Los family offices chilenos están comenzando a mirar una nueva fórmula para administrar sus inversiones. En vez de mantener una serie de sociedades -repartidas en diferentes bancos, activos o ramas de la familia-, algunos altos patrimonios están avanzando hacia fondos de inversión privados, en los que los integrantes pasan a ser dueños de cuotas.
De acuerdo con fuentes del mercado, al menos tres family offices locales estarían implementando estructuras de este tipo.
Y el cambio responde, en buena parte, a un problema simple: “Lo hacen porque la estructura dejó de ser administrable”, explicó a DF el socio de Ulloa y Cía, Nicolás Ulloa.
Es un escenario que se repite, porque una familia vende su empresa o acumula patrimonio financiero y, con los años, suma sociedades en Chile, vehículos en el exterior, cuentas en distintos bancos y estructuras heredadas. El resultado puede ser un patrimonio importante, pero difícil de gestionar.
Un fondo para ordenar
Por ello, una de las alternativas que está apareciendo en esta discusión es el RAIF (Fondo alternativo de reserva, por su sigla en inglés), una especie de vehículo creado en Luxemburgo.
En concreto, se trata de un fondo cuyos únicos aportantes son miembros de una misma familia. No se ofrece al público, sus cuotas no se transan y es la propia familia la que define la política de inversión. “Es el formato que usan las AFP o una aseguradora, aplicado a un patrimonio privado”, comparó la socia de Ulloa y Cía, Adriana Zaidan.
Precisamente, ese es uno de los principales atractivos. El patrimonio deja de medirse a través de una suma de sociedades, cuentas y activos distintos, y pasa a tener un valor cuota calculado por un tercero independiente.
Eso permite saber cuánto rentó realmente el patrimonio, comparar gestores bajo una misma metodología y ordenar entradas, salidas y traspasos entre miembros de la familia. “El que se quiere ir sale a un valor calculado y no negociado”, sostuvo Ulloa.
También simplifica la sucesión: en vez de repartir activos y sociedades por separado, el patrimonio puede traspasarse mediante cuotas valorizadas bajo un mismo criterio, sin alterar su administración. “La familia sigue siendo dueña de todo: lo que cambia es el envase”, señaló Zaidan.
Y no es una estructura para cualquier patrimonio. Según los abogados, comienza a tener sentido en torno a los US$ 50 millones y se vuelve claramente más eficiente a partir de los US$ 100 millones, por los costos de mantención.
“Un edificio con departamentos”
Para explicar de mejor manera uno de los atributos de este esquema, Ulloa señaló que “conviene pensarlo como un edificio. El fondo es el edificio y cada compartimento es un departamento con dueños y contabilidad propios”.
Cada compartimento puede tener sus propios activos, pasivos y estrategia. Así, una generación puede mantener una cartera más conservadora, mientras otra toma posiciones más arriesgadas, sin obligar a todos a invertir de la misma forma. De acuerdo con el abogado, incluso, “si el compartimento de una rama se endeuda y sale mal, los acreedores no llegan a los activos de las otras”.
La administración del edificio, en cambio, es común: el gestor, el banco depositario y el auditor se comparten.
Sin embargo, ello no implica que la familia entregue el control de su patrimonio. “Lo que se externaliza es la ejecución, el control de riesgo y el cumplimiento. La dirección, no. La familia define en qué se invierte y quién decide”, indicó Zeidan.
Además, este diseño incorpora contrapesos externos que supervisan, custodian y monitorean.
La profesionalización
Detrás de estas estructuras también hay un cambio en la forma en que los family offices chilenos administran sus patrimonios.
Familias que originalmente tenían uno o dos dueños están avanzando hacia segundas y terceras generaciones, con más integrantes y distintas necesidades de inversión. “Las estructuras que se armaron pensando en una persona no sirven para 10”, explicó Ulloa.
A eso se suma una creciente profesionalización de estas oficinas. “Hoy piden lo que pide un inversionista institucional: valor cuota, benchmark, atribución de resultados y estados financieros auditados”, dijo.
Es en ese proceso en donde aparece Luxemburgo como una de las plazas elegidas para estructurar estos fondos, ya que es el segundo mayor domicilio de fondos del mundo, después de Estados Unidos, y concentra gestores, bancos depositarios, administradores, auditores y abogados especializados.
Pero, “el fondo reemplaza la función de inversiones del family office, no el family office”, enfatizó Zaidan.
La oficina familiar sigue a cargo de todo aquello que queda fuera de la cartera de inversiones, desde la planificación sucesoria y el protocolo familiar hasta la filantropía y la gestión de los bienes personales.
Así, según los abogados, más que reemplazar a estas estructuras, los fondos buscan institucionalizar una parte de ellas: la administración de las inversiones.