Durante años, la conversación sobre las pequeñas y medianas empresas (PYME) en Chile ha estado concentrada en el acceso a financiamiento. Y es comprensible: sin capital oportuno, muchas empresas no pueden crecer, invertir ni sostenerse. Pero en la economía que viene, esa no será la única brecha relevante.
La próxima diferencia entre empresas que logran escalar y empresas que solo sobreviven estará en su capacidad para ordenar, interpretar y usar datos.
No se trata de asumir que todas las PYME deban incorporar inteligencia artificial de un día para otro. El punto es anterior: muchas empresas pequeñas siguen tomando decisiones con información incompleta, dispersa o atrasada. Saben vender, conocen a sus clientes y entienden su oficio. Pero pocas pueden responder con rapidez y precisión si seguirán en X meses más.
La inteligencia artificial promete mejorar productividad, automatizar tareas y apoyar mejores decisiones. Pero ninguna de esas promesas se sostiene si las organizaciones no tienen antes información confiable. Sin datos ordenados, la IA no amplifica capacidades: amplifica desorden.
Chile discute cómo aumentar la productividad, pero esa conversación suele mirar primero a las grandes empresas, a sectores intensivos en tecnología o las startups. Sin embargo, parte importante de la productividad futura se jugará en miles de unidades productivas que hoy no se sienten parte de la agenda de innovación.
Si la transformación digital queda limitada a quienes ya tienen equipos, presupuesto y conocimiento para implementarla, la brecha no solo será tecnológica. También será territorial y competitiva. Las empresas más preparadas podrán decidir mejor, responder más rápido y adaptarse. Las demás seguirán operando con intuición y oficio, pero con menos herramientas para competir.
Por eso, la agenda de innovación no debiera medirse solo por tecnologías avanzadas. También debiera preguntarse cuántas empresas están construyendo las condiciones mínimas para usarlas bien. Antes de hablar de inteligencia artificial, hay que hablar de gestión de información. Antes de automatizar, hay que ordenar procesos. Antes de exigir productividad, hay que facilitar capacidades.
Esto requiere una mirada coordinada entre Estado, gremios, academia y sector privado. No basta con promover la digitalización como consigna; hay que traducirla en formación, acompañamiento y políticas públicas que permitan a las PYME incorporar capacidades de manera gradual.
La productividad no siempre nace de grandes saltos disruptivos. A veces comienza con decisiones más informadas, procesos mejor diseñados y empresas capaces de aprender de sus propios datos. En ese punto, la brecha digital deja de ser un problema técnico y se convierte en una pregunta estratégica para el desarrollo.
El riesgo no es que las PYME lleguen tarde a la inteligencia artificial. El riesgo es que lleguen sin la información, las capacidades y la confianza necesarias para aprovecharla.