A los posibles clientes que acudieron en masa al Burj Khalifa se les prometieron rentabilidades de dos dígitos; sin embargo, hoy miles de ellos se enfrentan a pérdidas.
AIX Investment Group se presentó a sí mismo como una historia de éxito en Dubái: se anunciaba junto a la aerolínea Emirates, invertía grandes sumas en el deporte y recibía a sus clientes en sus oficinas situadas en las alturas del Burj Khalifa, el edificio más alto del mundo.
Atraídos por la promesa de rentabilidades anuales de hasta el 30%, además de generosas recompensas por atraer a nuevos inversionistas, muchos optaron por confiar en la firma. Según personas al tanto de la situación, algunos llegaron incluso a presentarse con bolsas de compras llenas con dinero en efectivo.
No obstante, durante los últimos 11 meses, AIX dejó de pagar —sin previo aviso— los rendimientos prometidos a sus miles de clientes, al tiempo que seguía aceptando nuevos depósitos, según relatan antiguos empleados e inversores. En un intento por estabilizar sus finanzas, la empresa ha vendido un equipo de automovilismo que había adquirido en 2024 y está utilizando propiedades, así como un avión privado, como garantía para obtener nuevos fondos.
El escándalo ha dejado a miles de personas ante posibles pérdidas y ha suscitado dudas sobre la protección de los inversores en Dubái, donde la llegada masiva de extranjeros adinerados ha impulsado un auge de las firmas de inversión.
"Dubái rebosa energía emprendedora", afirma Steve Cronin, asesor financiero y fundador de DeadSimpleSaving.com, quien añade que el "éxito comercial del emirato influye en los inversionistas, que desean obtener su propia parte y creen que, aquí, realmente todo es posible".
Sin embargo, la compleja red de organismos reguladores en el emirato hace que, a menudo, no esté claro a quién deben dirigirse los inversores para buscar una solución o reclamar sus derechos.
De imán a dejar de pagar
El ascenso de AIX coincidió con el espectacular crecimiento de Dubái tras la pandemia de Covid-19. El capital fluyó hacia la ciudad a medida que ciudadanos adinerados —rusos, indios, europeos y chinos— se trasladaron a los Emiratos Árabes Unidos o movieron allí sus activos, atraídos por la ausencia de impuestos sobre la renta o sobre las ganancias de capital.
Entre ellos se encontraba el empresario británico Dariush Soudi, quien declaró al FT que había invertido 145 millones de dírhams (US$ 39 millones) en AIX y que se le adeudaban 45 millones de dírhams en concepto de dividendos. Durante siete años y medio, AIX nunca dejó de realizar un pago, por lo que Soudi reinvirtió sus ganancias. Su relación se estrechó, y AIX pasó a patrocinar sus eventos de autoayuda "Gladiator Summit".
Una pareja que habló con el FT relató que invirtió un millón de dírhams (Dh1mn) cada uno, provenientes de una herencia familiar, dividiendo las inversiones para poder obtener una bonificación por recomendación de 20.000 dírhams.
Cuando AIX dejó de cumplir con sus obligaciones de pago, sus directivos atribuyeron la situación primero a restricciones bancarias y, posteriormente, a la inestabilidad geopolítica; asimismo, pidieron paciencia mientras trabajaban para revertir las pérdidas y liquidar activos.
AIX declinó hacer comentarios, aludiendo a "la delicada situación y las implicaciones legales", así como a la necesidad de proteger a sus inversores.
El lunes, la empresa solicitó a sus clientes que consideraran una reestructuración del negocio supervisada por un tribunal. Según un comunicado al que tuvo acceso el FT, la compañía argumentó que este proceso permitiría recuperar las inversiones, en lugar de venderlas ahora con pérdidas.
La firma presentó tres opciones, entre ellas un plan a cuatro años que promete un cupón anual del 16% y el reembolso del capital principal en enero de 2031.
Propietario esloveno y conexión local
El propietario de la firma es el ciudadano esloveno Aleš Čebulj, según indicaron antiguos empleados, clientes y abogados.
Aunque el nombre de Čebulj no figura en los documentos de registro de AIX, "el beneficiario final de la empresa es Aleš" afirmó un asesor de la firma. "Él siempre ha sido el fundador de la empresa".
Otro ciudadano esloveno, Gregor Simonič, figuraba como directivo de AIX Holding Limited, la entidad de la firma registrada en Dubái. Un inversionista relató que, al consultar a Simonič sobre los pagos pendientes, este respondió: "Lo disfrutaron mientras duró".
AIX también contaba con una destacada conexión local. Rashid Al Habtoor, hijo de uno de los multimillonarios más conocidos y francos de Dubái, aparecía en las licencias corporativas de la empresa y tenía un papel prominente en la publicidad realizada en los Emiratos.
Čebulj y Simonič no respondieron a las solicitudes de comentarios. No fue posible contactar a Habtoor para obtener su versión. Mientras tanto, un ejecutivo nacido en el Líbano y con pasaporte griego, llamado Fadi Dabbagh, se convirtió en la cara pública más refinada de AIX, y un ejecutivo indio, Harish Prithvi, pasó a ocupar el cargo de director de operaciones, manteniendo los vínculos con la base de clientes de AIX, la cual incluía a muchos ciudadanos indios.
Los abogados de Dabbagh declararon al FT que él no tenía "ninguna autoridad ejecutiva o directiva" en la firma, que había abandonado la empresa en febrero y que, de hecho, él mismo había iniciado "procedimientos judiciales contra AIX y otros demandados para recuperar sus propias inversiones". Prithvi declinó hacer comentarios, limitándose a señalar que había dejado AIX en junio.
