La crisis laboral se está convirtiendo en un obstáculo para seguir reduciendo la pobreza en el país. Un estudio del Centro de Estudios Públicos (CEP) estimó que las pérdidas de empleo registradas en distintos sectores de la economía impidieron que 122.825 personas superaran la línea de pobreza entre 2024 y julio de 2026, en comparación con un escenario sin dichas contracciones.
El reporte, titulado El empleo que falta: el freno laboral a una mayor reducción de la pobreza, y elaborado por Sebastián Izquierdo, Andrés Araya y José Arratia, se basó en una microsimulación a partir de los resultados de la encuesta Casen 2024, actualizando los ingresos, las transferencias monetarias y la situación demográfica y laboral de los hogares hasta julio de este año.
Los resultados dejaron en evidencia una paradoja: si bien los ingresos laborales han aumentado por sobre la inflación, la destrucción de trabajo ha impedido que parte de esa mejora llegue a los hogares.
De acuerdo con el ejercicio, al actualizar los ingresos, las transferencias, las líneas de pobreza y la estructura demográfica de la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (Casen) 2024 a julio de 2026, y manteniendo inicialmente la situación laboral observada en la encuesta, la pobreza disminuye de 17,3% a 15,7%. La pobreza extrema, en tanto, pasa de 6,9% a 6,3%.
Sin embargo, una parte importante de esa mejora se pierde cuando se incorporan la baja en ocupación observada en distintas ramas. En ese escenario, la pobreza sube a 16,3% y la pobreza extrema a 6,8%.
“Las pérdidas sectoriales de empleo agregan, por tanto, 0,6 punto porcentual a la pobreza y 0,5 punto a la pobreza extrema”, expuso el informe.
Detrás de esa diferencia están las casi 123 mil personas que, según la simulación, habrían logrado superar la línea de pobreza de no haberse producido las contracciones sectoriales de plazas laborales. O visto al revés, esa cantidad habría quedado por sobre la línea de pobreza de tener un empleo.
“Una vez incorporado el deterioro laboral, permanecen bajo ella. La cifra muestra por qué el mercado laboral importa para interpretar la trayectoria reciente de la pobreza. Los ingresos están evolucionando favorablemente, pero una parte de esa mejora deja de llegar a los hogares cuando se pierde el empleo”, expuso el informe.
“Las pérdidas sectoriales de empleo agregan, por tanto, 0,6 puntos porcentuales a la pobreza y 0,5 puntos a la pobreza extrema”, expuso el informe.
El impacto
El estudio también dimensionó el impacto de la pérdida del trabajo sobre los ingresos. Según sus estimaciones, los trabajadores desplazados dejaron de percibir, en promedio, $ 857.946 mensuales.
Y si bien el Seguro de Cesantía permitió compensar solo una parte de esa caída, dicha compensación es “parcial”.
De hecho, alrededor de 64.802 personas, equivalentes al 29,4% de los trabajadores que perdieron su ocupación en la simulación, accedieron a la prestación.
Para el conjunto de los desplazados, el aporte promedio del seguro alcanzó los $ 107.705, equivalente al 12,6% del ingreso laboral perdido.
“El beneficio cumple, por tanto, una función importante, pero parcial. Para un hogar situado cerca de la línea de pobreza, la diferencia entre el salario que deja de recibir y la prestación que obtiene puede ser suficiente para determinar de qué lado del umbral termina”, dijo el estudio.
Otro de los aspectos que destacó el informe fue que el freno a la reducción de la pobreza no respondió a una evolución desfavorable de los salarios.
“El resultado es particularmente significativo, porque no proviene de una evolución desfavorable de las remuneraciones. Los reajustes utilizados fluctúan entre 9,3% y 17,1% según la rama de actividad y en todos los casos superan la inflación acumulada. En conjunto, la actualización de las remuneraciones reduce la pobreza en aproximadamente 3,0 puntos porcentuales”, indicó el reporte.
Con todo, el estudio agregó que el ejercicio no pretende anticipar con precisión la próxima cifra oficial de pobreza. “Su aporte es utilizar información ya observada para entender qué fuerzas están detrás de su evolución entre una Casen y otra. A julio de 2026, el mensaje es claro: los ingresos han evolucionado favorablemente, pero la pobreza podría haber disminuido más si esa mejora hubiera estado acompañada por un mercado laboral más sólido”.
A modo de cierre, el estudio recalcó que “no importa solo cuánto aumentan los ingresos de quienes ya tienen un empleo. También importa cuántas personas logran acceder a uno y conservarlo”.