El fenómeno climático de El Niño 2026-2027 podría convertirse en mucho más que un evento meteorológico.
Esa es la principal advertencia que realizó la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que en una nueva nota de políticas sostiene que el episodio climático amenaza con desencadenar una cadena de efectos capaces de afectar el empleo, los ingresos y las condiciones laborales en América Latina y el Caribe.
“La región no puede elegir si El Niño ocurrirá, pero sí puede influir sobre la magnitud de sus efectos laborales mediante la calidad de sus instituciones, la cobertura de sus sistemas de protección social y la anticipación de sus políticas públicas, incluyendo aquellas orientadas a la adaptación al cambio climático”, expone el documento.
En esa línea, la entidad sostiene que el fenómeno se desarrollará en un contexto especialmente complejo, marcado por tensiones geopolíticas, presiones inflacionarias, restricciones fiscales y mercados laborales con elevados niveles de informalidad. En ese escenario, advierte que El Niño actuará como "un multiplicador de riesgos sobre fragilidades estructurales preexistentes", amplificando problemas que ya afectan a la región.
Una cadena de impactos
Para explicar cómo un fenómeno climático termina afectando el mercado laboral, la OIT distingue entre efectos directos e indirectos.
Los primeros corresponden a las consecuencias inmediatas que provoca El Niño sobre el medioambiente y los recursos naturales.
La alteración de los patrones de lluvia puede traducirse en sequías prolongadas o precipitaciones extremas, reduciendo la disponibilidad de agua para riego, consumo humano y generación hidroeléctrica, además de degradar suelos, dañar infraestructura y afectar los servicios ecosistémicos que sostienen gran parte de la actividad productiva. La OIT, además, alerta que la mayor intensidad de fenómenos ciclónicos en el Pacífico incrementa el riesgo de desastres en las zonas costeras.
“Estos efectos no requieren necesariamente que se destruyan cosechas o activos productivos para generar pérdidas, sino que basta con que se altere la disponibilidad de agua en períodos críticos durante la floración, la siembra o la cosecha; o que se modifiquen los regímenes de caudal de los que depende la generación eléctrica, para que la productividad del trabajo se vea comprometida incluso antes de que ocurra una pérdida física observable”, advierte el informe.
A partir de allí se desencadena una segunda etapa, definida como efectos indirectos.
La menor disponibilidad de agua repercute sobre sectores como la agricultura, la pesca, la energía, la logística y el transporte, generando interrupciones productivas, mayores costos de producción y presiones inflacionarias derivadas del encarecimiento de alimentos y energía.
Esa cadena, expone el texto, termina trasladándose al mercado laboral mediante pérdida de puestos de trabajo, reducción de ingresos, deterioro del poder adquisitivo y un mayor riesgo de fenómenos sociales como el trabajo infantil.
“Esto ilustra cómo El Niño puede tener efectos laborales en sectores que no son típicamente clasificados como vulnerables al clima, evidenciando que la exposición a desastres climáticos es un canal de transmisión que debe analizarse de manera transversal y no limitarse a los sectores primarios”, expone el documento.
Los trabajadores más vulnerables
Identificados los efectos, la organización enfatiza que los impactos no serán homogéneos y dependerán tanto de la intensidad del fenómeno como de la capacidad institucional de cada país para responder.
Sin embargo, identifica desde ya a los trabajadores informales, rurales y quienes realizan labores al aire libre como los grupos más expuestos. Esto, porque gran parte de ellos desarrolla actividades en agricultura, pesca artesanal, construcción o comercio ambulante, sectores altamente dependientes de las condiciones climáticas y que, además, suelen carecer de seguros de desempleo, protección social y mecanismos que permitan amortiguar este tipo de shocks.
Para la OIT, además, el impacto de este fenómeno climático no será uniforme, dependerá de la intensidad del fenómeno, del sector económico y, sobre todo, de la capacidad institucional de cada país para anticipar y enfrentar sus efectos.
Riesgo de retroceso en trabajo infantil
Una de las advertencias más fuertes del informe apunta al eventual aumento del trabajo infantil.
"Un efecto particularmente preocupante es el riesgo de retroceso en los avances alcanzados en la reducción del trabajo infantil", sostiene la OIT. La explicación es que, cuando los eventos climáticos destruyen medios de vida y reducen los ingresos familiares, muchos hogares “recurren al trabajo de niñas, niños y adolescentes como mecanismo de supervivencia ante la pérdida de ingresos de los adultos”.
En este tema, el organismo destacó que América Latina y el Caribe logró importantes avances en esta materia durante las últimas dos décadas, pero advierte que El Niño genera "un riesgo real de reversión", especialmente en comunidades rurales y zonas altamente vulnerables.
Además, alerta que el fenómeno podría aumentar las formas más peligrosas de trabajo infantil, disminuir la asistencia escolar y profundizar desigualdades de género al incrementar las tareas de cuidado que recaen sobre las niñas.
Más calor y mayores riesgos laborales
La OIT también advierte sobre un deterioro de las condiciones de seguridad y salud en el trabajo. El documento expone que El Niño intensificará las olas de calor en amplias zonas de América Latina, elevando el riesgo para trabajadores agrícolas, de la construcción, la pesca y otras actividades al aire libre.
Según el organismo, el estrés térmico puede provocar fatiga, accidentes, enfermedades crónicas e incluso muertes prematuras, mientras que los trabajadores informales enfrentan una mayor vulnerabilidad al no contar con pausas reguladas, acceso a hidratación o mecanismos adecuados de protección. A ello se suma un mayor riesgo de enfermedades transmitidas por vectores, como el dengue, con efectos sobre el ausentismo y la productividad.
La importancia de anticiparse
Pese al diagnóstico, la OIT enfatiza que los impactos laborales de El Niño no son inevitables y que su magnitud dependerá de la capacidad de los países para anticiparse.
En esa línea, plantea fortalecer las instituciones laborales mediante una combinación de medidas de corto, mediano y largo plazo. Entre ellas menciona transferencias de emergencia y programas de empleo para trabajadores afectados, inversiones en infraestructura resiliente y reconversión laboral, además de ampliar la cobertura de la protección social para trabajadores informales y rurales.
En cuanto a las instituciones laborales específicamente relevantes, sobresalen cuatro a ojos de la entidad: los sistemas de inspección del trabajo, los mecanismos de negociación colectiva en sectores expuestos, los servicios públicos de empleo, y las organizaciones sindicales y de empleadores de los sectores clave.
“El diálogo social sectorial puede ser el mecanismo central para gestionar los impactos laborales del fenómeno de manera anticipada y negociada”, dice el informe.
Así, a modo de cierre, el documento expone que El Niño "no debe ser tratado únicamente como una emergencia meteorológica puntual", sino como una prueba de la resiliencia institucional de los países y un recordatorio de que la adaptación climática también forma parte de la agenda del trabajo decente.