El sábado pasado el Centro de Extensión de la Universidad Católica se llenó de asistentes al II Encuentro de la Vida y la Muerte, organizado por la Fundación Casa Familia y el Instituto del Bienestar; además de charlas en las que participaron expertos en temas como el duelo, los cuidados paliativos y la longevidad, había algunas actividades paralelas.
A Francisca Lagos Durán (50) la invitaron a participar con un taller de Bitácoras & Presencia pensado para abordar la pérdida de un ser querido. Creó una miniexperiencia que llamó Te llevo conmigo y que invita a recordar a través de colores, imágenes, palabras. En una mesa dispuso todo tipo de materiales: lápices, acuarelas, timbres, papeles de colores, stickers, esquelas, revistas para recortar.
“La idea es que fuera una actividad autoguiada. Que la gente se sentara, pensaran en alguien que extrañan y se expresaran sin pensar mucho, porque se trata de un ejercicio emocional. La metodología busca conectar no sólo desde lo verbal. Algunos se ponían audífonos y se instalaban un buen rato. El ambiente en general era súper power, había mucha emoción, pero se iban con algo luminoso. Lo más gratificante para mí es cuando terminaban, me abrazaban fuerte y me daban las gracias. Y yo a veces apenas interactué, sólo les preguntaba si necesitaban algo o les ofrecía un material”, comenta la psicóloga sentada el jueves en la mañana sentada en la consulta que comparte con una colega hace años. Salta a la vista el evidente parecido a su madre, pero también a su padre: “Mis amigas han llegado a la conclusión de que mis papás se parecen entre ellos”.
Desde el inicio de su vida profesional, Francisca se ha especializado en Terapia de juego. “Siempre trabajé con metáforas, símbolos, juegos, lo consciente, lo inconsciente”, dice. En sus inicios se incorporó a la Fundación Metáfora que se dedica a la formación en Terapia de juego. Ahí, junto a otras profesionales, que son además sus íntimas amigas, crearon un diplomado. Para eso tomaron cursos de formación con maestros como Eliana Gil en Starbright Institute, Ken Gardner y Lorri Yasenik de Rocky Montain Play Therapy y Paris Goodyear- Brown.
Las técnicas de juego sirven no sólo para trabajar con niños, también adultos, explica la psicóloga. Muestra algunos elementos presentes en su oficina: un juego Dixit, una caja con distintos botones que pueden representar estados anímicos, una repisa llena de figuritas. “El registro de las cosas ocurre no sólo en lo verbal, ocurre en el cuerpo, en las emociones que sentimos y que a veces no saben salir convertidas en palabras. Siempre he trabajado así, es mi origen”, cuenta.
Partió atendiendo principalmente niños, pero en la actualidad la mayoría de sus pacientes son jóvenes y adultos. A algunos los atiende por Zoom porque se conectan desde España, Francia, Inglaterra, Noruega y también desde regiones. “Me pasó una vez que volvió una paciente que atendí cuando chica, esta vez con su hija. Ahí dije: ‘me gradué, estoy vieja’”, comenta riendo.
El valor del registro
El paso a las bitácoras se fue dando a través del trabajo con sus pacientes. “Cuando se iban de vacaciones, les proponía que se llevaran una libreta para que pudieran escribir si había algo que me quisieran contar o hacer un dibujo. Era una manera de darle continuidad al momento de la ausencia. Algunos volvían con los cuadernos vacíos, pero otros traían un montón de cosas. Me di cuenta de que a varios pacientes les venía súper bien tener un registro. Entonces las libretas se instalaron hace ya muchos años como una herramienta”, narra.
Fue en un viaje a San Francisco, mientras visitaba el Museo de Arte Moderno, que algo le hizo click: “Llegué a una sala de la artista Deanna Templeton. Ella muestra diarios de vida de gente hoy adulta para transmitirle a los jóvenes que se sienten angustiados, que ellos alguna vez se sintieron así y luego las cosas cambiaron. Impresiona la dureza con la que uno se habla a sí mismo cuando tiene 15 o 20 años”.
Hace cuatro años, saliendo de la pandemia, Francisca comenzó a organizar grupos con pacientes de edades similares y personalidades afines o complementarias, para que se juntaran a crear cuadernos. “Había necesidad de volver a reunirse, a muchos cabros el tema de lo grupal se les estaba haciendo difícil. Eran grupos de unas cinco personas, nos juntábamos acá en la consulta. Algunos pacientes producían y producían páginas hasta que se les acababa la libreta. Fue alucinante. Permite un trasfondo profundo sin perder lo lúdico. Eso para mí es súper importante”, cuenta.

