Ignacio Idalsoaga estudió Medicina Veterinaria con el foco de dedicarse a criar cerdos. Como su padre tenía una fábrica de cecinas, él podía ser su mejor proveedor de materia prima. Y así lo hizo un tiempo hasta que el destino giró la ruta. A mediados de los años '80 empezó a hacerse cargo de animales silvestres heridos que le llevaba la gente, ya que había pocos especialistas en Buin. Ese espacio terminó convertido en un centro de acogida que, con los años, creció hasta convertirse en un zoológico en 1994. El Bioparque Buin Zoo es hoy el más grande y moderno de Chile, con 2.500 animales de más de 250 especies. La esposa de Idalsoaga y sus 10 hijos colaboran en distintas funciones de esta empresa familiar. Algunos contratados, otros como asesores.
Él y su hijo Francisco estuvieron en el nuevo capítulo del podcast Asunto de Familia, de DF Mas. Aquí, un extracto de esa conversación.
-Ignacio, partiste con un centro de acogida de animales que, heridos o maltrechos, no podían ser devueltos a la naturaleza. ¿En qué momento sentiste que ese centro era más bien un zoológico?
-(I) En ningún momento… Como bien cuentas, partí en un predio pequeño que era de la familia, de tres hectáreas, con instalaciones muy antiguas, de una fábrica de cecina que había quebrado en el 76 o 77. Mi padre compró esta propiedad en los años '80. Efectivamente, había solo dos veterinarios en la zona y la gente empezó a traer estos animales dañados. Ni como familia ni personalmente proyecté que esto iba a trascender demasiado, pero fueron casi 14 años. Tengo que confesar que yo como veterinario había imaginado que toda la vida iba a estar produciendo cerdos. Gran error, porque de criar cerdos para comerlos hoy los crío para que les hagamos cariño. Hay vuelcos así de importantes. Fue una bola de nieve que empezó a crecer. Yo no tenía las habilidades como profesional para hacer muchas cirugías de recuperación de alas o fracturas. Fue muy de ensayo y error. Empezamos a quedarnos con harto animal lisiado que no podíamos liberar y fue una vocación que fuimos adquiriendo en el tiempo. Pero nunca proyectamos que esto se iba a transformar en un zoológico.
-¿Cómo toman la decisión?
-(I) En el 94 yo ya tenía un criadero importante de cerdos, 200 hembras en producción, más de mil animales en engorda. Me había preparado bien para esta labor. Y pasó que a Agrosuper, que había liderado el tema de los pollos durante años, le dio la locura de los chanchos. Yo un año antes de que esto empezara ya lo sabía y comencé a prepararme para esta batalla que terminó muy mal, porque después de un año trabajando a pérdida tuve que cerrar. Ya tenía por lo menos cinco hijos y además una cantidad de animales que tenía que mantener. Estuvimos más de un año a la deriva, sin saber qué hacer. El zoológico no era tema para la familia, no nos gustaban; teníamos muy malos referentes locales además. Pero había que buscar alguna forma de salida. El destino nos llevó a un encuentro latinoamericano de zoológicos en México. Fuimos con Paula, mi mujer, y nos dimos cuenta de que tener un parque era importante por todo lo que significa la educación, la reproducción de especies en extinción. Volvemos absolutamente motivados y tomamos la decisión de transformar el Parque de Asís, que era este centro de rescate, en el Buin Zoo.

-En ese tiempo habías creado también un cementerio para mascotas, como una manera de financiar el centro de animales. Fue innovador para su época…
-(I) Más que innovador, fue muy loco para la época. Yo hacía focus group con mis compañeros de universidad de esta idea, y me decían: “¿Estás loco?, ¿quién va a ir a enterrar un perro?”. Pero lo hice igual, la sangre vasca me salió por las venas. A los seis meses estaba lleno. Fue el primer cementerio de mascotas del país. Y fue interesante, porque en el fondo la muerte generaba vida: todo lo que recaudábamos allí se destinaba a mejorar las condiciones de los animales dañados. Al día de hoy van 30 mil animales sepultados.
-¿Animales de todo tipo?
-(I) Nos han llamado por caballos muy queridos, pero no tenemos capacidad para eso. Sí ovejas. Y hay un recuerdo emblemático. Llegó un grupo de hombres con un paquete grande, eran del Club Hípico y venían con una oveja: allí se las ponen a los caballos nerviosos para acompañarlos y mejorar su condición. Fue muy lindo, porque eran hombres aguerridos, de trabajo, que juntaron las lucas para enterrar su oveja.
