-Los superfans serán una fuente de ingresos cada vez más importante.
-Latinoamérica es uno de los mercados emergentes que serán motores importantes de crecimiento.
-La oportunidad está en convertir millones de oyentes gratuitos en suscriptores de pago.
-La estrategia consiste en preventas de entradas, membresías y comunidades privadas, contenido exclusivo y experiencias VIP.
Estas son algunas de las conclusiones que arrojó el estudio
Music in the Air: 10 years on, de Goldman Sachs, dado a conocer el pasado mes de octubre y que analiza las perspectivas económicas de la industria musical mundial: streaming, discográficas, publishing, conciertos, IA y monetización. Según estos datos la oportunidad es el modelo Direct to Consumer (D2C, su sigla en inglés).
Arturo Fontaine Ducci (44) comparte esta información con entusiasmo porque el estudio viene a confirmar la tendencia por la que apuesta desde 2023 con MINT, una plataforma chilena que ofrece venta directa de músicos a superfans. “Me llena de orgullo”, dice.
Los giros de la industria musical
Pero antes de entrar de lleno en MINT, Fontaine se remonta a su propia historia, que corre en paralelo con la transformación de la industria musical.
Cuenta que entró a estudiar ingeniería civil en la PUC pero en segundo año se retiró para seguir la carrera de Producción Musical y Music Business en Berklee College of Music, en Boston. Ahí también estudió y vivió su hermano Héctor (ambos son hijos del escritor Arturo Fontaine Talavera y de la periodista Mercedes Ducci).
Arturo llegó a Estados Unidos en 2005, un año después de que se fundara Facebook, que en un inicio era una red social restringida solamente a las universidades Ivy League. En ese entonces MySpace ocupaba el espacio que hoy comparten TikTok, Instagram, Spotify, etcétera, explica. Comenta que pocos años antes, en 1999, Napster había transformado la industria musical, introduciendo la gratuidad y la piratería digital. Los sellos musicales se vinieron abajo.
La crisis de la industria generó que los sellos no contaran con recursos para arriesgar y que bajara la inversión en nuevos talentos. “Spotify apareció como la primera solución a la piratería y cobró fuerza en 2016. Imagínate que antes un solo CD te podía costar 20 lucas y ahora en Spotify por menos de 5 lucas al mes puedes escuchar todo. Fue una devaluación agresiva de la música grabada. Puedes tener desde Bach para adelante en tu celular. Básicamente la gente perdió la disposición a pagar por música. Los sellos son dinosaurios que reaccionan lento, se quedaron pegados tratando de volver al modelo antiguo. Hoy en día casi todo el mundo escucha música y casi nadie está dispuesto a pagar por ella”.
Ese cambio sociocultural ha obligado a la industria a reinventarse. “El sueño de llevar las ventas de música a lo digital sigue pendiente. Lo intentó Steve Jobs con iTunes y fracasó rotundamente”, dice. Luego de Spotify aparecieron plataformas como Patreon y Bandcamp que proponen membresías mensuales a través de un sistema de mecenazgo.
Lograron un éxito parcial: en el caso de Patreon la música no es el contenido que más recauda y Bandcamp es de nicho, acota Fontaine. “Creemos que la membresía mensual no es el camino porque requiere de mucho esfuerzo por parte del creador de contenido y los ingresos son menores e irregulares”, dice.
El streaming pagado es el principal ingreso de los sellos discográficos, pero el futuro podría ser distinto.
Fontaine vuelve a citar el informe de Goldman Sachs para explicar la oportunidad que representa el modelo direct to fans. El streaming requiere un gran volumen de reproducciones. Si 10.000 Superfans gastan $30.000CLP al año equivale a 150M de reproducciones pagando 2USD por mil reproducciones en Spotify (dólar a 1000), menciona para ilustrar la brecha de ingresos.
“A diferencia de la lógica de volumen del streaming donde necesitas montañas de reproducciones, una banda con 50.000 oyentes únicos mensuales, si tiene 1.000 Superfans reales (2%) gastando 30.000CLP al año genera el equivalente a 2.5M CLP al mes, ingresos adicionales que comienzan a ser significativos y son imposibles de alcanzar para un artista de ese tamaño con streaming”, dice Fontaine.