“La idea es expresarse de distintas maneras, puede ser escribir, pero también hacer líneas, dibujar, pintar, pegar stickers, papeles de colores, usar una cita que leíste o una canción que tienes pegada, incluso incluir un QR que te lleve a una lista de Spotify. A mí me encanta la acuarela, me gusta cómo se mezclan los colores. Como soy pésima dibujando desarrollé desde muy chica el talento para pintar, me relaja. A otras personas les gusta la témpera, hacer collages, escribir, recortar imágenes. Hay distintos elementos que gatillan emociones. No tiene que quedar linda, ni coherente. Se trata de un registro sensorial”, comenta.
Le dio varias vueltas a qué palabra usar para denominar esta experiencia. “No quería Diario de vida. No sé si te pasó, pero yo escribía Querido diario y después pasaba tres semanas sin escribir y era ‘¡chuta, me tengo que poner al día!’ Y Cuaderno lo tengo muy asociado al colegio. Entonces apareció Bitácora, que viene de la navegación y es el mueble donde está la brújula y el cuaderno donde se registran los hitos importantes. Me gusta porque se trata de acompañar un viaje, un proceso más libre”.
Un día la contactó alguien que quería que su hija participara de la actividad, pero no era paciente suya. Ahí se dio cuenta de que había una necesidad. “Además me gusta mucho hacerlo. Después de un taller quedo cansada, pero al mismo tiempo cargada de una energía muy distinta a la de una tarde de terapia. Y cumplí 50 años...”, menciona riendo.
Dice que más allá del cliché era un momento para decidir qué quería hacer y dedicarse a lo que le proporciona más energía, que es diseñar experiencias y dinámicas grupales. “Tenía que desarrollar las bitácoras. Me hice un Instagram hace casi un año. Eso ha sido lo más difícil, hacer videos, aparecer yo. Sufrí (ríe). Pero si quiero contagiar a otros, tengo que superar la plancha”, afirma Pancha, como le dicen sus más cercanos.
“Necesitamos volver a cosas básicas”
A fines del año pasado hizo su primer taller abierto a público. Pensó que iban a llegar sólo amigas, pero para su sorpresa se inscribió un grupo de personas desconocidas. Se trató de realizar una Bitácora del recorrido y propósito que se hace a fin de año: recorrer los hitos del año, construir desafíos para el próximo, identificar recursos, qué dejo y qué me llevo, todo desde la psicología, explica la terapeuta. Luego diseñó otros talleres: La primera página, para personas que quieran empezar esta práctica. Bitácora del Equilibro, para el manejo del estrés y la ansiedad.
“No son experiencias aisladas, he ido creando una metodología. Le he puesto cabeza, marco teórico… en eso he trabajado este año. Y agregué la palabra Presencia. Los talleres se han ido llenando y creo que tiene que ver con el tiempo en el que estamos viviendo. Está súper trillado lo que voy a decir, pero paradojalmente vivimos en una hiperconexión que es también hiper aislamiento. Estamos bastante arriba de una cinta transportadora rodeados de miles de estímulos a los que respondemos. Está la IA por todos lados. Por eso la gente está haciendo talleres de tejido, cerámica o jardinería. Necesitamos volver a cosas básicas y de conexión con lo material, con las manos, con los otros, con la naturaleza. Por eso esta metodología invita a hacer una pausa, registrar un momento. Estoy conectando, dejando que una imagen evoque y produzca sensaciones”.
Francisca explica que existen distintos formatos de “journaling”: “Está la escritura creativa, gente que escribe como registro diario, los journals de planificación. Otras que acompañan sucesos específicos como una hospitalización. Hay bitácoras de mascotas, de recién nacidos. Está también el “junk journal” que se hace con los desechos que vas recolectando y así vas creando. Me di cuenta de que lo que hago es un poco de todo eso, pero desde la psicología”, recalca.
Ha realizado talleres en colegios, a profesores, a equipos de trabajo, a madres-hijas, próximamente brindará uno dedicado a jóvenes que pronto rinden la Paes: “Lo que ellos necesitan es entender cómo funciona su sistema nervioso. ‘Si no dormiste la noche anterior, no te preocupes que sueño no vas a tener, de eso se encarga el cortisol’. Lo veo todos los años con mis pacientes, los adultos les dicen: ‘tienes que estar tranquilo’, ‘maneja tus nervios’. Y la peor: ‘obvio que te va a ir bien’. Es la frase que más odian: la expectativa”.
Es frecuente que las personas recurran a estas experiencias cuando atraviesan un momento difícil: un duelo, una separación, una enfermedad. “Es cuando aparece la rabia, la envidia más profunda a los que no están viviendo lo que yo estoy viviendo, emociones que son súper intensas y difíciles de compartir, incluso contigo mismo. Y la bitácora puede ser un lugar súper seguro para volcarlas. Yo no decido tener pena o miedo. Se enciende el cuerpo, la emoción se activa. Nada ha calmado menos a una persona que alguien diciéndole ‘cálmate’. ¿Qué puedo hacer? Buscar la calma conectando, regular las emociones. Necesitamos seguridad para explorar nuestra emocionalidad”.
