños en el negocio. Cuando querían juntar plata, les pasaba una caja de rollos de papel para impresora con la marca Bsale y los mandaba al centro a regalárselos a los clientes.
Se acuerda de un consejero que se le acercó, la miró fijo y le puso la mano en el hombro. “Elvira, tú vas a detener el crecimiento de tu empresa porque tienes hijos y no puedes viajar fuera de Chile”.
Ella le contestó que no entendía. “Soy yo la que estoy haciendo crecer mi empresa, y tengo tres hijos que me acompañan en todo esto, somos una familia”, respondió.
Ocho años con Siigo
En la fiebre del venture capital de 2020 y 2021, los fondos les tocaban la puerta constantemente, dice la emprendedora. Bsale era rentable y crecía, y su hermano Gustavo no quería vender, a pesar de que ella sí buscaba un vehículo para crecer más rápido. “En tecnología el no poner la bandera en el país hace que sea súper riesgoso, porque viene otro, la pone y se posiciona como el líder de la categoría”, dice.
En esas conversaciones conocieron a David Ortiz, hoy CEO de Siigo Latam, fue en un curso de Endeavor en el MIT. El primer correo de esa relación es de hace unos ocho años. Siigo hace contabilidad, gastos y nómina, la trastienda, y Bsale la venta. Ortiz insistió durante años y llegaron a negociar, pero en la etapa final no hubo acuerdo de precio y cortaron relaciones por un par de años. “Nosotros veíamos mucho más potencial del que veían ellos”, dice.
“La valorización de la empresa antes era mucho menor que la de ahora”, dice. En diciembre de 2025 Gustavo le dijo que estaba listo. “Me dijo ‘yo quiero que nos valoren como corresponde’”. Ese mes firmaron la carta de intenciones.
Visma y Constellation también se acercaron, y no hubo proceso competitivo. “Podría ser que nos pagaran más al otro lado, pero no había sinergia”, dice. “Lo que queremos es llevar esto al siguiente nivel y no lavarnos las manos e irnos a Hawái”.
- ¿Y por qué decidiste ir sin banco de inversión?
- Yo creo que es recomendable tener un financiero independiente, cual sea la figura, alguien que te acompañe en el proceso. Nosotros lo hicimos directo, teníamos hartos años conversando con ellos y manejaba los conceptos de la negociación. Yo me he dedicado toda la vida, después de ese codazo que me llegó, a unir y conquistar voluntades para que las cosas pasen. Me pareció que era mucho más adecuado trabajarlo directo porque teníamos las competencias para poder hacerlo.
Ella llevó la negociación y Gustavo, la operación. Los abogados fueron Bofill Mir, con Octavio Bofill. “Me dice Elvira, ‘tú entiendes que vamos a tener que ceder algunas cosas y vamos a pelear hasta el final’”.
Elvira rechazó comprometer metas de venta. “Si nosotros no vamos a controlar la compañía al 100%, no puedo comprometer metas, porque no va a depender sólo de mí”, dice. La retención de una parte del precio para cubrir contingencias los trabó un tiempo, y lo destrabaron con un seguro de representaciones y garantías que pagaron a medias. “Hay mucha desconfianza”, dice.
- Tú misma dijiste, venden más de US$ 15 millones anuales recurrentes. Uno puede hacerse la idea de que las empresas más o menos se venden entre tres y cinco veces. No sé si puedes decir algo al respecto.
- No puedo hablarte de los montos de la transacción porque es información súper confidencial, pero sí te puedo decir que valoramos mucho más que eso. ¿Y por qué? Porque la empresa que tenemos es una joya, tiene un producto increíble que es escalable. Las sinergias que genera con Siigo tienen este multiplicador que no es uno más uno dos, sino que es 10”.
Cambiar vidas
Gustavo salió de la propiedad y trabaja con el equipo de Siigo en la integración. Elvira conserva una participación y va a trabajar en llevar Bsale a más países. Siigo opera en Colombia, Ecuador, Uruguay, Chile, Perú y México.
- ¿Qué es lo que te mueve a seguir en Bsale?
- Lo que me mueve es cambiarle la vida, transformarle la vida a esos emprendedores y ayudarlos a crecer. Es cambiar la vida de una persona que tiene un local comercial, por ejemplo de pintura Sherwin Williams, que todos los días tenía que cerrar su local a las 18:00 e irse a su casa a las 8 porque tenía que hacer inventario. Hoy día con Bsale le cambié la vida, porque a las seis cierra su local comercial y se va a la casa. Puede darle comida a su hijo, compartir con ellos, leerles un cuento”.