Alimentar al puma
-Francisco, a ti no hay ni que preguntarte si tuviste una infancia rodeado de animales: creciste en medio de un zoológico. ¿Cómo era esa vida?
-(F) Todos nosotros como hijos hemos sido parte del parque de siempre, pensar nuestra infancia es pensar en esta experiencia vinculada con el Bioparque Buin Zoo. Son experiencias que marcan la vida y la dinámica familiar. Cuando el parque era más chico, muchos animales pasaban por la casa, entonces nos involucrábamos en la crianza de pumas, leones. Me acuerdo de la María José, mi hermana más grande (hoy veterinaria), que debe haber tenido 10, 12 años y ponía su alarma a las 3 de la madrugada para ir a darle la mamadera al puma, porque a esa hora tenía que comer. Y llegaba al colegio a hacerse cargo. Esa dinámica de responsabilidad siempre existió en la historia de la familia.
"Me acuerdo de la María José, mi hermana más grande (hoy veterinaria), que debe haber tenido 10, 12 años y ponía su alarma a las 3 de la madrugada para ir a darle la mamadera al puma, porque a esa hora tenía que comer. Y llegaba al colegio a hacerse cargo. Esa dinámica de responsabilidad siempre existió en la historia de la familia", recuerda Francisco..
-Vivían de manera cotidiana cosas que para otros niños serían absolutamente extraordinarias.
-(F) Me acuerdo de una vez en el colegio que nos pidieron hacer una historia sobre nuestras mascotas. Yo estaba en cuarto básico e hice la historia del tapir. Se la entregué a la profesora y se generó una dinámica muy divertida. Mientras mis compañeros escribían de perros, gatos, canarios, nosotros escribíamos de tapires, pumas y nuestra realidad del día a día.
-(I) Hay historias entretenidas. Los hijos estaban muy chicos y entraron al jardín infantil en San Bernardo. En la casa estábamos criando un pingüino en la tina de baño, porque era el lugar que teníamos. Entonces al tercer día la profesora del jardín nos llama y nos dice que está súper preocupada porque una de mis hijas tiene una fijación, que habla de un pingüino y que se baña con él. No hicimos ningún comentario. Al día siguiente le mandamos una foto de toda la familia con el pingüino al medio. Era parte de la vida.
-Varios de los hijos terminaron siendo veterinarios, ¿cierto?
-(I) Hay dos veterinarios y un tercero que acaba de partir la carrera. Tengo además dos yernos veterinarios. Somos en total seis veterinarios en la familia.
-Francisco, tú eres médico. ¿Por qué, siempre rodeado de animales, elegiste medicina para humanos?
-(F) Es preocuparse de otros animales, de otra especie (risas). Siempre me pasa en el hospital, con los pacientes, que me preguntan por el apellido o por el parecido físico con mi papá, y viene la pregunta de cajón: ¿Por qué no fuiste veterinario? Era el camino evidente...
-¿Y por qué no fuiste veterinario?
-(F) Siempre me han gustado los animales y he tenido mucha relación con ellos. Y creo que la palabra clave es el cuidado. Como familia siempre hemos tenido un interés genuino por el cuidado de los otros y eso se refleja de diferentes formas. No solo en un cuidado por los animales; ahora con la transición a bioparque tenemos un cuidado especial también por plantas en peligro de extinción, por los insectos. También es súper importante el cuidado de las personas que trabajan con nosotros. Lo que me llevó a la medicina es ese sentido de responsabilidad del resto y de la importancia del cuidado. En mi vocación se ve reflejado en el cuidado de otras personas y en muchos de mis hermanos en el cuidado de los animales o de los niños. Yo siento que el amor y el cuidado es la línea editorial para nosotros como familia.

-Varios hermanos están contratados en el parque, otros son asesores como tú. ¿Cuál es tu tarea específica en Buin Zoo?
-(F) Mi labor en el parque ha ido migrando con el tiempo. El primer trabajo fue en las boleterías, a los 13 o 14 años. Después mucho tiempo trabajé en la administración, y también harto tiempo en el cementerio. En los últimos años mi rol principal ha sido más enfocado a la visión estratégica del parque. Para mí ha sido súper natural, porque en el fondo la acreditación de hospitales y los procesos clínicos son súper estructurados, medibles, en plazos, entonces para mí es súper natural dar estructura, hacer seguimiento, que los procesos se cumplan. Cada vez más he ido trabajando también en las relaciones interinstitucionales, cómo posicionamos al bioparque en redes internacionales. Estoy por lo menos un día a la semana en el parque y lo disfruto, es salir de mi rutina habitual y mis responsabilidades clínicas.