Su memoria familiar
Sobre su escritorio Francisca tiene algunos de sus propios diarios de vida. Uno de ellos lo publicó en su Instagram el pasado 11 de septiembre a propósito de la conmemoración del Golpe de Estado. “Nací en 1975. Era muy chica durante buena parte de la dictadura y, sin embargo, tuve miedo. Mucho miedo. Hoy, cuando vuelvo a leer algunos de mis diarios de esos años, me impresiona encontrar ese miedo escrito ahí: en palabras de niña, en preocupaciones que quizás entonces no alcanzaba a comprender del todo, pero que estaban presentes”, escribió.
- Naciste en Argentina, pero creciste en Chile y tu padre era uno de los líderes de la oposición durante una dictadura, eso debe haberte generado especial temor.
- Todo el tiempo. Ese es el primer diario de vida que recuerdo, de hecho, ahí tengo guardadas unas cartas que me mandó mi papá cuando estuvo preso, las atesoro en mi diario. (Ricardo Lagos Escobar fue detenido el 8 de septiembre de 1986 tras el atentado a Augusto Pinochet, y liberado 20 días después tras una amplia movilización nacional e internacional).
En la imagen se alcanza a leer la palabra Panchita con la letra del exmandatario, apelativo familiar de la hija menor de la familia que componen además sus dos hermanos Lagos Weber (Ricardo y Ximena) y los Edding Durán (Hernán y Alejandro).
“Efectivamente de chica tuve mucho miedo, siempre pensé que algo nos iba a pasar, a mis papás principalmente. Ya pasaron más años y terapia, pero me he dado cuenta de que a veces al compartirlo mi cuerpo vuelve a activarse y tirito. Si me preguntas, racionalmente no tengo la impresión de que haya sido tan difícil, pero cuando releo esas páginas no puedo creerlo. ¿Cómo una niña escribió eso? Si yo tuviera un paciente así, me conmovería profundamente”, dice.
- ¿Y eso lo has podido compartir con tus papás?
- Sí, lo conversamos mucho. De hecho, el sábado pasado en el encuentro Vida y Muerte hablé mucho del tema cartas, bitácoras, registros, experiencias, memoria… Al día siguiente, me fui a tomar desayuno con mis papás y volvimos a compartir. Mi papá se puso sus anteojos y me leyó las cartas de nuevo en voz alta, él no las leía hace mucho tiempo. Y es bonito porque estábamos los dos cuidándonos. En las cartas que él me manda se nota lo que yo le preguntaba. Me responde: “No te preocupes, acá hay una estufa, no he pasado frío”. Es muy lindo ese diálogo.
Enfatiza en la importancia de los registros. “Creo que la gente confunde hacer memoria con rencor. Considero que ‘dar vuelta la página’ es mal negocio. Creo, en cambio, que avanzar tiene que ver con integrar la propia historia. Y no es idea mía, es algo que está demostrado. Existen estudios sobre la transmisión transgeneracional del trauma”.
Profundiza: “También tiene que ver con mis 50 años y con mirar, desde muchos ángulos, mi experiencia personal y laboral. He acompañado a muchos pacientes durante casi 30 años”. Cuando Ricardo Lagos asumió como Presidente de la República, Francisca tenía 24 años y estaba saliendo de la universidad.
“Que mis padres fueran figuras públicas quizás hizo que yo me dedicara a mi trabajo y a crear mi camino. Siempre los he acompañado en sus cosas, pero cada uno con su camino. Y cada uno con sus luces y sus sombras. Por supuesto lo que hago, el gusto por lo estético y por buscar lo luminoso también viene de mis papás. Mi familia nunca ha sido rencorosa”.
Francisca también tiene su propia bitácora. En realidad, más de una, confiesa. Ha hecho bitácoras en viajes familiares junto a sus hijos. Muestra una que incluye apuntes, servilletas, mapas, dibujos, folletos de museos, postales, polaroids, la cuenta de un restaurant. Sus hijos también participan y así construyen un recuerdo familiar. “Se ríen en mi casa porque junto los packaging, dicen que les saco la comida de la boca para quitarles los papeles”, cuenta.
Tiene cinco hijos, las dos mayores son mujeres, una recién egresada y otra universitaria. Ellas la ayudan, una le está armando una página web y la otra es su asistente en los talleres. Los tres hombres son escolares (los menores son mellizos) y también colaboran juntándole “tesoros”. “Es bonito también construir memorias colectivas con la familia”, concluye.