La Reserva Federal (Fed) recibió este miércoles nuevas señales de que la inflación sigue siendo un problema en Estados Unidos, pero también de que la mayor economía del mundo conserva suficiente dinamismo para soportar tasas de interés elevadas.
Dos informes publicados por la Oficina de Análisis Económico (BEA, su sigla en inglés) dieron cuenta de este escenario. Por una parte, el índice de precios del gasto en consumo personal (PCE), la medida de inflación preferida de la Fed, aumentó 3,7% interanual en julio, todavía lejos de la meta de 2% del banco central. En tanto, el PCE subyacente, que excluye alimentos y energía, avanzó 0,2% frente a junio y 3,3% respecto de igual mes del año anterior.
Por otra, la segunda estimación del Producto Interno Bruto (PIB) confirmó que la economía estadounidense creció a una tasa anualizada de 1,5% durante el trimestre abril-junio, sin cambios respecto de la lectura preliminar y por debajo del 2,1% registrado durante los primeros tres meses del año.
Sin embargo, detrás de esa moderación de la cifra general, los componentes de la actividad entregaron señales de mayor fortaleza. El consumo, que representa más de dos tercios de la economía estadounidense, creció a una tasa anualizada de 3,4%, por encima del 3,2% estimado inicialmente, mientras la inversión fija no residencial aumentó 8,5%.
Además, una medida que permite observar con mayor precisión la demanda interna privada —al excluir exportaciones netas, inventarios y gasto público— fue revisada desde un crecimiento de 3,9% a 4,2%, su mayor avance en más de tres años.
Los datos mensuales, eso sí, ofrecieron algunas señales de enfriamiento. El gasto de los consumidores ajustado por inflación se mantuvo sin variación en julio, después de los sólidos avances registrados en mayo y junio. Bloomberg apuntó que este comportamiento se suma a otros indicadores que sugieren una moderación de la economía al inicio del tercer trimestre.
El dilema para la Fed
La combinación vuelve a poner en primer plano el desafío que enfrenta la Fed, ante una inflación que continúa por encima de su objetivo de 2%, mientras la actividad -particularmente la demanda interna- mantiene suficiente fortaleza como para restar urgencia a una flexibilización de la política monetaria.
“Estas cifras muestran un escenario incómodo para la Reserva Federal: la economía conserva suficiente dinamismo como para tolerar una política monetaria restrictiva, mientras que la inflación todavía no ofrece señales de convergencia hacia el objetivo del 2%”, señaló a DF Ignacio Mieres, head of research de la app de inversiones XTB.
Para Mieres, el comportamiento de los ingresos personales agrega otro elemento al panorama. Estos volvieron a acelerarse, lo que puede seguir respaldando el consumo y, a través de una demanda resistente, mantener presión sobre los precios.
Sin embargo, la lectura de Bloomberg Economics pone mayor énfasis en las señales de moderación que dejó el informe mensual. “Las principales conclusiones del informe de ingresos y gastos personales de julio son que el ritmo de inflación subyacente es relativamente moderado y que el gasto real es débil. Esperamos que la Fed se mantenga en pausa durante el resto del año”, señalaron los economistas Troy Durie, Andrew Sacher y Anna Wong.
De esta forma, aunque el nivel interanual de inflación continúa elevado, el avance mensual del PCE subyacente de 0,2% entrega una señal menos preocupante sobre el ritmo al que están aumentando actualmente los precios. Al mismo tiempo, el estancamiento del consumo real en julio apunta a una pérdida de impulso después de un cierre de segundo trimestre particularmente sólido.
Para los funcionarios de la Fed será crucial contar con la evidencia respecto al mercado laboral, cuyo reporte de agosto conoceremos el 4 de septiembre, y al índide de precios del consumidor (IPC), que se publicará el 11 del mismo mes.