Las cifras reflejan esa presión. El Ministerio de Finanzas saudita proyecta una contracción del PIB de 3,6% este año, frente a un crecimiento cercano al 5% esperado antes de la guerra en Irán. El déficit fiscal se elevaría a casi el 5% del PIB. La economía no petrolera se contrajo entre el primer y el segundo trimestre, y la inversión extranjera cayó en la primera mitad del año.
Ese cuadro contrasta con Visión 2030, el plan maestro del príncipe Mohammed bin Salman (MBS), que busca reducir la dependencia del petróleo y hacer de Arabia Saudita una economía líder en desarrollo tecnológico y servicios.
Proyectos como Neom, la ciudad futurista junto al Mar Rojo, con una inversión estimada en US$ 350.000 millones para su primera fase a 2035; o Trojena, un centro de esquí en el desierto, han sido paralizados. El fondo soberano PIF ha comenzado a retirarse de compromisos de alto perfil, como el patrocinio de LIV Golf y la Metropolitan Opera de Nueva York. Además, acordó vender parcialmente su participación en Al Hilal, uno de los clubes de fútbol del país.
Asimismo, las aspiraciones de MBS de hacer de Arabia Saudita un centro de eventos deportivos y diplomáticos se ven afectadas por la cancelación y el aplazamiento de una decena de citas, incluida una reunión con líderes europeos, inicialmente prevista para el 24 de octubre.
El impacto de los ataques hutíes
Al deterioro causado por la guerra en Irán y el cierre del estrecho de Ormuz se suma la amenaza hutí. Ya en 2015, esta milicia respaldada por Irán, llevó a MBS a involucrar al país en la guerra civil de Yemen, sin poder derrotarlos.
Hoy los hutíes aparecen más fuertes y con armas de mayor alcance. En julio anunciaron un bloqueo marítimo contra Arabia Saudita; en septiembre golpearon el oleoducto Este-Oeste, la principal vía de Riad para eludir el cierre de Ormuz, y luego apuntaron a la aviación. Sus drones y misiles han dejado al menos 18 muertos en la capital saudita, han provocado daños en el edificio matriz de Saudi Aramco, han mantenido cerrado el principal aeropuerto del país y han obligado al centro financiero y a las escuelas a retomar el trabajo remoto.
Arabia Saudita ha respondido con ataques en la capital yemení, Saná, donde la milicia aliada de Irán tiene su principal bastión. Pero el alcance de los misiles y drones de los hutíes ha revelado la vulnerabilidad de Riad.
EEUU, que en 2025 bombardeó a los hutíes por los bloqueos al paso de buques en el mar Rojo, esta vez se ha limitado a compartir información de inteligencia con su socio saudita. El Presidente Donald Trump ha dejado abierta la opción de atacar, pero sin comprometerse antes de las elecciones de mitad de período del 3 de noviembre.
“La guerra en Irán refuerza la idea de que involucrarse en conflictos bélicos en Medio Oriente es una apuesta de alto riesgo. Si a Trump y a los republicanos les va mal en las elecciones de mitad de período, será en gran parte por la guerra en Irán”, explica Juan Nagel, economista de la Escuela de Negocios ESE de la Universidad de los Andes. Con una dependencia del petróleo de Medio Oriente mucho menor, agrega, “hay cero chances de que EEUU se involucre directamente en Yemen. Su apoyo va más bien por el lado de la tecnología y el armamento”.
Sus aliados en la región también se han mantenido al margen. El pacto de defensa con Pakistán y Turquía ha aportado ayuda limitada, y los vecinos del Golfo han expresado su solidaridad sin sumarse a los combates.
Eso deja a MBS en una posición difícil, precisamente cuando buscaba una fórmula para mitigar el impacto del cierre del estrecho de Ormuz. Neil Quilliam, investigador de Chatham House, explica que la exposición de Arabia Saudita a la costa del Mar Rojo le ofrece una ventaja competitiva para reducir su dependencia de Ormuz, pero también para diferenciarse de otros países del Golfo Pérsico y posicionarse como centro logístico y punto de exportación de la región. “Eso implica que Aramco deberá reorientar sus envíos hacia el Mar Rojo o crear capacidad para transportar 7 millones de barriles diarios (casi el doble de lo que transportaba en la zona antes de los ataques hutíes) ... Habrá plazos más largos y mayores costos, pero el carácter estructural del problema de Ormuz deja a Arabia Saudita con poco margen de elección”.
Sin embargo, el fortalecimiento de los hutíes complica esos planes. En septiembre tomaron el control de Mokka y otras posiciones en la costa del estrecho de Bab el-Mandeb en el Mar Rojo, y ya han atacado el puerto Yanbu y la refinería de Jazán. Una contraofensiva de las fuerzas de Yemen, con el respaldo de Riad, logró el repliegue de los hutíes, pero no su derrota.
Sin apoyo externo significativo, el príncipe heredero enfrenta una disyuntiva: combatir casi solo y arriesgarse a una guerra prolongada que ahuyente a los inversionistas y agrave la situación económica de su reino, o negociar un acuerdo que podría interpretarse como una señal de debilidad. 