Astronauta. Desde niño, ése fue el sueño de Kim Durand (36). “El espacio es mi pasión”, reconoce. Por eso, cuando le tocó ir a la universidad, dejó su natal París y se trasladó a Toulouse, considerada la ciudad europea del espacio y la aeronáutica por su concentración de industrias y centros de investigación del tema. Allí estudió Ingeniería Aeroespacial. Pero también fue el lugar donde debió resignarse: los cupos para ser astronauta eran esquivamente escasos, y él además cargaba con limitantes como una mala visión. Golpe duro. Casi como premio de consuelo, de vuelta en la capital francesa estudió Economía. Entró luego a Uber, al área de operaciones. Era 2014, tenía 24. Aún ni se asomaba esa otra pasión que le ha llenado los últimos años: evitar el desperdicio de alimentos, con su foodtech Cheaf.
Pero aún faltaba para eso. Con el trabajo en Uber -analizaba datos para enfrentar la competencia- estuvo en China, Tailandia, Filipinas, Indonesia, Malasia, Holanda. Entonces vino México, en 2019, y el punto de inflexión. Allí le encargaron llevar Uber Eats en buena parte del país, lo que inevitablemente lo relacionó con la comida.
A principios del año siguiente, de vacaciones en la selva colombiana, se preguntó qué quería hacer la próxima década. Entonces pensó que quería emprender y encontrar una causa con impacto social y ambiental. Se acordó también de los alimentos que se botaban en los restaurantes que trabajaban con Uber Eats. Mezclando todo, salió humo blanco: crearía algo contra el desperdicio de comida. Seis meses después empezó con un grupo de WhatsApp que conectaba a sus amigos con negocios cercanos, para comprar con descuento alimentos a punto de vencer, pero en buen estado. “La idea prendió, de pronto eran 250 personas en el grupo”, recuerda.
Dio otro paso: se consiguió un experto en redes sociales, otro en ventas, otro en armar una aplicación. Con equipo formado, lanzó Cheaf. Partió en México el 29 de septiembre de 2020, justo el día internacional de la conciencia sobre el desperdicio de alimentos. Desde entonces, el modelo es el mismo: uno entra a la app, selecciona categoría de alimento, se muestran los locales cercanos, elije un paquete sorpresa, lo paga y lo va a buscar -no hay delivery-. El descuento en el precio puede ser de hasta 65%. Cheaf se queda con el 15% de cada transacción.
Con ayuda de Cencosud
En 2023 saltó a Chile de la mano de un partner estratégico: Cencosud, que se había interesado en el trabajo de Cheaf y llevaban meses conversando. “Esa fue la principal razón: ya teníamos un cliente grande. Además vimos que Chile es un país que tiene conciencia sobre el desperdicio de alimentos y tenía proyectos de ley relacionados con eso, con sostenibilidad. Le veíamos potencial. Y nos fue muy bien”, señala Durand. Y da cifras: en tres años, han logrado rescatar 7 mil toneladas de comida que de otra forma se hubieran ido a la basura. “La mitad de eso se compone de frutas, verduras y lácteos. Tal vez un 15% sea pan y tortas. Luego, otras categorías más pequeñas”.
“Esa fue la principal razón: ya teníamos un cliente grande. Además vimos que Chile es un país que tiene conciencia sobre el desperdicio de alimentos y tenía proyectos de ley relacionados con eso, con sostenibilidad. Le veíamos potencial”, señala Durand
Los locales asociados a la aplicación en Chile crecieron un 85% en 2025; y para el 2026 se espera que crezcan al menos un 50% más. Actualmente suman 860, desde supermercados a panaderías y fruterías de barrio. El salto en ingresos fue de un 15,5%, y se ubican -según Durand- en un rango entre US$ 5 millones y US$ 10 millones anuales. Para 2026 proyectan un aumento en income de 40%. “Por otra parte, las descargas de la aplicación en Chile ya alcanzan los 2,5 millones”, comenta.
También con Cencosud como socio estratégico, Cheaf entró a principios de 2025 a Argentina y a fines de ese año a Colombia. “Tenemos claro que para lanzar en un país debes hacerlo con alguna marca ancla, eso genera confianza en la gente”, dice Durand.
Hacia adelante, el CEO de Cheaf sostiene que a fines de año decidirán qué país podría ser el próximo para la foodtech. Hay varias posibilidades. “Brasil es interesante, en población es el tamaño de los cuatro países donde estamos. Es un país que tiene ya conciencia y regulación sobre el problema. La competencia es muy fuerte allá, pero el potencial es muy alto. También podría ser Estados Unidos, que es un reto grande y caro. Podríamos lanzar en una parte del país, por ejemplo Florida; es más alcanzable. O podríamos llegar a países más pequeños en términos de potencial, como Perú, Ecuador, Uruguay”.
Alta resiliencia
Echar a andar todo el sistema hace seis años y desembarcar en distintos países ha implicado un esfuerzo de financiamiento. Entre 2020 y 2024 han realizado tres rondas de inversión, por un total de US$ 4,5 millones. Hay opiniones dividas en la empresa sobre si hacer más rondas: hay quienes sostienen que no -y ser un negocio sostenible financieramente, sin depender de fondos externos- y quienes lo ven como opción si la apuesta es entrar a un país grande.
¿Hasta cuándo Kim Durand se ve en esto? Responde que un buen tiempo más. “Enfrentar el desperdicio de alimentos en Latinoamérica fue mucho más complejo de lo que pensaba. Si soy honesto, esperaba rescatar 10 veces más. Pero hay que generar conciencia, hablar con los reguladores, convencer a los negocios… Todo eso es un trabajo incómodo de hacer cuando eres una startup con fondos y recursos limitados. Tenemos que hacer crecer esto, y al mismo tiempo hacer un negocio rentable, que sobreviva en el largo plazo. Hay que seguir, seguir, seguir. Se requiere un nivel de resiliencia extremadamente alto, recibes puertas cerradas todos los días. Creo que si yo no fuera el fundador, no sé si tendría tanta energía o voluntad”.
"Hay que seguir, seguir, seguir. Se requiere un nivel de resiliencia extremadamente alto, recibes puertas cerradas todos los días. Creo que si yo no fuera el fundador, no sé si tendría tanta energía o voluntad”.
Pero están también los sueños personales. Los de siempre, que nunca se van del todo. “Me sigue fascinando el espacio y me gustaría poder meterme en temas espaciales; no full time, pero ayudar en algún punto a la exploración espacial. Tengo mucha curiosidad del origen de la vida y creo que la respuesta está ahí”.
La contradicción
A fines de agosto, Cheaf presentó su segunda encuesta regional sobre desperdicio de alimentos, considerando los cuatro países donde opera. Respecto de Chile, llama la atención que si bien el 93,6% considera que ese tema es un problema relevante -una de las cifras más altas del estudio-, el 49,9% declara desperdiciar comida al menos una vez por semana. Porcentaje que es mayor al que se reconoce en México, Colombia y Argentina. “Esa contradicción (que en distintos grados está presente en todos los países) es el insight más importante de este informe: que la conciencia no implica necesariamente acción; se desperdicia igual, con más culpa pero igual”, comenta Kim Durand.