Estampida de ejecutivos de ventas
La empresa contaba con una plantilla de entre 100 y 150 personas; casi la mitad de ellas eran asesores financieros dedicados a la venta de productos de inversión.
Muchos de estos asesores financieros han abandonado la empresa o han eliminado sus cuentas en redes sociales desde que comenzaron los problemas de AIX.
El creciente sector de gestión de patrimonio en Dubái ha generado oportunidades para la banca privada, las gestoras de activos, family offices y los asesores.
Pero a medida que las firmas de gestión patrimonial proliferaban por toda la ciudad, también lo hacían las advertencias emitidas por las autoridades de Dubái.
El organismo regulador financiero independiente del Centro Financiero Internacional de Dubái (DIFC, por sus siglas en inglés) emite con frecuencia alertas sobre empresas que afirman falsamente estar reguladas, estafadores que se hacen pasar por negocios legítimos del DIFC y plataformas de inversión fraudulentas que utilizan las direcciones y números de licencia de empresas reales.
Nunca se ha emitido una alerta de este tipo sobre AIX, ya que esta no se encuentra bajo su ámbito de competencia. La empresa cuenta con una licencia de la Autoridad de Mercados de Capitales de los Emiratos Árabes Unidos para prestar servicios de asesoramiento financiero, mientras que su división inmobiliaria está registrada en el Departamento de Economía y Turismo de Dubái y cuenta con una licencia del organismo regulador inmobiliario de Dubái para arrendar y gestionar propiedades de terceros.
De Dubai a Islas Caimán
Para los inversionistas, desenvolverse en el panorama normativo de los Emiratos Árabes Unidos puede resultar complicado.
"La mayoría de estas estructuras son, hasta cierto punto, reconocibles, ya que están dispersas —por diseño— entre distintas jurisdicciones, donde pueden aprovechar vacíos legales y normativos", explica Carlo Fedrigoli, abogado con sede en Dubái especializado en litigios bancarios y financieros.
"Los inversionistas son contactados en un centro financiero de prestigio, generalmente a través de una firma de asesoramiento con oficinas llamativas", señala. "Eso les otorga una cierta credibilidad; es lo que hace que la gente entre por la puerta".
AIX está siendo objeto de escrutinio por parte de las autoridades de Dubái; según afirman denunciantes, sus abogados y antiguos empleados, funcionarios han visitado sus oficinas administrativas para interrogar al personal.
El organismo regulador de las Islas Caimán también ha intervenido tras recibir quejas relacionadas con una entidad de AIX —con sede en dicho territorio caribeño— que gestiona los productos tipo bono del grupo. En un aviso publicado el mes pasado en su sitio web, se indicaba que dicha división de AIX nunca había estado registrada, autorizada ni contaba con licencia para realizar actividades de inversión en valores. Hace dos años se emitió una advertencia similar en Catar, lo que frustró los planes de AIX de establecer operaciones en ese país.
Un antiguo ejecutivo de AIX atribuyó las declaraciones engañosas a un exceso de celo por parte de su equipo de ventas. "Los vendedores son vendedores", comentó. "Exageran un poco".
AIX no es la única firma financiera en el emirato que se enfrenta a quejas de inversores y al escrutinio de los organismos reguladores. En 2024, la Autoridad de Servicios Financieros de Dubái (DFSA, por sus siglas en inglés) anunció que Hedge and Sachs "no estaba, ni había estado nunca, constituida en el DIFC ni autorizada por la DFSA" para prestar servicios financieros o realizar promociones financieras en dicho centro, tras haber tenido conocimiento de afirmaciones que sugerían que la empresa pronto sería "aprobada" en el centro financiero de Dubái.
Desde entonces, Hedge and Sachs ha cerrado sus oficinas en una zona residencial de Dubái tras no pagar el alquiler. Representantes de aproximadamente 1.000 personas, que afirman haber invertido en conjunto 500 millones de dírhams, están solicitando a las autoridades que investiguen a la dirección de la empresa y le impongan prohibiciones de viaje, después de que esta dejara de realizar pagos a los inversores. Hedge and Sachs no respondió a las solicitudes de comentarios.
A finales del mes pasado, un inversionista —representado por el bufete internacional Harneys— solicitó al Tribunal Supremo de las Islas Caimán la liquidación de la división de AIX con sede en dicho territorio. AIX, que aún no ha presentado su defensa en el caso, ha advertido a los inversores, a través de un correo electrónico, de que el proceso judicial en las Islas Caimán podría complicar los esfuerzos para revertir la situación.
La lucha por recuperar algo
Los inversionistas albergan pocas esperanzas de recuperar su dinero.
Uno de ellos, cuya familia invirtió US$ 600.000, señaló que tal vez sea uno de los afortunados, ya que logró recuperar aproximadamente una cuarta parte de su capital tras ejercer presión.
Para una pareja que invirtió parte de la herencia familiar, el golpe financiero —sumado a la pérdida de confianza en Dubái como un lugar seguro para invertir— resulta muy difícil de asimilar.
Cuando AIX dejó de realizar los pagos, el marido regresó al edificio para entregar una notificación legal. Al no poder acceder a la planta 146 sin una cita previa, se unió a un grupo de repartidores para eludir la seguridad del inmueble.
La esposa comentó que esta situación ha "cambiado mi percepción de este país. Ya no puedo mirar al Burj Khalifa de la misma manera que antes".