A Enjoy S.A. le quedan pocas fichas. De hecho, podría quedarle sólo una última. Hace dos semanas que la operadora de casinos -fundada por la familia Martínez y hoy controlada por antiguos acreedores de la firma- sorprendió presentando ante la Superintendencia de Casinos una solicitud de renuncia al permiso que obtuvo en 2023 para operar durante 15 años el Casino Gran Los Ángeles, en la región del Biobío. La decisión, por tanto, llega con casi 12 años de anticipación.
La palabra final la tiene el Consejo Resolutivo de la Super. De ésta dependerá que la emblemática operadora, que comenzó a dar sus primeros pasos en la industria en 1975, llegando en su época dorada a operar diez casinos en Chile, Argentina, Uruguay y Colombia; se quede solo con un establecimiento en sus manos: Enjoy San Antonio.
No han sido años fáciles para la firma. En plena pandemia, con sus casinos cerrados, dio comienzo a su primera reorganización judicial; que luego derivaría en un segundo proceso concursal en enero de 2024.
El panorama, entonces, quedó así: un grupo de acreedores internacionales se quedó con el inmueble de Punta del Este, y los de Coquimbo, Pucón y Castro; mientras que acreedores nacionales, hoy llamados Casinos de Chile, se quedaron con las operaciones de Coquimbo, Viña del Mar y Pucón; plazas a las que estos presentaron sus renuncias en 2025.
El acuerdo, además, contempla la promesa de que el grupo también se quede con el casino de Rinconada, pero dicha transacción quedó en stand by luego de que el Tribunal de Defensa de la Libre Competencia (TDLC) comenzara a tramitar la investigación por colusión que involucra precisamente a Enjoy, Dreams y Marina del Sol.
Así las cosas, Enjoy S.A. quiere quedarse con una sola operación. ¿Qué se traen entre manos? Mientras que actores de la industria levantan sus dudas sobre la viabilidad de la empresa con la renuncia –puesto que su oferta económica rodea los 22.000 UF, lo que no es “estrangulante” en comparación a la de casinos como Viña del Mar– conocedores de la interna de la operadora aseguran que la decisión fue la más “responsable”.
En el intertanto, mencionan que están particularmente expectantes a las nuevas regulaciones que puedan surgir con la tramitación del proyecto de ley del juego online, puesto que “la situación que está ahora no es sostenible en el tiempo”. Por otro lado, tampoco descartan volver a participar por nuevas plazas.
Adiós Los Ángeles
Las operaciones de Los Ángeles y San Antonio son descritas por cercanos como “pequeñas”. En sus últimos resultados, ambas reportaron ingresos por $ 6.251 millones, un 18,6% menos que en 2025. Las visitas, en tanto, también presentaron bajas: en el caso de Los Ángeles, este pasó de 44 mil (en el acumulado de enero-abril de 2019) a cerca de 22 mil en este mismo periodo este 2026. El cálculo da una baja del 47,9%.
Conocedores de la decisión de renunciar aseguran que en este inmueble, particularmente, existe un escenario complejo por la presencia de casinos físicos ilegales. Es en este contexto que la decisión, dicen, “mirando cómo vienen los números, fue la más responsable”.
Sobre si podría replicarse esto en San Antonio –que acumula también una baja del 61% en sus visitas entre el 2019 y el 2026– las mismas fuentes afirman que aún no hay ninguna decisión al respecto.
En caso de ejecutarse, eso sí, Enjoy quedaría sin casinos y podría –incluso– desaparecer, lo que abre la duda dentro de la industria sobre qué ocurriría con la multa que la Fiscalía Nacional Económica busca cobrarle a raíz de la acusación de colusión de 2024, que asciende a 41.498 UTA -equivalente entonces a US$ 36,8 millones-, junto con el término de los permisos en Rinconada, San Antonio y Los Ángeles.
Este último punto es clave, puesto que el Consejo Resolutivo podría frenar la apuesta por deshacerse de uno de los casinos que, precisamente, están involucrados en la causa. Esto, al menos, fue lo que sucedió con el de Rinconada.
El mundo online
La competitividad dentro la industria de los casinos físicos ha estado en tela de juicio durante las últimas semanas. Esto, luego de que la Super declarara desiertos varios concursos como el de Puerto Varas, Ancud; y más recientemente el de Viña del Mar e Iquique.
En este contexto, además, no ha pasado desapercibida la entrada a las plataformas en línea. Y ahí, afirman fuentes internas de Enjoy, es que la plana ejecutiva ve una oportunidad para crecer. “Claramente la línea va por poder participar en el mundo online. La postura siempre ha sido que esto se regule bien y haya una posición competitiva con el offline. Es de suma urgencia hacerlo… La situación que está ahora no es sostenible en el tiempo”, dice una persona cercana a la firma.
Otros competidores, cabe recordar, ya se han anticipado subiéndose a este carril. Marina del Sol –de la familia Imschenetzky– inscribió ante el Instituto Nacional de Propiedad Intelectual (Inapi) su marca “Marinabet”, que les permitiría ofrecer sus servicios de manera virtual una vez que la ley de juego online, que lleva en tramitación desde 2022, salga del Congreso.
¿Nuevo round?
Hoy por hoy, cercanos aseguran que Enjoy hoy tiene puestas sus energías en ser una empresa más ordenada y más estructurada. En sus últimos resultados, la firma reportó que la administración –que hoy tiene a Andrea Wolleter en la gerencia general– “ha ejecutado un plan de eficiencia operacional”, que comprende la reducción y reasignación de dotación (hoy compuesta por cerca de 300 empleados, teniendo en cuenta que llegó a tener más de 5.000 cuando tenía la decena de casinos) y la renegociación de contratos con proveedores, entre otros ajustes.
Con esta mentalidad, durante este periodo los costos de ventas disminuyeron en 19,2% y los gastos en administración bajaron un 20%.
En paralelo, comercialmente, desde la firma también están intentando atraer nuevos clientes y hacer un trabajo para “poder ser competitivos y darle sustentabilidad al negocio”.
La pregunta del millón es: ¿irán por más fichas, es decir, más operaciones? Diferentes fuentes afirman que Enjoy “evalúa en su mérito si participa o no participa” de cada licitación. Pero, precisan, “siempre está arriba de la mesa. Uno tiene que, responsablemente, evaluarlo”.