Desde hace más de 25 años que el bioquímico chileno -con una larga trayectoria profesional en California- viene evangelizando sobre invertir en biotech. En el camino acercó a este mundo a las familias Quiroga, Angelini y Del Río, entre otras. En agosto recibió dos buenas noticias: dos de las empresas en las que hay capitales chilenos invertidos se vendieron en más de US$ 1.000 millones sólo en pagos iniciales. “Cuesta tanto lograr que la ciencia llegue a este punto, son tantos años, tantas cosas que uno no puede controlar, que cuando pasa es una gran alegría”, asegura el científico.
Estaba en Bruselas, Bélgica. El científico chileno Sebastián Bernales -PhD en biología celular en la University of California, San Francisco (UCSF)- había llegado esa mañana del martes 18 de agosto a los headquarters de Droia Ventures, el grupo internacional de inversión especializado en biotech del que es venture partner.
La cita era para reunirse con el equipo y ponerse al día del avance de las inversiones del fondo. Iba también a celebrar: ocho días antes se había anunciado la venta de Actio Biosciences, una de las empresas del portafolio.
Fue un deal grande o, en palabras del chileno, “espectacular”: Jazz Pharmaceuticals compró la firma por US$ 820 millones de upfront, más US$ 500 millones en pagos adicionales sujetos a hitos de aprobación y ventas. Droia participaba en Actio a través de su Fondo III, enfocado en enfermedades genéticas, para el que el científico había levantado capital en Chile.
Volvamos a ese martes. Las oficinas de Droia quedan en un barrio cercano al aeropuerto de la capital. Estando en reunión con Matthias Van Woensel, partner del fondo y Chief Scientific Officer (CSO) de Alesta (otra biotech invertida por Droia), se enteraron de una segunda gran noticia: esa compañía (Alesta) selló su venta a BioMarin Pharmaceutical por US$ 275 millones de upfront y hasta US$ 215 millones si se cumplen ciertas fases de desarrollo y regulatorias.
Era un deal que Bernales conocía, pero que no tenía fecha de cierre porque había ido más lento de lo esperado. “Fue alucinante. Uno, porque la ciencia sigue avanzando y estos programas tienen la posibilidad de llegar a los pacientes con el partner correcto. Y dos, porque la empresa también tenía inversionistas chilenos”, asegura.
LarrainVial, los Angelini y Juan Cristóbal Pavez
Son dos historias de negocios separadas, pero con hilos comunes. Partamos por Actio. O mejor, un paso más atrás, por Droia.
Droia Ventures fue fundada por los belgas Luc Verelst y Janwillem Naesens. Ninguno de los dos era científico: Verelst era un empresario de real estate que había entrado al mundo de la salud cuando su hermana tuvo cáncer, y Naesens venía de McKinsey.
Juntos armaron un primer fondo por 62 millones de euros en 2014 para invertir en biotech. El foco al principio era apostar por empresas que estuvieran desarrollando terapias oncológicas. Con el Fondo III se ampliaron a enfermedades genéticas.
El rol de Bernales en ese tercer fondo es de un asociado senior con el rol de conectarlos con empresas de la costa Oeste de EEUU -donde él vivió 18 años-, levantar capital en geografías donde la empresa no tiene llegada, y evaluar científicamente compañías y tecnologías que están revisando.
“Todo parte hace varios años con Sergio Quezada, científico chileno que se formó con el Nobel Jim Allison. Él me habló de este fondo muy enfocado en construir compañías a partir de ciencia, porque estaban buscando crear una empresa justamente en un área en la que yo venía trabajando en Praxis Biotech, una startup que había fundado junto a mi mentor de doctorado, Peter Walter, y mis socios Pablo Valenzuela y Bill Rutter”, cuenta.
Como venture partner de la firma, ayudó a levantar capital para el Fondo III que cerró en 2021. “Una de las paradas fue Chile, donde trabajamos con LarrainVial y algunos family offices chilenos que se atrevieron a invertir en algo tan especializado y riesgoso como ciencia y biotech temprana”, señala.
Entre LV y los distintos family office chilenos se suscribieron cerca de US$ 12 millones, incluyendo Amarena -de los Angelini- y Juan Cristóbal Pavez. Una de las inversiones de ese fondo fue Actio Biosciences.
Sebastián Bernales, Bill Rutter y Pablo Valenzuela, socios en Praxis Biotech
“No estoy acostumbrado a ver algo así”
Lo que trata Actio es una enfermedad genética pediátrica llamada epilepsia asociada a KCNT1, que comienza durante los primeros meses de vida y puede producir decenas o incluso cientos de convulsiones al día, muchas veces resistentes a los medicamentos existentes.
Algunos niños nunca llegan a caminar o hablar y actualmente no existe una terapia aprobada específicamente contra la causa de esta enfermedad, explica el científico.
Actio desarrolló una pequeña molécula oral para bloquear directamente el KCNT1, un canal alterado por la mutación que genera estos “cortocircuitos”.
La droga está en desarrollo clínico y en una primera prueba en niños mostró resultados sorprendentes: pacientes que bajaron de hacer 80 convulsiones al día, a una o dos. “Yo no estoy acostumbrado a ver algo así. En fases tempranas, normalmente estás mirando principalmente que la droga sea segura, cómo se comporta en el organismo, etc. Ver una señal clínica así tan temprano fue impresionante”, relata.
