La persistencia de las presiones inflacionarias derivadas de la guerra en Medio Oriente y el riesgo de que se extiendan al resto de la economía europea fueron determinantes en la decisión del Banco Central Europeo (BCE) de elevar las tasas de interés en septiembre. Según las minutas de la reunión, publicadas este jueves, los miembros del Consejo de Gobierno coincidieron en que el encarecimiento de la energía podría prolongarse más de lo previsto, retrasando el retorno de la inflación a la meta del 2%.
“Todos los miembros consideraron que los riesgos para las perspectivas de inflación estaban sesgados al alza respecto de las proyecciones de referencia”, señalaron las actas.
La principal preocupación apunta a una intensificación del conflicto en Medio Oriente y a la guerra entre Rusia y Ucrania, que podrían prolongar las interrupciones del suministro energético. En particular, las autoridades advirtieron sobre las bajas reservas de gas en Europa, la posibilidad de un invierno especialmente frío y los elevados márgenes de refinación de combustibles como el diésel.
El deterioro de las perspectivas llevó al BCE a revisar al alza sus estimaciones de inflación para 2027 y 2028. El organismo proyecta ahora que los precios aumentarán 3,0% en 2026, 2,5% en 2027 y 2,1% en 2028, mientras que la inflación subyacente permanecería por encima del objetivo del 2% durante todo ese período. En agosto, la inflación general de la zona euro había alcanzado el 3,3%, frente al 2,9% de julio, impulsada por un incremento de 14,3% en los precios energéticos.
Las minutas también identificaron riesgos adicionales derivados de los fenómenos meteorológicos extremos, incluyendo la intensificación de El Niño, que podrían elevar los precios de los alimentos. A ello se suma la resistencia de la economía europea, apoyada por el gasto público y las inversiones vinculadas a la inteligencia artificial, que podría facilitar que las empresas traspasen los mayores costos energéticos a los consumidores. Sin embargo, los funcionarios reconocieron que hasta ahora los efectos indirectos del shock han sido limitados y que no existen señales significativas de presiones salariales de segunda ronda.
En ese contexto, el Consejo de Gobierno respaldó por unanimidad un aumento de 25 puntos básicos en las tasas de interés, que situó la tasa de depósitos en 2,50%, aunque evitó anticipar nuevos incrementos. Las autoridades acordaron mantener un enfoque dependiente de los datos y evaluar las decisiones reunión por reunión, sin comprometerse con una trayectoria determinada. Las actas señalaron que la comunicación debía evitar sugerir tanto que el aumento de septiembre formaba parte de un ciclo de endurecimiento previamente definido como que constituía la última subida de tasas.
En esa línea, el economista jefe del BCE, Philip Lane, afirmó este jueves en Londres que el organismo puede mantener una respuesta “mesurada” frente al impacto de la guerra en Medio Oriente, dado que sus efectos indirectos sobre la economía siguen siendo limitados.
“Creemos que se trata de una crisis de magnitud media, y que lo que necesitamos es una respuesta mesurada”, sostuvo, según Bloomberg. Lane destacó que los acuerdos salariales recientes siguen siendo “bastante moderados” y que, por ahora, no se observan reacciones desproporcionadas de la inflación, mientras los economistas evalúan la posibilidad de una nueva alza de tasas antes de fin de año.