En una de sus recientes ofensivas arancelarias, la administración de Donald Trump impuso a Chile y a más de 50 economías un arancel de 12,5% por importar bienes elaborados con trabajo forzoso. En cambio, Argentina, Ecuador e India figuran en un grupo sujeto a una sobretasa menor, de 10%, por haber firmado Acuerdos de Comercio Recíproco (RTA, por su sigla en inglés).
Pese a esa diferencia, Chile no contempla por ahora recurrir a un RTA y apuesta por ampliar la lista de exenciones con productos que no compiten con la producción estadounidense. Esa estrategia forma parte de las conversaciones con el segundo al mando de la Oficina del Representante Comercial de Eestados Unidos (USTR), Jeffrey Goettman, durante su visita al país (revisar pág. 24).
En ese contexto, la economista e investigadora especializada en comercio internacional del Peterson Institute, Mary Lovely, conversó con DF sobre la posición negociadora que EEUU ha adoptado desde el inicio del segundo mandato de Trump y las opciones que enfrenta Chile en este nuevo escenario.
- ¿Qué representan los acuerdos recíprocos para la política comercial estadounidense?
- Codifican los llamados acuerdos que la administración alcanzó con otros países. Digo “llamados acuerdos” porque los acuerdos generalmente implican dar y recibir, y en estos casos fue obviamente EEUU exigiendo un cambio en los términos bajo los cuales comerciaba con sus socios.
Son un intento de la administración de hacer dos cosas: primero, demostrar que han obtenido esas concesiones, y segundo, atar a los socios comerciales en caso de que parezcan no estar cumpliendo el acuerdo.
- Chile apunta a que ciertos productos que no compiten con EEUU queden exentos de los aranceles, ¿ve viable esa estrategia?
- En materia de exenciones, EEUU ha sido flexible. Ha respondido principalmente al deseo de la opinión pública estadounidense por precios asequibles. Es la economía política doméstica la que está impulsando que se sigan agregando productos a la lista de exenciones.
Es posible que Chile logre más exenciones para sus productos, ya sea porque no los produce EEUU o porque son principalmente importados por EEUU.
“En materia de exenciones, EEUU ha sido flexible. Han respondido principalmente al deseo del público estadounidense por precios asequibles. Es la economía política doméstica la que está impulsando que se sigan agregando productos a la lista de exenciones”.
- En el marco de las negociaciones comerciales, ¿qué tan relevante es que la contraparte implemente un screening de inversiones?
- Hay diferentes grados de intensidad a los que los países han accedido. Ellos (EEUU) intentan obtener el mayor apalancamiento posible sobre la revisión de inversiones de los países, pero algunos países son más importantes para ellos que otros. Por ejemplo Taiwán, debido a su estrecha relación con EEUU en semiconductores, es más importante que otros.
Lo que no está claro es que haya más alivio arancelario disponible para los países que estén dispuestos a ceder en la revisión de inversiones. Es una cuestión de qué exige EEUU y qué tan lejos están dispuestos a llegar los países.
Muchos están dispuestos a hacer investment screening, ya lo hacen o se están preparando para hacerlo, y no ven estas concesiones como algo restrictivo para lo que de todos modos harían.
No creo que haya mucho que ganar al hacerlo, excepto que, si no han firmado un RTA y todavía EEUU está tratando de presionar a los países para que lo hagan, siempre existe la posibilidad de amenazar con aranceles más altos.
- Dado el interés de EEUU por asegurar minerales críticos para el desarrollo tecnológico, ¿podrían estos ser una ventaja para Chile a la hora de obtener exenciones tarifarias sin la necesidad de firmar un RTA?
- Tienen varias iniciativas en marcha y las han manejado en gran medida de forma separada de los RTA. La demanda a los canadienses parece haber surgido a último momento. Es posible que los minerales críticos le den a Chile cierto margen de negociación, pero EEUU ha manejado principalmente ese tema bajo negociaciones distintas. Así que no ha jugado un papel muy relevante en lo que ha ocurrido hasta ahora.
- Desde su punto de vista, ¿las tarifas han servido para cumplir las metas trazadas por esta administración?
- No, en absoluto. Con los aranceles, particularmente los aplicados a China, es muy difícil ver un patrón que tenga sentido. Muchas de las cosas sobre las que se aplican impuestos tienen muy pocas posibilidades de llegar a fabricarse alguna vez en los EEUU, claramente no están diseñadas para la reindustrialización.
Cuando miramos la Sección 232, hay un intento muy serio de forzar a que esas cosas se fabriquen en EEUU. Uno de los grandes puntos de fricción en las negociaciones con Canadá fueron los aranceles a los derivados del aluminio. EEUU depende de Canadá para el aluminio; no producimos suficiente a nivel nacional. Pero queremos usar aluminio en artículos de valor agregado, y Canadá simplemente dijo: “No nos vamos a convertir en su mero proveedor de recursos naturales, nosotros también queremos tener mayor valor”.
Respecto de un mayor empleo en el sector, hubo un par de meses donde tuvimos algunos puestos de trabajo manufactureros positivos. Pero, en general, siguen cayendo en comparación con antes de que Trump asumiera el cargo, y con sus dos primeros años. No hay indicios de que esto realmente esté trayendo de vuelta la manufactura en grandes cantidades, en parte porque está perjudicando a los fabricantes que importan.
Tampoco se está logrando el desacoplamiento de China. Los aranceles solo están haciendo que las cadenas de suministro se vuelvan más seguras. Ese proceso tiene algunos aspectos positivos: al darle un impulso a países como Vietnam e incluso México en términos de su industrialización, eso es algo bueno porque necesitamos tener alternativas a China. El problema es que no son necesariamente los artículos de los que realmente se quieren desacoplar de China, que son aquellos que podrían ser usados como un punto de estrangulamiento.