Eso ocurrió hace unos nueve meses. La conversación entonces fue: “¿Somos los más indicados para seguir avanzando esta droga o buscamos un partner correcto?”, cuenta. Uno de los directores de Droia en Actio conocía a Jazz, y comenzó la negociación, que llegó a acuerdo la semana pasada.
Con esa transacción, la belga va a devolver más de la mitad del Fondo III a sus inversionistas. “El fondo en el que participaron inversionistas chilenos tiene varias empresas: algunas fallaron -como inevitablemente ocurre cuando se invierte en ciencia tan temprana- y otras siguen avanzando muy bien. Para mí, lo importante de un resultado como Actio es que demuestra que asumir ese riesgo científico puede generar retornos y permitir que ese capital vuelva a financiar nueva ciencia y nuevas compañías”, asegura el científico.
“El fondo en el que participaron inversionistas chilenos tiene varias empresas: algunas fallaron -como inevitablemente ocurre cuando se invierte en ciencia tan temprana- y otras siguen avanzando muy bien. Todo apunta a que este fondo será muy exitoso”
El match
En paralelo, a través de su startup Praxis Biotech, Bernales cofundó con Droia otra empresa: Alesta Therapeutics.
Años después, el chileno les presentó una segunda tecnología, que Alesta licenció y comenzó a desarrollar para tratar una enfermedad “huérfana” llamada hipofosfatasia.
Esta enfermedad, que puede afectar tanto a niños como adultos, hace que por una mutación genética se acumule un inhibidor natural de la mineralización de los huesos, lo que puede generar fracturas, problemas musculares, dolor y otras complicaciones.
“La molécula de Alesta hace que la concentración de este inhibidor en la sangre baje y busca permitir que los huesos se mineralicen normalmente”, explica el chileno. Y añade: “El momento más mágico fue cuando se vio que este biomarcador bajaba dramáticamente” y a niveles que nos daban confianza de que podía tener un efecto sobre la enfermedad.
Con estos resultados, había que ir a buscar una farmacéutica a la que le hiciera sentido continuar su desarrollo. Así llegaron a BioMarin, una compañía biotecnológica global líder en enfermedades raras, enfocada en desarrollar medicamentos para personas con enfermedades de origen genético.
Fue fundada en 1997 y su historia está ligada a un padre que se negó a aceptar que no hubiera opciones para su hijo que padecía una grave enfermedad genética. El match era evidente. Entre quienes se beneficiarán de esta venta están los fondos II y IV de Droia Ventures, y de Chile, los inversionistas de Praxis: Pablo Valenzuela, Isidoro Quiroga, Amarena, José Luis del Río, y el propio Bernales.
“Cuesta tanto lograr que la ciencia llegue a este punto, son tantos años, tantas cosas que uno no puede controlar, que cuando pasa es una gran alegría”, asegura el científico.
Matthias Van Woensel, partner de Droia, y Sebastián Bernales en los headquarters en Bruselas.
¿Boom biotech?
En 2020, con el covid y las vacunas, el sector biotech vivió un boom, con una ola de IPOs y valorizaciones récord. El XBI, que se usa como referencia o termómetro para las small y mid-cap de este sector, marcó su máximo histórico alrededor de febrero de 2021.
Pero luego vino un colapso, y hasta 2022 crecieron las pérdidas. La subida de tasas golpeó especialmente a las biotechs no rentables.
Ya en 2023, el mercado estuvo relativamente plano y hacia 2025 comenzó a reactivarse con fuerza.
“Producto de la gran corrección en biotech, hoy estamos viendo nuevamente mucha actividad e interés en el sector. Lo que más me tiene entusiasmado es que de acá a 2030, las grandes pharma van a perder la protección de propiedad intelectual de muchos de sus principales medicamentos, por ejemplo grandes terapias para cáncer, enfermedades cardiovasculares y enfermedades inmunológicas.
Esto las obliga a reponer sus pipelines y las tiene muy activas buscando innovación, incluyendo empresas chicas como Actio y Alesta”, asegura el bioquímico. “Hay una necesidad muy grande de encontrar buena ciencia y nuevos medicamentos que puedan reemplazar esa pérdida de exclusividad”, agrega.
Otra cosa que está pasando en la industria es el enorme crecimiento de China como fuente de nuevas tecnologías. En 2025, cerca de la mitad de los grandes acuerdos de licenciamiento de las grandes farmacéuticas involucraron tecnologías originadas en China. Antes, el principal generador era EEUU, mientras que China era vista principalmente como un “fast follower”. Eso cambió radicalmente.
“China se ha transformado en una fuente muy importante de innovación, lo que se ve en el ranking de sus universidades, el impacto de sus publicaciones científicas y la enorme cantidad de nuevas terapias que está desarrollando de manera rápida y a menor costo.
Estamos viendo cada vez más terapias desarrolladas inicialmente en China que son adquiridas o licenciadas por grandes farmacéuticas para continuar su desarrollo global, incluyendo EEUU. Es un cambio muy importante para la industria y obliga a EEUU y Europa a reaccionar”, advierte.