La cuenta inicial quedó corta. Los daños provocados por los recientes sistemas frontales continúan escalando y ya se acercan a los US$ 1.000 millones, según la actualización final del catastro elaborado por la firma de servicios inmobiliarios y consultoría Colliers.
La estimación alcanza los US$ 975 millones y considera tanto las pérdidas materiales directas como los costos de reconstrucción en cuatro áreas: infraestructura pública y conectividad, vivienda, agricultura, y comercio e instalaciones productivas.
El mayor golpe se concentra en infraestructura pública, con US$ 590 millones, equivalentes a cerca del 60% del total. El cálculo incluye la reparación de carreteras, socavones, puentes colapsados, defensas fluviales, tendidos eléctricos y otros servicios básicos afectados por las lluvias, inundaciones y aluviones.
La vivienda aparece como el segundo sector más perjudicado, con daños estimados en US$ 240 millones. La cifra incorpora la reconstrucción total de inmuebles destruidos, reparaciones estructurales y la rehabilitación de miles de casas anegadas por inundaciones y desbordes.
El golpe al agro y a la industria pisquera
El impacto sobre el sector agrícola fue calculado en otros US$ 90 millones, producto de la pérdida de cultivos de invierno, el anegamiento de praderas y la destrucción de obras de toma y canales de riego.
Dentro de este segmento, Colliers destacó el severo efecto sobre la industria pisquera del Norte Chico. Según antecedentes levantados por el gremio Pisco Chile, más de 400 productores y cooperados de las regiones de Coquimbo y Atacama resultaron afectados.
El catastro da cuenta de parrones anegados o sepultados por aluviones, daños en infraestructura al interior de los predios y la suspensión temporal de operaciones en algunas de las principales plantas procesadoras.
A ello se suman US$ 55 millones en pérdidas para el comercio y las instalaciones productivas. Esta partida considera daños en locales comerciales, parques industriales y bodegas, además de la pérdida de inventarios en las zonas afectadas.
La paradoja hídrica
Pese a la magnitud de los daños, Colliers planteó que los temporales también dejaron un activo hídrico cuyo valor económico sería superior a las pérdidas generadas. La estimación considera el agua almacenada en represas y embalses, la infiltración hacia las napas subterráneas y la reserva de nieve disponible para futuros deshielos.
Sin embargo, la consultora advirtió que una parte importante de ese recurso terminará desembocando en el océano debido a la falta de infraestructura para capturarlo y almacenarlo.
El vicepresidente de Colliers, Reinaldo Gleisner, apuntó a “la histórica insuficiencia del sistema de acumulación nacional” y sostuvo que parte del agua proveniente de la escorrentía y los futuros deshielos terminará “escurriendo de forma inútil hacia el océano por falta de embalses laterales, obras de retención y sistemas de recarga gestionada de acuíferos”.
A juicio del ejecutivo, esta “fuga masiva al mar” representa una pérdida patrimonial y un costo de oportunidad hídrico que permitiría impulsar obras con rentabilidad social y privada.
“Parte de la vulnerabilidad del país constituye una oportunidad estructural para cosechar la abundancia en tiempos de bonanza hídrica”, concluyó Gleisner.