La sucesión
-Ignacio, esto partió como un emprendimiento individual y hoy es un proyecto familiar. ¿Qué te pasa cuando piensas en eso?
-(I) Tiene mucho de magia, porque teniendo 10 hijos uno no necesariamente podría pensar que el bioparque es una opción de vida para ellos. Alguno podría querer escapar. Pero se ha generado una cultura familiar. Esta entrevista, tú no lo sabes, pero está marcando un hito, en el sentido de que yo ya cumplí 70 años y estamos en un proceso de sucesión que partió hace 15 años, cuando María José, la mayor de mis hijos, se casó y llegó un nuevo miembro a esta familia. Ahí partimos con un proceso que sabíamos que iba a llegar. Ya tenemos siete yernos y nueras, el nieto 27 viene en camino, somos un tremendo familión. Entonces partimos muy temprano y afortunadamente lo hicimos muy bien. En dos semanas más estamos partiendo con un directorio formal donde tres de los hijos que ya fueron elegidos por sus hermanos van a ser parte. Yo voy a ser presidente del directorio. Así que estamos en un proceso bien interesante, donde el rol de cada uno de los hijos va a tener todavía una connotación mucho mayor, más allá de que ninguno va a poder ser gerente, por ejemplo, porque es parte de lo que creíamos que era sano. Y los hijos que están todavía estudiando en la universidad, si quieren trabajar en el parque tienen que trabajar afuera a lo menos dos años. La verdad es que se ha ido generando una cosa muy sana para la familia, para evitar conflictos. Estamos todos muy involucrados, muy motivados.
-Francisco, tú y tus hermanos están involucrados en el parque. En tu caso, ¿cuánto hubo de elección personal, de gusto propio, y cuánto de deber familiar?
-(F) 100% no deber familiar. Ha sido elección de cada uno, 100% libre. Nunca ha habido ningún tipo de presión y eso explica por qué a lo largo de nuestras vidas también ha habido vinculaciones diferentes con el bioparque. Momentos en que hemos estado más metidos en la operación, momentos en que hemos participado más de las grandes decisiones familiares. La historia del bioparque está tan vinculada a la historia familiar y la misión del bioparque está tan vinculada a nuestra misión como familia, que uno termina volviendo de una u otra forma.
"Estamos partiendo con un directorio formal donde tres de los hijos que ya fueron elegidos por sus hermanos van a ser parte. Yo voy a ser presidente del directorio. Así que estamos en un proceso bien interesante, donde el rol de cada uno de los hijos va a tener todavía una connotación mucho mayor", explica Ignacio.
-En el directorio que nombrabas, Ignacio, entiendo que hay cinco miembros de la familia -tres hijos, tú y tu esposa- y dos externos.
-(I) Sí. Ahora, a propósito del directorio tenemos una historia súper interesante, porque en el 2009 yo como innovador fui elegido miembro de Endeavor. Eso nos ha permitido tener un consejo asesor todo este tiempo, formado por tres miembros que son empresarios muy reconocidos y que nos dedican un par de horas al mes. Ahora están Max Vicuña, Andrea Longeri y Juan José Del Río, pero han pasado Salvador Said o (Ricardo) De Tezanos Pinto, personajes muy relevantes de la economía chilena. Ha sido un tremendo aporte para una empresa pequeña, familiar, con poca estructura en los inicios. Durante un montón de años, la estructura del parque era el director, que era yo; Paula, que empezó a dedicarse a las relaciones humanas dentro del parque; y un gerente comercial. Éramos los que hacíamos y resolvíamos todo.
-Hoy hay más estructura, jefaturas, se reclutan gerentes de afuera…
-(I) 100%. Gente que además debe ser especial, que tiene que vibrar con nuestra cultura y no es fácil, hay una familia grande. Somos 44 miembros. O sea, están los 10 hijos, los siete yernos y nueras, los nietos… Somos una familia muy loca que está detrás de todo esto; que exudamos entusiasmo por todo lo que hacemos.
