A inicios de 2026, las expectativas apuntaban a una recuperación de las grandes aperturas tecnológicas, no solo en Wall Street, sino también en otras plazas. Incluso, Goldman Sachs llegó a proyectar que las colocaciones en Estados Unidos podrían cuadruplicarse este año hasta un récord de US$ 160 mil millones, con SpaceX, OpenAI y Anthropic entre los nombres llamados a liderar el regreso.
Meses después, la ventana efectivamente se abrió, pero con un resultado bastante más desigual de lo que se preveía. SpaceX concretó en junio la mayor oferta pública inicial de la historia, pero otras compañías que preparaban su llegada a bolsa optaron por aplazarla, volver al financiamiento privado o esperar mejores condiciones de mercado.
“El mercado pasó de premiar principalmente las historias de crecimiento a exigir además escala, visibilidad de resultados y valorizaciones que puedan defenderse en un entorno de tasas más altas”, explicó el gestor de DVA Silicon Fund, Hales.
A su juicio, el cambio comenzó a tomar forma hacia el tercer trimestre, cuando se combinaron tasas más elevadas, inflación persistente, mayores precios de la energía, incertidumbre geopolítica y crecientes dudas respecto del retorno de las fuertes inversiones en inteligencia artificial. El resultado fue un mercado “mucho más selectivo con las valorizaciones de las empresas de crecimiento”, explicó.
Los que decidieron esperar
“Aunque el Nasdaq marcó máximos en septiembre, sólo nueve de las más de dos docenas de compañías que presentaron su solicitud desde julio lograron listarse”, detalló el head of research de XTB, Ignacio Mieres.
Uno de los casos de seguimiento más relevantes es OpenAI. La compañía, que había aparecido entre las potenciales "mega aperturas" de 2026, terminó aplazando una eventual salida al menos hasta 2027.
Para Hales, más allá de los argumentos asociados a la seguridad de la inteligencia artificial, existió también una explicación financiera. Mientras una compañía de esa escala pueda seguir consiguiendo recursos en el mercado privado, tiene pocos incentivos para someterse antes de tiempo a las exigencias de resultados trimestrales y al escrutinio de los inversionistas públicos.
Esperar, a su juicio, le entrega tiempo adicional para “demostrar una trayectoria más clara de monetización y rentabilidad”.
Databricks siguió un camino similar. La empresa decidió mantenerse privada y volvió a recurrir a ese mercado para financiar su crecimiento, en momentos en que las condiciones para las empresas tecnológicas con altas valorizaciones se hicieron más exigentes.
Oura es otro caso. El fabricante del anillo inteligente postergó esta misma semana su debut en Nasdaq pese a que el libro de órdenes habría recibido una demanda cercana a cuatro veces la cantidad de acciones ofrecidas.
“Eso muestra que el apetito existe, pero no necesariamente a cualquier precio ni bajo cualquier condición de mercado”, indicaron de DVA.
A ellos se suma Holtec, que suspendió una colocación de gran tamaño. Pero en ese caso, Hales identificó un factor respecto a las dudas sobre la velocidad a la que podrán construirse nuevos centros de datos en EEUU. Según el analista, los grupos locales organizados contra nuevos proyectos de data centers ya superan los 800 y se han más que duplicado desde fines de 2025.
La gran prueba de Anthropic
En ese escenario, Anthropic aparece ahora como la próxima gran prueba para el mercado de IPO tecnológicas. La creadora de Claude avanza hacia una eventual apertura en Nasdaq, después de presentar confidencialmente su documentación en junio.
La operación llega, sin embargo, acompañada de una advertencia. En su prospecto, Anthropic señaló que el desarrollo de modelos avanzados de inteligencia artificial podría generar riesgos “catastróficos o existenciales para la humanidad”.
Mieres no ve hasta ahora señales de que esas advertencias están modificando de manera estructural el apetito por el sector: "No observamos que los comentarios de Anthropic generen un cambio estructural en los flujos ni pruebas de que puedan provocar una salida del sector. En un prospecto, los factores de riesgo cumplen una función legal y de transparencia".
“Para el inversionista común, esto puede sonar alarmante. Pero en el mundo financiero la lectura es más matizada: los grandes fondos institucionales tienden a interpretar este nivel de transparencia como una señal de seriedad y responsabilidad, no de debilidad”, agregó el analista de Capitaria, Felipe Cáceres.
La compañía multiplicó casi por 12 sus ingresos durante 2025, hasta unos US$ 4.600 millones, pero registró una pérdida neta cercana a US$ 42 mil millones y mantiene compromisos futuros por unos US$ 518 mil millones en infraestructura, nube y capacidad computacional.
Por lo tanto, “la pregunta que se harán los inversionistas el próximo mes no es si la IA puede ser peligrosa, sino si Anthropic puede llegar a ser rentable”, cerró Cáceres.