La relación entre chilenos y migrantes en la Región Metropolitana pareciera haber mejorado en el último año.
Así lo exhibió el Índice de Tensión Migratoria 2026, que mostró un descenso desde el 16,1% de 2025 a 9,1% en el indicador que mide la proporción de personas que viven en una alta tensión asociada a la migración en la capital.
El indicador elaborado por el Centro de Políticas Migratorias encuestó a 1.158 personas de 34 comunas en cuatro zonas de la RM y no mide opinión, sino experiencia directa en los últimos 12 meses.
De acuerdo con los resultados, la diferencia en la alta tensión respecto a 12 meses es de 6,6 puntos porcentuales (pp.) y sería estadísticamente significativa y transversal a todos los grupos encuestados.
No obstante, el director ejecutivo del Centro de Políticas Migratorias, Juan Pablo Ramaciotti, puso cautela y señaló que los resultados se deben leer con precisión.
Esto, ya que la baja de la tensión no es pareja y la disminución es la percepción de que la migración afecta el acceso a trabajo, vivienda, salud, educación y beneficios públicos; mientras que la convivencia no cambia y los conflictos, la victimización y las molestias por diferencias culturales siguen en el mismo nivel que en 2025.
“Sería un error leer este resultado como un problema resuelto. Lo que queda es justamente la dimensión donde menos se han enfocado las políticas públicas, que se juega a nivel comunal y barrial”, afirmó.

Baja en lo material, pero se mantienen los roces
Así, en el detalle ,la caída proviene de la tensión material, que bajó de 25% a 15,8% en un año. En este apartado se registraron reducciones de entre 9 y 14 puntos en los ámbitos de acceso a trabajo, vivienda, salud, educación y beneficios (ver infografía).
“Es decir, hoy menos personas experimentan que la migración dificulta su acceso a servicios y oportunidades. Eso no significa necesariamente que el acceso haya mejorado, sino que se redujo la experiencia de competencia con la población migrante”, explicó Ramaciotti.
Al contrario, los roces de la vida cotidiana parecieran mantenerse. La tensión relacional, correspondiente en conflictos, delitos y molestias culturales, se mantiene sin cambios significativos y pasó de 25,9% a 24,9%.
Un 46,3% declaró algún episodio de victimización atribuido a migrantes; 43,7% algún conflicto, y 68,8% alguna molestia por diferencias culturales, cifras prácticamente idénticas a las de 2025.
La alta tensión también tuvo cambios por territorio. Así, la zona norte de la Metropolitana pasó de registrar un 20,8% a 11,7%; el poniente de 20,3% a 9,4%; y el sur de 15,3% a 8,5%. Por su parte, el oriente no tuvo cambio significativo y aumentó de 8,5% a 9,4%.
Por sexo, las mujeres registraron una baja en la alta tensión, pasando de 17,3% a 8,5%; mientras que en hombres fue más leve, disminuyendo de 14,9% a 10,6% en un año.
Medido por nivel socioeconómico, el segmento medio mostró una reducción de 17,2% a 7,8%, siendo el más relevante. En tanto, los niveles socioeconómicos alto y bajo se mantuvieron estables, con reducciones de 12,8% a 11,7% y de 15,7% a 11,2%, respectivamente.
Por edad, los mayores de 55 años tuvieron la mayor baja, de 14,5% a 7,4%; y entre los chilenos, la alta tensión disminuyó casi a la mitad, de 17,2% a 10,2%.
Las diferencias de percepción y experiencias
Además, al igual que en 2025, la alta tensión es mayor entre quienes nunca se relacionan con personas migrantes: 18,7%, frente al 6,8% de entre quienes tienen contacto muy frecuente.
La diferencia también se da entre quienes declaran ser amigos de migrantes y quienes no, registrando 3,2% versus 12,0%.
No obstante, la percepción de “gran conflicto” entre chilenos y migrantes también disminuyó, mostrando un descenso de 65,3% a 49,4%, registrando una baja de 16 pp. En tanto, subió la opinión de que hay un “conflicto menor” (de 30% a 45%).
Al mismo tiempo, la proporción que considera excesiva la cantidad de migrantes en su comuna bajó de 65,3% a 55,8%. Aun así, la distancia entre lo que se percibe y lo que se vive sigue siendo de 40 puntos, indicando que el debate público sobre migración sigue operando sobre una imagen de conflicto mayor que la que reporta la experiencia directa de la población.