El engagement es fundamental, agrega. “Un consumidor liviano te escucha en el gimnasio o en una junta con amigos, pero no necesariamente se habría comprado tu disco ni iría a tu concierto. Un superfan en cambio paga por tener acceso al prelanzamiento de un single o de un videoclip, por tener derecho a preventa de entradas de un concierto, merchandising, etcétera. La gente paga por exclusividad”, afirma.
Y eso ofrece MINT.
“El superfan quiere ser reconocido como tal”
- Si esta entrevista fuera un pitch, ¿qué dirías?
- Estamos en un momento único para resolver cómo monetizar a los superfans del mundo de la música digital. Históricamente se ha podido monetizar con lo presencial, en el mundo real, con el “en vivo”. Pero en digital eso no ha ocurrido. Goldman Sachs tiene clarísimo que hay una oportunidad. Lo dijo en 2024 y lo vuelve a decir ahora, más fuerte que nunca. Weverse en Asia y Even en Estados Unidos son dos plataformas en las cuales Universal invierte. En una línea: MINT quiere ser el Weverse de Latinoamérica.
“Regístrate para apoyar a tus músicos favoritos y conoce a otros fanáticos”, invita la descripción de
@mint_app en Instagram. El modelo de MINT está basado en drops, “Estrategia de lanzamientos limitados o stock reducido de un producto”, dice la definición del término en castellano. La app es de descarga gratuita.
“Pagas $ 2.000, por ejemplo, y puedes tener acceso a una preventa de tickets, al prelanzamiento de una canción, a un streaming en vivo o a fotos inéditas de la banda. Así vas construyendo una comunidad con funciones como canales de videonotas que les permite a los superfans interactuar entre ellos y verse las caras. Hay mucho anonimato en la comunidad de fans y el superfan quiere ser reconocido como tal”, describe Fontaine.
MINT también contempla un sistema de referidos: los superfans ganan en la medida en que conviertan ventas en sus redes sociales. “Ellos tienen un link trazable que les permite ganar un porcentaje de cada venta que logren. Antiguamente la música era muy boca a boca y esto es como un algoritmo humano. ‘Estoy escuchando esta canción en MINT, se las recomiendo’. Y si alguien compra, se quedan con una parte. Los fans pueden ganar infinitamente con los productos digitales: cuántas canciones vendas, cuántos videos, cuántas entradas, streaming de alta calidad…”, enumera.
Y además se puede pagar una membresía anual que otorga puntos para mitigar costos. Se trata de una práctica de fidelización que puede ser conveniente para los fans: “Es una herramienta paralela, pero no un requerimiento. Entonces todas esas combinaciones, creemos nosotros, van a ser necesarias para calibrar”.
Por delante se proponen un desarrollo de 12 a 24 meses para pulir la solución, la manera en la que se logra el enganche entre Superfans y Artistas, en un ecosistema D2C”, dice Fontaine. “Hemos validado y descartado algunas hipótesis. Tenemos un montón de trabajo puesto ahí”, dice sobre la plataforma que están desarrollando desde mayo de 2023. Menciona a sus dos socios: Rodrigo Guerra, experto en ciberseguridad que trabajó en el headquarters de YouTube en California y en Zerofox, y Duncan Scott, compañero suyo de colegio, ingeniero civil que ha participado de diversos startups como F4F.
A la fecha han levantado $ 400 millones y se encuentran en una nueva ronda de inversión para armar el siguiente tramo. Están teniendo conversaciones con distintos players de la industria, posibles socios e inversionistas.
El perfil de inversionista es más family office que venture capital. “Los VC son más cortoplacistas, quieren crecimiento de dos dígitos al año y MINT requiere de un calibraje que implica mucha iteración, y eso va a tomar tiempo, se requiere visión de largo plazo”, comenta. Una vez que la plataforma esté más consolidada, el plan sería presentárselo a Universal Music Group u otro sello grande para que invierta en él, adelanta.
La ciberseguridad y la disposición de los fans a pagar son dos aristas que están bastante resueltas, asevera Fontaine. El desafío ahora es llegar a los artistas a través de los sellos. “Ahora lo que nos está frenando es la burocracia. Hay un montón de restricciones contractuales como exclusividad entre las distribuidoras y ciertas plataformas, lo cual hace muy difícil llegar a los artistas masivos. Por eso tenemos un target intermedio y hemos hecho un cherrypicking del orden de 20 artistas, la mayoría de ellos son músicos urbanos”, dice.
