60 días después de que Donald Trump firmara en Versalles un memorando de entendimiento con Irán, Estados Unidos llega al vencimiento del plazo sin un acuerdo definitivo, sin avances sustantivos sobre el programa nuclear y con el estrecho de Ormuz todavía convertido en una de las principales cartas de presión de Teherán.
Firmado el 17 de junio, el memorando estableció un plazo de 60 días para alcanzar una solución más duradera. Su vigencia expiró este lunes sin que Washington y Teherán lograran cerrar sus diferencias y, consultado sobre si buscaría extenderlo, Trump fue tajante: “No”.
“La posición de EEUU en Medio Oriente es paradójica. Su superioridad militar pocos la discuten, pero aun así no logra cerrar el conflicto bajo sus propios términos”, afirmó el jefe de Investigación en Relaciones Internacionales de AthenaLab, Diego Sazo. A su juicio, que “un régimen golpeado y disminuido como el de Irán” siga resistiendo la presión de una superpotencia expone una brecha entre poder y resultados que es, “paradójicamente, una forma de derrota”.
“Hoy el gobierno de Trump no tiene una estrategia de salida respecto a la guerra de Irán”, sostuvo el director del Centro de Estudios Internacionales UC, Jorge Sahd. “Ha sido el error de cálculo más importante de este gobierno, porque lo que se suponía una guerra de dos semanas se ha transformado en un conflicto persistente”.
Ese estancamiento tiene ahora su expresión más visible en el estrecho de Ormuz, donde Irán mantiene una de sus principales herramientas de presión y donde comienzan a moverse actores regionales al margen de Washington.
Para Sahd, ese desplazamiento constituye uno de los principales reveses estratégicos para EEUU. “El gobierno de Trump no ha cumplido ninguno de los objetivos que se propuso inicialmente. No ha habido cambio de régimen, no se logró destruir totalmente la capacidad nuclear y balística e Irán ha trasladado el centro de gravedad desde lo militar a lo económico a través del control del estrecho de Ormuz”. Su conclusión es que “hoy vemos que el tiempo juega a favor de Irán y no de EEUU”.
Las negociaciones
Irán, por ahora, no muestra disposición a retomar una negociación directa con Washington bajo las condiciones planteadas por la Casa Blanca.
Trump aseguró este lunes que Teherán quiere negociar, pero que no está dispuesto a aceptar los términos que EEUU considera necesarios. Mientras tanto, Pakistán mantiene esfuerzos de mediación para volver a sentar a ambas partes a la mesa, aunque sin resultados concretos hasta ahora.
En paralelo, la República Islámica sí ha avanzado con Omán en una negociación específica sobre el estrecho de Ormuz. Las rutas que ambos países discutían ya habían trascendido a comienzos de agosto, pero este lunes el vocero de la Cancillería iraní, Esmail Baghaei, anunció que alcanzaron un entendimiento sobre su trazado y que trabajan ahora en los detalles de una declaración conjunta.
Ante el esquema surgido de conversaciones que dejaron fuera a EEUU, Trump arremetió contra Mascate y advirtió en una entrevista con Fox News que, si Omán “se interpone” en su estrategia, EEUU lo bombardeará.
La actividad diplomática regional, sin embargo, no se limita a Omán. El 7 de agosto, Arabia Saudita, Turquía y Pakistán firmaron en La Meca el Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca, que establece que un ataque contra uno de sus miembros será considerado una agresión contra los tres.
Los gobiernos han insistido en que el pacto es defensivo y no está dirigido contra Irán, pero Sazo y Sahd coinciden en que refleja dudas sobre el papel de Estados Unidos como garante de seguridad regional.
Para Sazo, Riad, Ankara e Islamabad están construyendo capacidades propias de disuasión; Sahd ve en el acuerdo una señal de que existen dudas sobre si Washington seguirá siendo el paraguas estratégico de seguridad de sus socios del Golfo.
Costo en la elección
El desgaste también comienza a sentirse dentro de EEUU. El caso más visible es el USS Abraham Lincoln, desplegado en Medio Oriente desde hace casi nueve meses y con cerca de 5 mil marineros a bordo. Varios medios internacionales han reportado denuncias de familiares de la tripulación y legisladores por escasez de suministros, problemas con el agua y dificultades de salud mental a bordo, mientras crecen las dudas sobre el impacto de un despliegue tan prolongado.
La presión se suma a otra vulnerabilidad que acompaña a Washington: el fuerte consumo de municiones defensivas, particularmente interceptores THAAD y misiles navales, cuyas existencias ya eran limitadas antes de la guerra y se reponen a un ritmo muy inferior al de su utilización.
A menos de tres meses de las elecciones de medio término en EEUU, la situación complica las perspectivas del Partido Republicano. Un sondeo Reuters/Ipsos, publicado este lunes, situó la aprobación de Trump en 33%, el nivel más bajo de su actual mandato, frente a un 64% que desaprueba su gestión. La guerra aparece además como un foco de inquietud: una amplia mayoría de los consultados teme que la participación estadounidense en Irán se prolongue, pese a que Trump había anticipado inicialmente un conflicto de pocas semanas.
Para Sazo, el riesgo electoral está en la combinación de una guerra más larga de lo prometido y un mayor costo de vida. “La guerra lejana la percibe la mayoría de los estadounidenses y las elecciones son el espacio para castigar las decisiones impopulares”, afirmó.