Cinco minutos antes de subir al escenario, Nicolás Pons miró su reloj. Marcaba 110 pulsaciones por minuto, cuando en reposo generalmente tiene 70. Había armado la presentación en una semana junto a Patricio Rojas, fundador de Aisoncore, y el diseñador del equipo, y la ensayó solo frente al espejo. Rojas le cedió el escenario porque quiere que otros del equipo se conviertan en voceros, dice Pons.
El miércoles 4 de noviembre, Pons, Growth Leader de la startup, hizo su pitch ante 500 personas en la tercera edición del Mining MAS Pitch, el concurso de tecnología minera que organizan DF MAS y ME Elecmetal. Cerca de las 19:00, cuando anunciaron al ganador, escuchó un grito en el público y supo altiro que era su equipo celebrando.
Nunca habían postulado a la competencia. Esta startup nació en 2020 y pasó los años siguientes puliendo el producto, aunque había visto las dos ediciones anteriores del evento. “La vitrina es muy buena, entonces deberíamos ser parte de esto”, dice Pons. Cuando supieron que eran finalistas, invitaron a clientes y prospectos a verlos.
El 70% son trámites
“En simple, nosotros le damos trazabilidad a los componentes que se van a reparar afuera de la faena”, dice Pons. Cuando a un equipo de la mina le falla una pieza grande, como un motor, una bomba, una transmisión o un cilindro, esa pieza sale a un taller externo. Allá la evalúan y la cotizan, la minera aprueba el presupuesto, la arreglan y después tiene que volver. En el camino participan mantenimiento, abastecimiento y logística de la minera, el taller, la empresa que la transporta y los inspectores que certifican que el trabajo esté bien hecho.
Según la empresa, en la mayoría de las mineras todo eso se coordina por correo, WhatsApp, Excel y teléfono. “Muchas veces el proceso se queda estancado en una parte porque no se responde un correo”, dice Pons.
Cuando la empresa midió el ciclo, encontró que cerca del 70% del tiempo que una pieza pasa fuera de la faena son trámites, esperas, cotizaciones, aprobaciones y traslados. Sólo alrededor del 30% es el taller trabajando sobre ella.
Aisoncore junta a todos esos actores en una sola plataforma. Cada pieza tiene su ficha con el historial completo, se ve en qué etapa está, quién la tiene y cuánto lleva ahí, y el sistema avisa cuando algo se atrasa. Se conecta con SAP, el sistema de gestión que usa la mayoría de las mineras, y no lo reemplaza. Los sistemas de mantenimiento que ya existen muestran lo que pasa dentro del taller o de la faena, pero no el recorrido completo de la pieza.
Quién paga
Paga la minera, con un fee mensual que depende de cuántas reparaciones hace al año, más los servicios adicionales que elija. “El precio varía harto”, dice Pons. Se entra por un piloto de tres a cuatro meses con unos cinco proveedores o directo con un contrato, y el ciclo de venta dura entre un año y un año y medio. Los talleres entran gratis, invitados por la minera que los contrata, y después pueden sumar módulos propios.
Para la minera, que una pieza vuelva antes significa tener menos repuestos guardados. Mientras un motor está en el taller, la faena necesita otro igual en bodega para que el equipo no se detenga, y mientras más se demora la reparación, más piezas de respaldo tiene que comprar y mantener. “Son montones de componentes que tenías botados en algún lado y que no se están usando”, dice Pons.
Candelaria, la faena de Lundin Mining, mostró sus números en Mapla-Mantemin 2024, un congreso de mantenimiento minero. Redujo hasta 40% sus tiempos de reparación. En otros clientes, según la empresa, la baja ronda el 25%.
Aisoncore nunca ha levantado plata. “Hacemos crecer el equipo cuando crece también la venta”, dice Pons.
Un favor en Antofagasta
Rojas es antofagastino, ingeniero informático de la Universidad Católica del Norte y empezó desarrollando software para mineras. Después armó su propia software factory, una empresa que hace desarrollos por encargo y ahí nació Antara, que sigue la producción de una mina (cátodos, concentrado, molibdeno, litio) desde la faena hasta el puerto.
En 2012 Endeavor lo invitó a su red con una condición, tenía que dejar la software factory y construir una empresa sobre un problema de la minería, y esa empresa fue Antara, que hoy factura alrededor de US$ 1,3 millones.
En 2019, un exgerente de Antofagasta Minerals le pidió a Rojas que le hiciera un software. Rojas le respondió que no hacía desarrollos a medida, pero aceptó juntarse. El problema eran las piezas que se mandaban a reparar y se perdían, mientras los talleres se llenaban de componentes reparados que no lograban devolver. El exgerente le aseguró que eso le pasaba a todas las mineras del mundo.
Rojas armó tres prototipos de cómo podía verse una solución y los subió a LinkedIn. Le llegaron mensajes de mineros de distintas partes del mundo. Eso fue a fines de 2019, y en ese momento no había producto, sólo las pantallas. Aisoncore nació recién en 2020, como empresa hermana de Antara, y la primera versión de la plataforma se fue armando con lo que Rojas aprendía en cada reunión con mineras.
La reunión 75
Rojas partió con las reuniones: una, dos, 10, 30. Y en todas los mineros le hacían la misma pregunta. “Oye, esto está muy bueno. ¿Quién lo usa? Nadie”, contestaba el ingeniero. Cerca de la reunión 75, dice Pons, “todos pensaban que el Pato estaba loco”.
Ahí apareció Candelaria, en 2022. Hicieron la misma pregunta, recibieron la misma respuesta y decidieron probar. El piloto partió con cinco proveedores y tenía que despejar la duda más grande: si los talleres iban a cargar sus datos. En cuatro meses todos estaban ingresando información y se veía el estado de cada pieza. Candelaria pasó a operación con cerca de 80 proveedores y unas mil reparaciones.
Después llegaron Collahuasi, Kinross con La Coipa y Caserones, y ahora entran Mantoverde y Mantos Blancos, de Capstone. Con BHP hicieron un piloto de seis meses y conversan su continuidad. Según la empresa, han trazado más de 6.000 reparaciones con más de 360 proveedores.
El cliente que se fue
Pons entró en julio de 2024 a cargo del área comercial y del producto, y a los tres meses vio irse a un cliente que representaba cerca del 30% de la facturación. La minera no lograba integrar su SAP con la plataforma, así que acordaron que mandara reportes desde su sistema para cargarlos de forma masiva. Su gente terminó haciendo el mismo trabajo dos veces, los usuarios activos fueron bajando semana a semana y los componentes se quedaban pegados en la misma etapa. “Que se te vaya un cliente en minería es durísimo”, dice Pons, sobre todo en una industria donde “funciona casi todo boca a boca”. Aguantaron porque justo después entró uno nuevo.
Rumbo a Sídney
La meta en Chile es estar en todas las mineras, porque mientras más faenas se suman, más datos tiene Aisoncore para comparar qué talleres reparan más rápido, más barato y más cerca, o estimar cuánto costará y tardará una reparación y si conviene más comprar un componente nuevo. Con esa información lanzan este mes Aisoncore Network, un buscador gratuito para que las mineras encuentren talleres por componente y región.
Fuera de Chile la apuesta es Australia, donde están preparando su aterrizaje con apoyo de ProChile y la Universidad de Sídney y ya conversan con cuatro mineras. “La idea es exportar estas soluciones tecnológicas desde Chile”, dice Pons.