Actualmente cuentan con cerca de 2 mil usuarios y 5 mil ventas unitarias. La plataforma se queda con un 20% de las ventas, además de los ingresos por avisaje.
Durante 2025 realizaron las Sesiones MINT: fueron seis shows con público acotado y streaming en vivo HD. “Había mucho escepticismo y funcionó. Confirmamos que la gente está dispuesta a pagar. Fueron buenas experiencias y segmentamos con mucha claridad a los superfans que estaban felices de estar ahí”, cuenta Fontaine.
Las bandas que participaron de las sesiones fueron NVSCVR, Bouncy Boys Band, Loyaltty, Benja Valencia, Ober + KYA + Killua y KUINA. Otros artistas presentes en la plataforma y que han realizado prelanzamientos de canciones y videos son Bryartz, Kuroh, Harry Nach, Bronko Yotte, Jamez Manuel y Fran Ri.
Fontaine comparte una presentación donde se proyectan distintos escenarios. En un cálculo conservador, solo Spotify tiene más de 64 millones de suscriptores pagos en Latinoamérica, con 20% de superfans (Goldman Sachs). “Y estimamos que a la larga un superfan va a gastar $USD 100 en la plataforma al año. Este es el momento y está la oportunidad de cambiar la industria de la música”, cierra.
La oportunidad latinoamericana
“Estamos en la era de creadores en la cual todos están monetizando sus comunidades”, apunta el CEO. Por otra parte, la ciberseguridad ha avanzado y la tecnología es cada vez más eficiente al momento de bloquear contenido pirata. Mientras Warner y Sony están desarrollando sus propias herramientas internas, Universal Music Group (UMG) ha apostado por invertir en plataformas D2C.
En marzo de 2024 UMG firmó acuerdo con Weverse, que pertenece a la empresa de entretenimiento surcoreana HYBE, y que cuenta con 12 millones de usuarios mensualmente activos y bandas como BTS. En febrero de este año hizo lo propio con Even, plataforma estadounidense direct-to-fan enfocada en venta anticipada y monetización de superfans.
La oportunidad, dice, es Latinoamérica. “Es una industria que está entrando en fase de maduración. Chile es el país con más superfans del mundo proporcional a la cantidad de habitantes. Y Argentina, México y Colombia están en los primeros siete lugares según Spotify. América Latina es un continente con un nivel de fanatismo importante. Nosotros creemos que Chile, el país con más superfans, es el lugar desde donde hacerlo”, enfatiza el creador de MINT.
Agrega: “Así como los superfans de BTS en Chile usaron Weverse para comprar entradas en preventa, gente de distintas partes del mundo podría descargar MINT para adquirir contenido de un artista latino”.
Era 1945
En 2006, cuando los hermanos Fontaine Ducci vivían en Boston, lanzaron su banda de pop-rock 1945. El nombre correspondía a la dirección de la sala donde ensayaban y como además era el año de la bomba nuclear, pensaron que sonaba rockero, cuenta Arturo riendo.
Uno de los grandes hitos de la banda -que bajó su actividad en 2011- fue una tocata que hicieron en 2006 en el legendario club neoyorquino CBGB la noche que éste cerraba. La banda que tocaba originalmente canceló a último minuto y los llamaron a ellos a través de su agente para preguntarles si estarían disponibles. Partieron inmediatamente en bus desde Boston. “Fue épico”, narra el músico.
Estando allá les salió la posibilidad de firmar un contrato con Feria Music en Chile, sello de la Feria del Disco. Lanzaron dos discos, The Only Way Out (2008) y Juntar el tiempo (2010) a través de Warner Chappell y Feria Music. Musicalizaron programas de televisión y sus videos circularon en canales como VíaX, Zona Latina y Match Music en Argentina.
“Pasaron un montón de cosas entretenidas con la banda, pero económicamente no era sustentable”, apunta. Es desde esa experiencia que se empeña en encontrar una nueva solución que sea más sustentable para los músicos emergentes. Entre 2016 y 2017 Arturo estudió además un MBA en Oxford.