-Con ese familión, ¿han tomado decisiones respecto a un plan de sucesión? El universo de gente es cada vez más grande.
-(I) Imagínate lo que significan estos 26 nietos si los siete hijos casados viven rodeando el parque; o sea, a la vuelta de la esquina pueden tener para ellos el parque, ver nacimientos de animales. Esta es una familia muy distinta, y no porque seamos especiales sino porque hemos tenido una experiencia de vida que nos hace distintos.
-Hoy son 26 nietos, pero serán más; por eso preguntaba sobre ordenar la sucesión de la empresa familiar hacia el futuro.
-(I) Son 26, pero fácilmente llegarán a ser 40… En el caso nuestro, como norma, ningún nieto podría trabajar en la empresa, lo que hoy resulta absolutamente duro. Es decisión tomada, para evitar conflictos; pero llegado un minuto las cosas cambian y seguramente dentro de los 40 va a haber algunos espectaculares y va a haber un consenso de que es muy bueno que estén.

-¿Cómo se piensa entonces una empresa familiar si se decide que los nietos no trabajen en ella?, ¿cómo seguirá presente la familia?
-(F) La cultura de Buin Zoo es la cultura de la familia. Los valores de nuestra familia son los valores que se reflejan en la empresa. La importancia de Dios, por ejemplo. En ese sentido, la participación de las generaciones siguientes es importante para mantener la cultura y el foco que ha tenido el bioparque. Son los espacios de participación de las siguientes generaciones lo que hemos ido regulando, pero evidentemente mis hijos y los hijos de mis hijos van a estar involucrados en el bioparque. Solo que sumarlos a la operación complejiza en cierta forma el día a día, hay más riesgo de roces. La familia va a estar involucrada, pero probablemente en un nivel más de directorio que tome las grandes decisiones, que mantenga la cultura. Meterla en la operación es jugar con fuego.
Proyectos
-Leí que el 50% del financiamiento del bioparque es por venta de entradas.
-(I) Es más que eso, casi 65%. Nos visitan cerca de 800 mil personas al año.
-La pandemia les dejó como lección que no hay que basar tanto el financiamiento en la venta de entradas. Que hay que abrir otras líneas. ¿Han pensado algunas?
-(I) Nos autoimpusimos tener alternativas. Partimos con Caribú, un restaurante con inspiración africana. Es un edificio que construimos con mucho tiempo y una inversión muy importante. Es una estación de trenes abandonada en medio de África, donde hay animales, plantas que irrumpieron en el lugar. Llevamos dos meses y nos ha ido increíble, el boca a boca ha sido extraordinario. Así que estamos abriéndonos a más opciones comerciales para tener más seguridad en lo que genera recursos para mantener una tremenda ciudad como el bioparque.
-Tienen 30 hectáreas, de las cuales están ocupadas solo la mitad. ¿Están pensando en hacer algo en las que quedan?
-(I) En eso estamos. Hicimos un diseño con una empresa alemana, Dan Perlman, la más importante del mundo en diseño zoológico, para estas próximas 15 hectáreas con un proyecto que es mágico. Creo que serán los hijos de Francisco los que van a terminar de verlo construido. No lo sé. Va a depender de los flujos que tengamos, vamos invirtiéndolo todo. Eso también ha sido parte de la cultura. Cuando estos cabros eran chicos si había que cambiar de vehículo porque ya no cabíamos y había la posibilidad de mejorar las condiciones del ambiente del tigre, el tigre se llevaba las lucas. Somos una familia que ocupamos muy poco, somos bastante austeros porque este proyecto de vida es el que nos mueve.
"Hicimos un diseño con una empresa alemana, Dan Perlman, la más importante del mundo en diseño zoológico, para estas próximas 15 hectáreas con un proyecto que es mágico", comenta Ignacio.
-¿Se puede contar de lo que están pensando en esas 15 hectáreas?
-(F) No mucho, todavía no.
-(I) Lo que sí viene en concreto es que estamos construyendo el Valle del Sol, un nombre aún tentativo, que recrea la zona norte del país en casi dos hectáreas. Hay un pueblo nortino que ya está en construcción, la iglesia con sus torres, va a haber una comisaría con un calabozo, un museo interactivo, una mina, un lugar con pumas. Vamos a tener el desierto florido, pero no por un mes, sino por cuatro. Va a haber una pingüinera gigante. Será un recinto extraordinario, espero esté listo para vacaciones de invierno del próximo año.