Un comentario escrito desde una cuenta personal. Una opinión polémica que comienza a circular y a crecer como una bola de nieve, usuarios que rápidamente identifican dónde trabaja su autor, a veces una funa pública, hasta que finalmente la situación termina llegando a la empresa. Horas o días después puede venir una aclaración pública, una suspensión e, incluso, una desvinculación.
Casos de este tipo se han repetido durante los últimos años y han instalado una pregunta cada vez más difícil de responder: ¿Dónde termina la vida privada de un trabajador en redes sociales y dónde comienza su vínculo con la empresa en que se desempeña?
Una situación y una inquietud que cada día es más recurrente. De hecho, un 50% de los trabajadores en Chile asegura haber experimentado o presenciado algún caso en que publicaciones realizadas en redes sociales personales tuvieron consecuencias negativas en el ámbito laboral, según el estudio Redes Sociales y Empleo 2026, elaborado por Laborum.
La cifra aumentó nueve puntos porcentuales respecto de 2025, cuando llegaba a 41%, y sitúa a Chile como el país con mayor incidencia entre los mercados analizados. Le siguen Argentina, con 46%; Panamá, con 42%; Ecuador, con 36%; y Perú, con 35%.
El sondeo consideró a 3.503 trabajadores y especialistas de Recursos Humanos de Argentina, Chile, Ecuador, Panamá y Perú.
Entre quienes conocen episodios de este tipo, el 71% señala que le ocurrió a alguien de su entorno laboral o personal, mientras un 29% reconoce haberlo vivido directamente.
Las consecuencias tampoco son menores. Un 52% menciona como principal efecto el daño a la reputación profesional, con pérdida de confianza y credibilidad; un 35% asegura que el episodio terminó en la pérdida del empleo y un 32% apunta a la pérdida de oportunidades de ascenso. Otro 10% apunta un cambio de rubro debido a la denominada “cancelación”; y un 5%, la pérdida de clientes o potenciales clientes.
Pensar antes de publicar
La posibilidad de que un comentario o crítica por redes sociales se transforme en un dolor de cabeza profesional, o hasta un posible despido, es algo que las personas están interiorizando cada vez más.
Un 64% de los consultados reconoce que controla lo que publica por temor a que pueda tener una repercusión negativa en su carrera, el porcentaje más alto entre los países incluidos en el estudio. En Ecuador, Panamá y Perú llega a 63%, mientras que en Argentina alcanza un 57%.
Para el director Laborum Chile y Perú, Diego Tala, estos resultados refuerzan la necesidad de tener claro que la línea entre lo personal y lo profesional en redes sociales es mucho más difusa de lo que era antes.
“Una recomendación práctica es revisar periódicamente la configuración de privacidad de las cuentas y pensar la publicación no solo desde la intención con la que se escribe, sino desde cómo podría leerse fuera de ese contexto. También ayuda separar claramente los perfiles que son abiertos al público de los que son realmente privados, y evitar mencionar directamente al empleador o a clientes en contenidos que puedan generar controversia”, explicó Tala.
Para él, no se trata de dejar de opinar, “sino de publicar con la misma conciencia con que uno se comporta en cualquier otro espacio que forma parte de su vida profesional”.
Los datos detallados del estudio también muestran qué tipo de situaciones han provocado problemas. Entre quienes señalan haber enfrentado dificultades laborales por el uso de redes, un 29% menciona la exposición de conductas inapropiadas fuera del horario de trabajo; un 28%, comentarios o interacciones negativas con colegas o superiores; y un 25%, la participación en discusiones políticas o religiosas que terminaron generando conflictos.
Más abajo aparecen el acoso o intimidación en línea hacia colegas o clientes y la creación de disputas entre compañeros de trabajo, ambas con 18%, mientras que un 10% menciona publicaciones de contenido inapropiado que afectó su reputación.
El impacto también modifica las conductas posteriores: entre quienes enfrentaron este tipo de problemas, un 49% cambió la manera en que utiliza sus redes sociales.
Las empresas también miran
Pero la preocupación no está únicamente del lado de los trabajadores.
Un 64% de los especialistas en Recursos Humanos considera que determinados contenidos publicados por una persona pueden afectar su lugar dentro de la organización. Y un 53% estima que los comentarios realizados en redes personales pueden repercutir en el entorno laboral, la cultura o la imagen de la compañía.
Consultados respecto a qué hacer ante un posible daño a la imagen de la empresa, las respuestas no apuntan a un criterio único. En este tema, un 37% dice que no haría nada, ya que los trabajadores tienen libertad para publicar lo que quieran en sus cuentas personales. Sin embargo, un 32% sostiene que las medidas dependerían de la gravedad del incidente y podrían ir desde una conversación informal hasta la desvinculación.
Un 17% optaría por aconsejar al trabajador sobre un uso responsable de las redes, respetando su carácter personal; un 12% aprovecharía el episodio para revisar las políticas internas y solo un 2% consideraría ofrecer orientación o capacitación específica.
Pese a estos resultados, un 22% de los especialistas en Recursos Humanos afirma que considera las redes sociales de los candidatos durante los procesos de selección. Entre quienes lo hacen, un 47% busca conocer aspectos de su personalidad e intereses, un 26% evalúa su reputación online, otro 26% verifica la consistencia de la información entregada y un 16% busca identificar posibles conductas controversiales.
Sin embargo, la mayor atención sobre las redes contrasta con la ausencia de reglas claras al interior de las organizaciones.
Un 86% de los trabajadores sostiene que su empresa no tiene políticas específicas sobre el uso de redes sociales personales y apenas el 14% declara haber recibido alguna directriz al respecto. Entre los especialistas en Recursos Humanos se observa exactamente la misma proporción: 86% señala que su organización carece de una política específica.
Ahora, de acuerdo al sondeo, eso no significa que las compañías no estén mirando. Un 19% de los especialistas afirma que su organización monitorea las redes sociales de sus trabajadores, ocho puntos más que el 11% registrado en 2025. Entre quienes realizan este seguimiento, un 64% revisa las cuentas de toda la organización, un 29% pone el foco en personas con cargos directivos y un 7% en trabajadores que cumplen funciones de representación, como los voceros.
Para Tala, tener un protocolo claro y conocido por todos desde el inicio de la relación laboral, en general, ayuda tanto a la empresa como al trabajador, porque "reduce la incertidumbre de qué se espera y qué no".
“Ahora, ese protocolo funciona mejor cuando se enfoca en lo que efectivamente puede afectar a la organización -por ejemplo, hablar en nombre de la empresa sin autorización o compartir información interna-, y no en fiscalizar la vida personal de las personas”, explicó.
La práctica, de todas formas, genera resistencia. El 84% de los trabajadores considera que no es correcto que las empresas evalúen sus redes sociales personales, frente a solo un 16% que estima que sí deberían hacerlo.