Todos saben que Leonardo Julio Farkas Klein es millonario. Es un personaje público que se mueve cómodo frente a las cámaras y que cada cierto tiempo reaparece, siempre dinero mediante. Hace unos meses le mostró a la televisión abierta su nueva casa en Venecia. En diciembre pasado repartió más de $ 1 millón entre los scouts que vendían aguas afuera de su local de votación en Vitacura. Y ese mismo mes donó 50 casas en Quilpué.
De sus negocios, en cambio, se conoce muy poco. Se sabe que heredó de su padre, Daniel Farkas Berger -un húngaro que llegó a Chile después de sobrevivir a la Segunda Guerra Mundial-, la Compañía Minera Santa Fe, fundada en 1952. Que la reactivó cuando China empezó a comprar y comprar hierro y que luego le vendió a la india JSW Steel 124 pertenencias por varios millones de dólares. Y que en 2012 cerró sus faenas y luego se instaló en Estados Unidos.
Personas cercanas al empresario dicen que él ya no se hace cargo de sus negocios y que la plata “se maneja sola”. Él mismo lo ha repetido en público, y en diciembre pasado dijo que no trabajaba hacía 11 años y que había dejado todo por la filantropía. En Chile, dicen distintos conocedores, prácticamente no tiene personas que le vean sus platas. “Es una operación muy liviana”, explica un consultado.
Y a pesar de todo eso, en las últimas semanas ha habido noticias sobre sus sociedades de inversión. El 1 de junio Santa Fe Holding SpA absorbió a las dos sociedades que eran sus accionistas y su capital cayó de $ 7.404 millones a $ 1.642 millones. Fue el primer movimiento público en casi cinco años.
De tres a una
Qué pasó. El 1 de junio Leonardo Farkas compareció representado por su abogado Juan Ignacio Correa -un histórico colaborador del empresario- en una notaría de Isidora Goyenechea. Según los documentos revisados por DF MAS, él, dueño de las tres sociedades involucradas -Santa Fe Holding, creada en 2009; Administradora Funds S.A. e Inversiones FF SpA, nacidas en 2010-, decidió dejar sólo una.
Las dos segundas eran, a su vez, accionistas de la primera. Lo que hizo fue una fusión inversa, que en la práctica significa que éstas desaparecieron y traspasaron todo a Santa Fe Holding.
Producto de este movimiento, el capital de Santa Fe Holding pasó de $ 7.404 millones a $ 1.642 millones. Al absorber las entidades, Santa Fe recibió acciones de sí misma y esas acciones se anularon. El extracto publicado en el Diario Oficial consigna que el efecto de la disminución ocurre por “una fusión inversa o cuando la fusión se realiza entre sociedades con propiedad reciproca o entrelazada”.
El resultado es una empresa con un solo administrador, el mismo Farkas, con el objeto de explorar y explotar yacimientos mineros.
Término de un ciclo
¿Pero por qué esta simplificación? Distintas personas que conocen al empresario dicen que el origen está hace más de 10 años, cuando Farkas decidió cerrar sus minas. Un colaborador cuenta que se adelantó a la caída del precio y que seis meses antes ordenó detener las faenas.
Hasta entonces, explican entendidos, había una sociedad por cada mina, y cada una agrupaba varias pertenencias. Esto era algo práctico, añaden los mismos consultados, porque de esta manera se podía medir la productividad y saber cuánto rendía cada faena. Pero con los yacimientos detenidos quedó sólo el costo de ellas: tantas sociedades significaban diversas contabilidades y trámites que se hacían año a año.
Por eso él y su equipo las fueron fusionando de a poco. Por ejemplo, en noviembre de 2021 Santa Fe Holding absorbió dos fondos privados y quedó administrando unos US$ 9 millones. Cinco años después absorbió dos sociedades que quedaban. Quienes conocen el proceso lo describen como el “término de un ciclo”.
Eso sí, una voz advierte: si el hierro volviera a subir y aparece una mina que valiera la pena retomar, siempre existe la posibilidad de volver al ruedo. En aquel escenario, tendrían que hacer una nueva división de Santa Fe Holding y operarían desde esa nueva entidad.
¿Sucesión?
Leonardo Farkas está out, recalcan varios de los consultados, y hoy sólo se dedica a su familia, viajar y a la filantropía. ¿Cuál? Diversas causas, muchas que no se conocen acá. Por ejemplo, previamente ha ayudado a huérfanos en Europa Oriental y proyectos ambientales.
Hoy por hoy pasa sus días en Estados Unidos, entre su casa de Boca Ratón y una propiedad en Nueva York, y se mueve de una a otra según el calor que esté haciendo, dicen quienes lo conocen. A Chile viene unas cuatro veces al año, casi siempre por cumpleaños u otros asuntos familiares.
Acá también tiene actividad filantrópica y social: en diciembre inauguró en Quilpué 50 casas junto a Desafío Levantemos Chile. Y en abril, en Primer Plano -mientras hacía un tour por su casa en Venecia, Italia-, contó que su distancia con la Teletón partió cuando Don Francisco le preguntó de dónde salía su dinero.
Una muestra de que está fuera de los negocios es la sucesión. A diferencia de muchos empresarios, sus hijos no están asumiendo roles ejecutivos. La mayor, Natasha, vive en Nueva York y se dedica al arte visual, y a fines de agosto expondrá en Bon Studio, en Williamsburg. Daniel se dedica a los deportes y Tatiana publicó hace unos años un libro de poemas que tituló Mirar hacia la luz es una plegaria.