Por Alan Beattie, autor del boletín Trade Secrets de Financial Times
La semana pasada salió de la administración estadounidense una gran queja, marcada con el sello indeleble del asesor comercial de la Casa Blanca, Peter Navarro. El informe se parecía un poco a una terapia para manejar la ira, arremetiendo contra los socios comerciales por no hacer lo suficiente para detener lo que incorrectamente denomina “transbordo”, pero que en realidad es fraude sobre el país de origen.
Es decir, bienes procedentes de un país sujeto a aranceles altos —por ejemplo, China— que son falsamente etiquetados como provenientes de uno con aranceles bajos —por ejemplo, México— o que son informados erróneamente como si hubieran experimentado una “transformación sustancial” en un segundo país para calificar para un trato preferencial.
Aunque la nomenclatura no es el punto más importante, “transbordo” es en realidad un término técnico simple para referirse a dejar y recoger carga en ruta hacia un destino final, algo cuyas razones podrían ser completamente legítimas. Al utilizar un término neutral de manera peyorativa, es difícil escapar a la conclusión de que a Navarro simplemente no le gusta el comercio moderno.
De todos modos, ¿qué va a hacer la administración al respecto? Una de sus ideas más constructivas es estimar el alcance de la evasión de las reglas de origen (ROO, por su sigla en inglés) utilizando inteligencia artificial para detectar patrones de posibles trampas. Ha contratado a la empresa de datos Altana precisamente para eso.
Altana calcula que, después de los aumentos arancelarios del “día de la liberación” de abril pasado, los embarques que sus sistemas identificaron como transbordados se quintuplicaron, desde US$ 5 mil millones a US$ 25 mil millones mensuales, en particular mediante el aprovechamiento de la ruta de bajos aranceles del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) a través de México.
La administración quiere endurecer las ROO en la revisión del T-MEC para dificultar la evasión, pero mayores exigencias sirven de poco si los productos pueden escabullirse alrededor de ellas. Como me señaló Evan Smith, director ejecutivo de Altana: “Las reglas solo funcionan si las autoridades que inspeccionan los bienes pueden verificar qué hay aguas arriba. Estas conductas migran hacia el campo declarado que sea más fácil de falsificar”.
Pero una cosa es estimar esto a nivel macro. ¿Cómo se corrige embarque por embarque? El director ejecutivo de la empresa tecnológica de logística global Flexport, Ryan Petersen, aplaude el principio, pero advierte sobre las limitaciones de los intentos de inferir fraude sobre el país de origen observando datos disponibles como los “dwell times” (tiempos de permanencia, en español), que solo revelan cuánto tiempo permanece un embarque en un lugar, no qué ocurre mientras está allí.
“Sin funcionarios realizando inspecciones en puertos extranjeros de todo el mundo, será difícil detectar fraude únicamente observando datos sobre los flujos físicos de bienes para demostrar que los productos no han experimentado una transformación sustancial”, me dijo Petersen.
A menos que la administración pueda —algo extremadamente improbable— capacitar a un equipo global de funcionarios de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos y persuadir a China para integrarlos en sus puertos, la carga recaerá sobre empresas como Flexport para evaluar el incumplimiento y certificar que lo han hecho. Esto será un festival de papeleo que elevará los precios para los clientes.
“La administración va a apoyarse fuertemente en los agentes de aduanas para impulsar el cumplimiento y combatir el fraude sobre el país de origen”, dijo Petersen. “Tendremos que hacer mucho más trabajo de verificación know-your-customer (conoce a tu cliente), algo parecido a lo que ocurre en la banca, y eso elevará los costos”.
Este es el punto: es muy probable que sea cierto que existe una gran cantidad de trampas, no solo evasión de reglas de origen, sino también fraudes más simples, como etiquetar incorrectamente o subvalorar los envíos. Ya he escrito antes sobre este último problema en el contexto de compañías extranjeras que actúan como “importers of record” en Estados Unidos.
Pero la realidad es que mientras más aranceles se imponen, mayor es el incentivo para hacer trampa. Envenenar a los consumidores con ginebra fabricada en una bañera no es algo bueno, pero la Prohibición hizo que fuera rentable. Evidentemente, la administración no anticipó que habría una evasión generalizada.
Es algo parecido al Brexit. Navarro despotrica contra la subversión de sus planes por parte de un mundo que no entendía y para el cual, por lo tanto, no planificó. No es algo que deba celebrarse como resultado de una política pública, pero, por otra parte, hay que admitir que es bastante gracioso.